En 1969, un piloto alquiló una isla de coral devastada y transportó agua para las primeras plantaciones: 50 años después es irreconocible

Además de ver el potencial ecológico, intuyó el atractivo turístico de la isla

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Ismael Garcia Delgado

Editor Jr
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Ismael Garcia Delgado

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Comunicólogo y Periodista por la UNAM. Redactor, locutor, guionista y creador de contenido. Apasionado por la música ochentera, el cine de acción/sci-fi, series dramáticas y la literatura hispana. Fiel defensor del séptimo arte mexicano.

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Cuando Don Adams llegó a Lady Elliot Island a finales de la década de 1960, se encontró con un panorama sumamente diferente al paraíso que hoy corona el extremo sur de la Gran Barrera de Arrecifes. Años de explotación de guano habían arrasado con casi toda la tierra fértil y la vegetación de la zona. 

Para colmo, las cabras que los humanos habían llevado al lugar devoraban cualquier brote, lo que impedía que la flora se regenerara. A pesar de esto, Adams detectó potencial en un territorio que para el resto del mundo era solo un pedazo de coral estéril. 50 años después, nadie reconoce el lugar.

El origen del desastre. Durante siglos, Lady Elliot Island sirvió como refugio para miles de aves marinas con enormes depósitos de sus excrementos. Este recurso, extremadamente rico en nitrógeno y fósforo, se convirtió en uno de los fertilizantes más codiciados del siglo XIX a nivel mundial. Pero la minería en la isla comenzó en 1863. 

En poco más de una década, los trabajadores removieron aproximadamente un metro de suelo fértil y talaron prácticamente todos los árboles. Cuando las excavaciones concluyeron en 1874, el delicado equilibrio ecológico quedó roto: sin árboles no había aves, sin aves no había guano y, por consecuencia, la tierra perdió los nutrientes necesarios para que la vegetación volviera a crecer.

Don Adams era aviador y, además de ver el potencial ecológico, intuyó el atractivo turístico de la isla. En 1969 logró que el gobierno de Australia le otorgara una concesión de arrendamiento. Construyó una pista de aterrizaje rústica sobre el coral y levantó cabañas sencillas para los visitantes, pero su verdadera misión fue revivir la flora de la zona.

El reto era monumental por la falta de agua dulce y tierra de cultivo. Sin rendirse, Adams usaba su propia aeronave para transportar bidones de unos 18 litros de agua con los que regaba a mano los primeros brotes que plantaba. El piloto, junto con su familia, sembró miles de ejemplares de árboles y plantas nativas, como casuarinas y pandanos, especies muy resistentes a la salinidad y al suelo hostil del cayo. 

Con el paso de los años, las raíces ayudaron a fijar el terreno y las copas de los árboles volvieron a poblarse de aves que buscaban anidar. Con el regreso de la fauna retornó también el guano. Los desechos orgánicos se mezclaron con la hojarasca, de tal forma que nutrieron el subsuelo coralino y reactivaron el ciclo natural que la explotación minera había interrumpido un siglo atrás.

El relevo generacional del ecosistema. Adams vendió su concesión en 1977. Tras pasar por varias manos, en 2005 Peter Gash, junto con sus socios y familia, asumió la gestión del lugar. Tomando como base el esfuerzo previo, el nuevo equipo eliminó las especies invasoras que quedaban e introdujo más de 10,000 plantas autóctonas.

Lady Elliot Island

Aquella planicie de coral desértica que Gash conoció en su juventud terminó completamente cubierta de vegetación. Ahora, los frondosos arbustos y pandanos sirven de refugio no solo para las aves, sino también para que las tortugas verdes y caguamas desoven de forma segura en las playas. La restauración terrestre trajo consigo un beneficio insospechado para el mar circundante. 

El guano depositado por las aves se filtra poco a poco por el poroso suelo de coral de la isla. Hoy en día, Lady Elliot cuenta con una diversidad de aves inmensa, mientras que sus aguas protegidas sirven de hogar para tiburones de arrecife, tortugas, cientos de especies de peces y una comunidad de mantarrayas que llega a congregar a cerca de 700 ejemplares en la temporada invernal.

Un referente ecológico 50 años después. Actualmente, Lady Elliot es también un modelo de turismo ecológico y sustentable: cuenta con más de 900 paneles solares, una planta desalinizadora, sistemas de reciclaje de agua para riego y compostaje de residuos orgánicos para nutrir sus plantas. 

Don Adams no lo hizo todo solo, pero fue el visionario que comenzó la hazaña en 1969. Su decisión de aterrizar en un paraje desolado con plantas y bidones de agua inició una transformación que, medio siglo después, ha vuelto irreconocible a aquel desierto de coral.

Imagen | Lady Elliot Island Eco Resort

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