El género western nos ha dejado grandes nombres a lo largo de la historia del cine. Desde sus inicios, se erigió como un estilo con el que Hollywood explotó una narrativa centrada en personajes heroicos dispuestos a defender la justicia. Aunque para una de sus grandes estrellas, el arte en Estados Unidos sufre de una falta de originalidad.
Para empezar, vale la pena hacer un repaso a los inicios del western. Justo cuando los vaqueros con sombrero, pistolas y montados a caballo hicieron sus primeras apariciones. En este rubro, podemos mencionar a Harry Carey, actor que destacó por interpretar a personajes oscuros que serían precursores de los antihéroes modernos.
A la par de Carey surgió otro nombre importante, pero que figuraría detrás de cámaras: el director John Ford. Juntos hicieron múltiples metrajes en la era del cine mudo. Dentro de esta colaboración destaca el proyecto de 1917 titulado Straight Shooting. Curiosamente, el mismo Ford lanzó al estrellato a otro actor de renombre: John Wayne.
Así, estas historias de acción se convirtieron en el emblema estadounidense. Tras la mancuerda de Wayne y Ford en Stagecoach, el actor se convirtió en la figura más famosa de todos los tiempos dentro del western. Un rostro reconocible que apareció en títulos icónicos como Río Rojo, Rio Bravo y The Searchers.
Con el tiempo, el género encontró un nuevo auge en Europa la llegada del llamado spaghetti western. Aquí destacaron otros actores de origen italiano como Franco Nero quien protagonizó la película Django, a la par del dúo conformado por Terence Hill y Bud Spencer, quienes ganaron popularidad con la película Le llamaban Trinidad.
Y por fin llegamos a uno de los rostros más emblemáticos de estas películas: Clint Eastwood. Después de arrancar su carrera en Estados Unidos con tropiezos, Eastwood se mudó a Europa en la década de los 60. Junto al cineasta Sergio Leone logró un hito en la historia de la cinematografía: la trilogía del dólar.
Después de estas tres películas, Eastwood se convirtió en el nuevo rostro del género, cuestión que le dio la oportunidad de marcar un legado al punto de no solo protagonizar, sino dirigir él mismo este tipo de historias. De su amplia filmografía, podemos destacar Los Imperdonables, cinta que le dio el Oscar a Mejor Película y Mejor Director.
Sin embargo, el haber trabajado tanto en el viejo continente como en su país de origen le dio una perspectiva más amplia sobre cómo se puede desarrollar el séptimo arte según el territorio. Como recaban en Fotogramas, Eastwood ha declarado sentir un vínculo cercano con el género, pero éste es una de las pocas cosas originales que se hacen en la actualidad en comparación de Europa.
"Me siento muy cercano al western. Sinceramente, Estados Unidos no es como Europa. Aquí no hay muchas formas de arte originales. La mayoría derivan de formas de arte europeas. Aparte del western, el jazz o el blues, eso es todo lo que es realmente original".
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