Cuando Jorge Vergara compró a Chivas en 2002, muchos ya lo veían como uno de los empresarios más exitosos de México. Omnilife ya era una empresa internacional, su nombre aparecía constantemente en los medios y parecía la historia clásica de alguien que había alcanzado el éxito, pero esa imagen escondía una parte mucho menos conocida.
Mucho antes de dirigir una empresa o convertirse en dueño de uno de los equipos más populares del país, Vergara había pasado años cambiando de trabajo mientras buscaba una oportunidad que realmente funcionara. Vendió carnitas, lavó automóviles, trabajó como mecánico, traductor y guía turístico.
Ninguno de esos empleos lo hizo millonario, pero todos terminaron dejando una idea que años después resumiría en una de sus frases más conocidas: "Para alcanzar nuestros sueños, es necesario trabajar un día sí y el otro también". A simple vista parece otra frase motivacional, pero cuando se conoce la historia completa, cambia completamente de significado.
Antes de Omnilife hubo años en los que nada parecía salir como esperaba
Durante mucho tiempo, Jorge Vergara no tenía un negocio exitoso y lo que tenía era una lista de empleos que cambiaban constantemente. Cada uno representaba una oportunidad para ganar dinero, aprender algo nuevo o simplemente seguir adelante mientras aparecía un proyecto propio.
Visto de ese modo, esa etapa parece una sucesión de trabajos sin relación. Pero fue precisamente ahí donde comenzó a construirse la forma en la que entendía el esfuerzo, porque antes de convertirse en empresario, pasó años haciendo algo mucho menos espectacular: seguir intentando.
Existe una explicación para historias como esta
Décadas después, la psicóloga Angela Duckworth, profesora de la Universidad de Pensilvania, popularizó un concepto que ayuda a entender trayectorias como la de Vergara y lo llamó grit. El término describe la combinación de perseverancia y compromiso con objetivos de largo plazo.
Sus investigaciones sostienen que alcanzar metas importantes depende menos del talento o de la motivación inicial y mucho más de la capacidad para seguir avanzando incluso cuando los resultados todavía no aparecen.
Eso fue, justamente, lo que ocurrió con Jorge Vergara. Antes de encontrar el proyecto que cambiaría su vida, acumuló empleos, experiencias, errores y aprendizajes sin abandonar la idea de emprender.
Todo cambió con una inversión que parecía pequeña
El punto de inflexión llegó a finales de los años ochenta. Después de conocer en Estados Unidos un modelo de comercialización de suplementos alimenticios, decidió desarrollar una propuesta similar en México y así nació Omnilife en 1991.
La empresa comenzó con apenas 10 mil dólares de inversión, tres empleados, seis distribuidores independientes y un solo producto. Hoy opera en más de veinte países y se convirtió en uno de los grupos empresariales más importantes del país, y el éxito también abrió la puerta a nuevos proyectos.
En 2002 adquirió al Club Deportivo Guadalajara y años más tarde impulsó la construcción del estadio que hoy lleva el nombre de Akron. Para la mayoría de las personas, esa fue la etapa que definió su carrera, pero la historia realmente había empezado mucho antes.
La frase nació antes que el éxito
Por eso, cuando Jorge Vergara decía que "para alcanzar nuestros sueños, es necesario trabajar un día sí y el otro también", no estaba compartiendo una idea que surgió después de construir un imperio empresarial. En realidad, estaba resumiendo los años en los que todavía buscaba una oportunidad.
Ese detalle cambia por completo el sentido de la frase. No hablaba únicamente de trabajar más horas, sino de seguir avanzando incluso cuando todavía no existían garantías de que todo ese esfuerzo fuera a dar resultado.
Es una diferencia importante y también coincide con lo que describe la psicología sobre la perseverancia: los grandes cambios rara vez aparecen después de un esfuerzo extraordinario. Normalmente, son la consecuencia de mantener pequeñas acciones durante mucho tiempo.
Mucho más que una frase de empresario
Con el paso de los años, Jorge Vergara construyó una empresa internacional, compró uno de los clubes más populares del futbol mexicano y se convirtió en una de las figuras más influyentes del mundo de los negocios en el país.
Sin embargo, esos logros nunca fueron el principio de la historia, fueron la consecuencia y quizá por eso su frase sigue resonando años después. No nació en una sala de juntas, tampoco después de cerrar un gran negocio: nació mucho antes.
Cuando todavía vendía carnitas, lavar coches, cambiar de empleo constantemente y el éxito seguía siendo una posibilidad lejana. Porque antes de convertirse en el empresario que todos conocían, lo único que podía hacer era levantarse al día siguiente y volver a trabajar un día sí y el otro también.
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