Comprar una isla por 1.7 millones de libras ya suena como una historia bastante peculiar. Lo que resulta todavía más extraño es lo que ocurrió después: Ian Wace terminó invirtiendo alrededor de 100 millones de libras para intentar recuperar Tanera Mòr, una isla escocesa que alguna vez tuvo más de 100 habitantes y que terminó quedándose sin población permanente.
El dinero no se fue únicamente en restaurar casas. Durante los últimos años se han recuperado más de 50 edificios, construido unos 7.2 kilómetros de caminos, plantado más de 100,000 árboles y creado espacios destinados a actividades comunitarias. La idea, al menos sobre el papel, no es convertir la isla en un enorme refugio privado, sino conseguir algo bastante más complicado: que vuelva a funcionar como un lugar donde las personas tengan razones para estar.
Y ahí está lo interesante. Wace pagó 1.7 millones de libras por la isla, con el cambio actual, serían 39 millones de pesos, pero la regeneración ya cuesta unas 59 veces más que la compra original. Es una diferencia enorme que ayuda a entender que el problema de Tanera Mòr nunca fue simplemente arreglar unas cuantas casas viejas.
Tanera Mòr alguna vez tuvo más de 100 habitantes
Tanera Mòr es la mayor de las Summer Isles, un pequeño archipiélago frente a la costa noroeste de Escocia. Durante el siglo XIX llegó a tener una actividad económica importante relacionada con la pesca del arenque y albergó a más de 100 personas.
Con el paso de los años, esa actividad fue desapareciendo y la población comenzó a reducirse. Para 2011 quedaban muy pocos habitantes y, posteriormente, la isla perdió a sus residentes permanentes.
La diferencia entre aquella Tanera Mòr y la actual no está solamente en el número de personas. Cuando una comunidad desaparece, también suelen hacerlo los negocios, los servicios, los empleos y buena parte de las actividades que hacen que un territorio tenga vida propia.
Una casa abandonada se puede reparar. El problema es que reparar una casa no hace que una comunidad aparezca de nuevo.
El proyecto tuvo que reconstruir mucho más que edificios
Ian Wace compró Tanera Mòr en 2017 y comenzó una restauración que rápidamente fue mucho más allá de recuperar una vivienda o preparar la isla como una propiedad exclusiva. De acuerdo con la organización que gestiona el proyecto, los trabajos abarcan edificios, caminos, terrenos agrícolas y espacios destinados a diferentes actividades.
Hasta ahora se han restaurado más de 50 edificios y construido alrededor de 4.5 millas de caminos, equivalentes a unos 7.2 kilómetros. Puede parecer poco frente a los 100 millones de libras invertidos, alrededor de 2.2 millones de pesos, pero basta imaginar lo que implica llevar materiales, maquinaria y trabajadores hasta una isla para entender por qué la cuenta creció tan rápido.
Y después está todo lo que no se ve en las fotografías. Una isla necesita caminos para conectar sus distintos puntos, edificios que puedan utilizarse y espacios donde las personas puedan trabajar, reunirse o simplemente pasar tiempo, pues la infraestructura es solo el comienzo. Si nadie tiene una razón para utilizarla, una casa restaurada puede terminar siendo otra construcción vacía.
También había que recuperar el paisaje
La regeneración de Tanera Mòr tampoco se quedó en ladrillos y caminos. El proyecto ha plantado más de 100,000 árboles y trabaja en la recuperación de diferentes ecosistemas, además de terrenos agrícolas históricos y hábitats de agua dulce.
La intención es que la recuperación de la isla también tenga una dimensión ambiental. No se trata únicamente de conseguir que los edificios vuelvan a verse bien, sino de recuperar parte del paisaje y mejorar las condiciones del suelo y la biodiversidad, pero hay un detalle importante: plantar 100,000 árboles no hace que una isla vuelva automáticamente a estar viva.
Puedes tener un paisaje espectacular y, al mismo tiempo, un territorio sin habitantes, empleos o actividades. Por eso la parte más complicada del proyecto probablemente no sea plantar árboles ni reparar paredes, sino conseguir que todo lo recuperado tenga una función a largo plazo.
La idea era recuperar una comunidad, no construir un escondite
En 2020 ocurrió otro cambio importante: Tanera Mòr fue transferida a un fideicomiso caritativo, lo que terminó de alejar el proyecto de la idea de una propiedad privada convencional. Actualmente, la organización señala que la isla recibe a diferentes grupos, entre ellos personas que trabajan en los servicios públicos del Reino Unido, como miembros de las Fuerzas Armadas, policías y trabajadores del NHS.
También participan voluntarios, artistas en residencia y colaboradores de distintos proyectos. Incluso se recuperaron espacios para que las personas pudieran reunirse; como un antiguo hangar de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, fue transformado en The Mess, un espacio comunitario.
Esto cambia bastante la lectura de la historia. Después de gastar una fortuna en una isla, el objetivo no terminó siendo cerrarla y convertirla en un escondite para su propietario; parte de la inversión busca que los edificios y espacios recuperados puedan ser utilizados por otras personas, porque una comunidad tampoco se reconstruye simplemente poniendo casas nuevas. Necesita lugares donde encontrarse, actividades que realizar y alguna razón para volver.
La restauración también genera actividad económica
El proyecto reporta que hasta ahora ha dado empleo a unas 150 personas durante las diferentes etapas de la regeneración. Ahí entran trabajadores, artesanos y otras personas relacionadas con la restauración y el mantenimiento.
Es un detalle que ayuda a entender dónde terminan realmente los millones invertidos. Parte del dinero se convirtió en edificios y caminos, otra parte en árboles y trabajos de conservación, pero también en empleos y actividad económica.
Y eso importa porque recuperar un territorio no consiste únicamente en arreglar aquello que puedes fotografiar. Si la intención es que vuelva a funcionar, también necesitas personas que hagan posible que ese lugar siga activo cuando terminen las obras.
El verdadero reto empieza cuando terminan las obras
Información reciente señala que alrededor del 95% de las obras de construcción ya estaban completadas. Eso significa que buena parte de la transformación física está hecha, pero también marca el inicio de un problema diferente.
Los edificios necesitan mantenimiento. Los árboles todavía tienen que crecer. Los espacios comunitarios necesitan personas que los utilicen y los proyectos productivos necesitan mantenerse durante años.
En otras palabras, restaurar una isla es una cosa; conseguir que aquello que construiste siga funcionando dentro de 20 o 30 años es otra bastante distinta. Y aquí aparece la pregunta que quizá resulte más interesante que los 100 millones de libras: ¿cómo consigues que un territorio vuelva a tener una función cuando durante décadas dejó de tenerla?
México tiene miles de islas, pero la historia aquí es muy diferente
La historia de Tanera Mòr ocurre en Escocia, pero la pregunta también puede trasladarse a México, aunque la respuesta sea completamente distinta. El INEGI contabiliza 4,110 islas, islotes, arrecifes y cayos en territorio mexicano. La cifra incluye desde grandes islas con comunidades permanentes hasta pequeños islotes prácticamente inaccesibles.
De acuerdo con la información del Censo 2020, solamente 143 islas estaban habitadas. Eso no significa que las demás estén abandonadas. De hecho, muchas tienen un enorme valor ecológico y su ausencia de población permanente puede ser precisamente una de las razones por las que conservan determinados ecosistemas.
Pero sí deja claro que México tiene una relación muy distinta con sus territorios insulares. Algunas islas forman parte de la vida cotidiana de comunidades enteras, mientras otras son, sobre todo, refugios para especies y ecosistemas, además de que existe un contraste bastante interesante con Tanera Mòr.
En México, muchas veces el reto es conseguir que regresen los animales
Mientras la isla escocesa perdió buena parte de su población humana, varias islas mexicanas han sufrido otro problema: la llegada de especies invasoras que alteraron ecosistemas que habían evolucionado durante miles o millones de años sin ellas.
La CONANP, el Grupo de Ecología y Conservación de Islas y otras instituciones llevan alrededor de 26 años trabajando en la restauración de islas mexicanas. Entre las acciones se encuentra la eliminación de especies invasoras y la recuperación de colonias de aves marinas.
Los resultados son importantes. El programa ha conseguido eliminar 60 poblaciones de especies invasoras y trabajar en la recuperación de decenas de islas.
Y hay una señal bastante fácil de entender para saber si la restauración está funcionando: 85% de las colonias de aves marinas que habían desaparecido regresaron a las islas, incluidas especies en peligro de extinción.
En este caso, recuperar una isla no significa llenar sus caminos de personas. Significa conseguir que las condiciones vuelvan a ser adecuadas para que las especies regresen por sí mismas.
México también quiere restaurar más de 100,000 hectáreas
El trabajo tampoco termina en las islas que ya fueron recuperadas. El programa mexicano ya ha restaurado alrededor de 60,000 hectáreas y tiene como objetivo ampliar ese trabajo durante los próximos años.
Además, la restauración busca involucrar a las comunidades locales. De acuerdo con la CONANP, este trabajo puede aportar beneficios relacionados con la resiliencia frente a fenómenos meteorológicos extremos, la pesca sostenible y el ecoturismo, por lo que la comparación con Tanera Mòr se vuelve más interesante.
En Escocia, recuperar la isla significa reconstruir edificios, caminos, actividades y espacios para las personas. En México, muchas veces significa eliminar amenazas, recuperar hábitats y permitir que las especies vuelvan a ocupar los lugares que perdieron. Dos problemas diferentes, pero con una misma pregunta detrás: ¿qué necesita un territorio para volver a funcionar?
Una isla puede seguir en el mapa y, aun así, desaparecer
Tanera Mòr nunca desapareció físicamente. La isla siguió ahí, rodeada por el mar, con sus paisajes y sus edificios. Lo que desapareció fue buena parte de la población y de las actividades que durante años le dieron sentido como comunidad.
Por eso los 100 millones de libras invertidos no cuentan toda la historia. El dinero permitió restaurar edificios, construir caminos, plantar árboles y crear espacios comunitarios, pero el objetivo final es conseguir que todo eso tenga una función que pueda mantenerse con el tiempo.
En Tanera Mòr significa recuperar las condiciones para que una comunidad vuelva a tener actividades y razones para estar ahí. En las islas mexicanas significa eliminar aquello que está dañando al ecosistema y permitir que las especies regresen.
Al final, una isla puede seguir exactamente en el mismo lugar y, aun así, perder buena parte de aquello que la hacía especial. Restaurarla no consiste solamente en gastar millones, reconstruir casas o plantar árboles. Consiste en recuperar las condiciones que permiten que algo vuelva a vivir ahí.
Imágenes | Wikimedia, Wikimedia
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