Los castores parecían una plaga. La ciencia acaba de descubrir que podrían ser una de las mejores armas contra el cambio climático

Castor
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Luis Ángel Márquez Flores

Editor Jr
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Los castores son, sin duda, unos animales sumamente sorprendentes. En el pasado te hemos contado cómo estos roedores construyeron una presa en República Checa que ayudó a proteger un río de la contaminación. Dichas estructuras también han ayudado a prevenir inundaciones, incendios forestales y hasta han ayudado a restaurar humedales

Sin embargo, recientemente un grupo internacional de investigadores descubrió que las zonas húmedas modificadas por los castores pueden ser capaces de absorber mucho más carbono que aquellas que no cuentan con la presencia de estos animales, lo que los convierte en valiosos aliados en la lucha contra el calentamiento global.

Una solución de bajo coste al problema de la recolección de carbono

La investigación, publicada en Communications Earth & Environment en marzo de 2026, tenía por objetivo cuantificar por primera vez la cantidad de carbono que absorben y liberan las zonas húmedas modificadas por los castores. Para ello estudiaron un tramo de 800 metros de un humedal en Suiza, donde los castores se establecieron en 2010.

El equipo descubrió que las construcciones hechas por los castores han ayudado a que dicha zona sea capaz de retener un 26% más de carbono al año, y a un ritmo hasta 10 veces mayor, que tramos en los que no existe actividad de estos roedores. En concreto, el humedal estudiado actuó como un sumidero y atrapó 98.3 toneladas netas de carbono anuales, y entre 2010 y 2022, la zona estudiada recolectó alrededor de 1,194 toneladas de carbono. Esto equivale a 10.1 toneladas de CO2 por hectárea al año.

Según explican los especialistas, los castores construyen sus presas con ramas, lodo y piedras para frenar la corriente de los ríos. Al ralentizarse, el agua retiene sedimentos, vegetación y madera muerta que queda depositada en el fondo. La presa hace que el agua se desborde y se extienda por las llanuras, formando los humedales. El agua que queda retenida se filtra hacia los acuíferos subterráneos, llevando consigo el carbono disuelto que termina atrapado bajo la Tierra. Allí, dicen los expertos, puede permanecer hasta 30 años.

Represa Castores

Ingenieros formidables pero incomprendidos

Pese a su gran utilidad en los ecosistemas, por muchos años los castores fueros considerados una plaga y cazados para aprovechar su piel. No obstante, en años reciente han comenzado a reintroducirse en Europa para ayudar a prevenir inundaciones y restaurar humedales. En Estados Unidos, esta especie ha sido un importante aliado contra los incendios forestales, pues sus presas convierten "plantas crujientes e inflamables en plantas exuberantes e ignífugas".

Aunque también ha habido casos en los que su introducción ha terminado en desastre. Un ejemplo de ello es Argentina, donde en 1946 el gobierno introdujo 20 parejas de castores provenientes de Canadá, con el objetivo de impulsar la industria peletera en Tierra de Fuego. Con lo que no contaba es que, al no tener depredadores naturales, los castores se multiplicarían sin control. Además, los árboles de la zona no se benefician de los humedales y tardan mucho más en crecer tras ser cortados con sus poderosos incisivos. 

El resultado: más de 3,000 castores sueltos en Tierra de Fuego, sin nadie que los cace para aprovechar su piel (porque, como explica Mongabay, allí no existe esa cultura), que ya ha cruzado también hacia Chile y que han provocado un tremendo desequilibrio en el ecosistema de la región. Por supuesto, esto no es culpa de los castores, sino de los humanos que creyeron que sería buena idea dejarlos libres en un ambiente al que no pertenecían. 

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