Costó 150 millones y aspiraba a ser el primer 'blockbuster' de Arabia Saudita. Está siendo uno de los mayores fracasos de la historia del cine

Costó 150 millones y aspiraba a ser el primer 'blockbuster' de Arabia Saudita. Está siendo uno de los mayores fracasos de la historia del cine

Aunque querían rodar un Braveheart árabe, los productores se encontraron de frente con la realidad... y el desierto.

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Desert Warrior
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Wilson Vega

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Wilson Vega

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Fanático de la tecnología, el cine y la cultura pop. Periodista de profesión y geek por vocación, apasionado de la inteligencia artificial y la robótica en la ciencia ficción y en el mundo real. A veces, el éxito significa ser el primero en fracasar.

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Una épica de 150 millones de dólares, con grandes escenas de batallas ambientadas en desiertos reales, y protagonizada por un Avenger y un ganador del Oscar, parecía la fómula ganadora para inaugurar de manera anticipada el verano cinematográfico de Hollywood.

Sin embargo, la suerte de Desert Warrior fue muy distinta y es posible que, en el proceso, haya herido de muerte a la naciente industria del cine en Arabia Saudita, la misma industria que se suponía que iba a impulsar. Con una recaudación media, en su primer fin de semana, de 483 dólares por cada sala en la que se estrenó, se perfila como el flop del año, de la década y de lo que va de siglo. 

'El primer blockbuster saudí'

La idea de invertir tres veces lo que le costó a A24 producir Civil War en una epopeya bélica ambientada en Arabia del siglo VII tuvo su origen en el conglomerado MBC Group, la mayor empresa de medios de comunicación en Oriente Medio y el norte de África. Y el impulso detrás de ellos no es otro que el Fondo Soberano de Arabia Saudita, uno de los fondos soberanos más grandes del mundo, con activos totales estimados en 925,000 millones de dólares y controlado por el príncipe heredero Mohammed bin Salman, gobernante de facto de ese país desde 2015.

La historia sigue las aventuras de una princesa que huye al desierto árabe mientras es perseguida por mercenarios. Asistida por un bandido legendario (Anthony Mackie), logra unir a tribus en guerra para una batalla final que cambiará el curso de la historia. El reparto también incluye a Ben Kingsley (Gandhi), Sharlto Copley (District 9) y Aiysha Hart (A Discovery of Witches).

Slashfilm explicó: "Para ser absolutamente claros, el fracaso de esta película no puede recaer sobre los hombros de Anthony Mackie ni, en realidad, de ninguno de los actores. De hecho, incluso el director Rupert Wyatt solo puede cargar con una parte de la culpa. Es un lío mucho mayor que cualquier persona. Esto no es solo un gran fracaso en taquilla. Dependiendo de cómo se desarrollen las cosas, esta cinta podría ser el mayor fiasco de la historia. Como mínimo, acabará en la lista, salvo que ocurra un milagro".

Porque lo cierto es que Desert Warrior no fue aprobada para ser simplemente una película. El objetivo explícito, según lo planteó Deadlineera rodar un Braveheart árabe, fácil de exportar, “para proyectar una visión de la antigua Arabia al mundo, inspirar a una nueva generación de narradores locales y atraer a otros superproducciones de Hollywood para que pasen las manos por las doradas arenas del Golfo”.

Ese objetivo se conecta directamente con Saudi Vision 2030, un gigantesco programa macroeconómico impulsado por el príncipe heredero para diversificar la economía saudí y hacer que no dependa exclusivamente de los ingresos del petróleo. Potenciar las artes y el entretenimiento es un pilar maestro de esta estrategia.

Una odisea en el desierto

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Sin embargo, ese giro hacia la cultura llega a Arabia Saudita después de décadas de represión de la expresión artística. La exhibición comercial de cine estuvo tajantemente prohibida en ese país durante tres décadas y solo se levantó en 2018.

Por ese motivo, la idea de incubar una superproducción que compitiera, en su fin de semana de estreno, con Michael y Super Mario Galaxy se antoja, en perspectiva, algo ingenua para un país que, apenas ocho años atrás, no tenía ni siquiera una infraestructura de exhibición, por no hablar de producción propia.

A eso se suman numerosos tropiezos durante la producción, que más que duplicaron el presupuesto inicial, de 70 millones de dólares. El director Rupert Wyatt venía de revitalizar una franquicia con El origen del planeta de los simios y el guionista David Self ha puesto su nombre en proyectos que van de Thriteen Days a Road to Perdition. Nada de eso hizo la menor diferencia.

Y aunque rodar en un desierto suena como lo más natural del mundo en Arabia Saudita, los productores descubrieron que la autenticidad venía de la mano con problemas propios de una industria naciente. Resulta que, cuando Warner va a Jordania a rodar Dune, lleva consigo una red logística global que lleva perfeccionando un siglo y se asienta sobre infraestructuras que, en gran medida, ya existen o son fácilmente adaptables.

En el caso de Desert Warrior, se suponía que iban a rodar en Neom Media, un gigantesco megacentro de producción saudita. Pero ese proyecto cayó, como muchos otros sueños futuristas de la corona, víctima de la bajada de los precios del petróleo y el aumento de las presiones presupuestarias. El Fondo de Inversión Pública inició una reevaluación radical de sus compromisos y NEOM redujo su plantilla.

Como resultado, las instalaciones en las que se iba a rodar la película nunca llegaron a estar listas para operar al nivel requerido, así que hubo que improvisar. Escenarios faraónicos fueron erigidos en los parqueaderos de un hotel. Y cuando llegó la hora de grabar en el desierto, los cineastas se hallaron con la realidad de un paisaje heromoso, pero con 48 grados a la sombra. Ventiladores industriales del tamaño de motores de avión fueron importados de urgencia.

Y luego llegó el momento de movilizar a 12,500 extras. Hubo que traerlos de lugares como Líbano, Siria, e incluso Georgia. Al final, el rodaje involucró a personal de 40 países distintos. En un momento, un cierre de fronteras en el coletazo de la pandemia le costó a la producción 20 millones de dólares que, para colmo de males, no llegaron a reflejarse en la pantalla.

La batalla del cuarto de edición

Pero a pesar de todo ese esfuerzo titánico para sobrevivir al desierto y a la logística, el rodaje físico terminó a tiempo, en diciembre de 2021. Lo que siguió fue un limbo de cuatro años en el que la visión artística colisionó violentamente con las intenciones corporativas.

Desert Warrior

Un artículo de Inverse detalla cómo el director rodó escenas para dar matices a su historia, solo para terminar cortándolas por órdenes de ejecutivos que querían una trama heroica que marcara su entrada triunfal al mercado global. Se dice que en un momento contempló abandonar el proyecto, pero terminó quedándose. Tras el estreno de la cinta, el medio lo citó diciendo: "Me honra haber tenido el privilegio de haber participado en quizá una de las últimas epopeyas de acción rodada en exteriores".

Y por si las cosas no estuvieran lo suficientemente mal, en febrero de este año, solo unos meses antes del estreno, Estados Unidos lanzó una serie de ataques aéreos contra instalaciones vinculadas a Irán, el antiguo imperio persa, que por azares de la historia representa al gran villano en la trama de Desert Warrior. 

Con un estreno tan desastroso, las probabilidades de que Desert Warrior recupere su presupuesto de producción durante su paso por los cines son casi nulas. Pero lo cierto es que MBC Group es una empresa que salió a bolsa en 2024 con una valoración inicial de 2,200 millones de dólares. Un sobrecosto de 80 millones, o incluso un bombazo de 150 millones probablemente no sean más que nota en su balance anual.

Desert Warrior

Los analistas creen que los sauditas pensaron que podían emular el ejemplo de China a punta de petrodólares, sin considerar que la fórmula detrás de éxitos rutilantes de ese país como Nezha 2 se fundamenta en un dominio masivo de su mercado interno. Siempre es posible que la recaudación internacional de Desert Warrior supere las expectativas, pero en este punto debería lanzarlas a la estratósfera para marcar un cambio.

Probabemente sea como se lo expresó a Vulture un insider anónimo: "Hubo muchos errores bien intencionados por el camino. Acabaron con una gran desconexión entre lo que creían que estaban pagando -un viaje épico y heroico como ‘El último de los mohicanos’ o ‘El último samurái’- y lo que obtuvieron: esta película atrevida, atmosférica y culturalmente auténtica al estilo Sergio Leone".

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