Cuando se habla de energías renovables, la conversación suele centrarse en paneles solares o turbinas eólicas. Sin embargo, una estudiante de apenas 15 años llamó la atención con una propuesta diferente: un dispositivo capaz de aprovechar el movimiento de las corrientes marinas para generar electricidad, construido con un presupuesto cercano a los 12 dólares, equivalentes a unos 225 pesos mexicanos.
Se trata de Hannah Herbst, quien desarrolló BEACON (Bringing Electricity Access to Countries through Ocean Energy), un prototipo diseñado para convertir la energía del océano en electricidad. Su proyecto ganó el Discovery Education 3M Young Scientist Challenge de 2015, reconocimiento que la distinguió como la principal joven científica de esa edición.
Una idea inspirada por la falta de acceso a la electricidad
La inspiración de Herbst no surgió en un laboratorio, sino a partir de una amistad. La estudiante contó que comenzó a interesarse por el problema de la pobreza energética después de conocer a una niña en Etiopía que vivía sin acceso confiable a la electricidad.
Esa experiencia la llevó a preguntarse si era posible aprovechar una fuente abundante y constante en muchas regiones costeras: las corrientes marinas. Así nació BEACON, un proyecto pensado para explorar una forma económica de generar energía y, en un futuro, apoyar aplicaciones como sistemas de desalinización de agua o el suministro eléctrico en comunidades aisladas.
Así funciona el prototipo
El dispositivo incorpora una hélice impresa en 3D conectada a un pequeño generador hidroeléctrico mediante un sistema de poleas. Cuando las corrientes hacen girar la hélice, ese movimiento mecánico se transforma en energía eléctrica.
Durante sus pruebas iniciales, el prototipo logró alimentar pequeñas cargas, como luces LED, utilizando materiales reciclados y componentes de bajo costo. El objetivo nunca fue abastecer una vivienda o una ciudad completa, sino demostrar que era posible aprovechar la energía marina mediante una solución sencilla y accesible.
El costo aproximado de 12 dólares corresponde precisamente a ese prototipo experimental y no a un sistema listo para implementarse a gran escala.
Del experimento escolar a una posible aplicación futura
Herbst planteó que versiones más desarrolladas de esta tecnología podrían utilizarse para alimentar equipos de desalinización o suministrar energía en comunidades costeras alejadas de las redes eléctricas convencionales.
Sin embargo, convertir una idea escolar en una solución comercial implica superar importantes desafíos técnicos relacionados con la eficiencia, la resistencia de los materiales frente al ambiente marino, el mantenimiento y los costos de instalación.
Más que reemplazar las redes eléctricas existentes, BEACON explora una alternativa que podría complementar otras fuentes de energía renovable en determinadas regiones.
En México también se estudia cómo aprovechar la energía del mar
Aunque BEACON nació en Estados Unidos, la idea de generar electricidad a partir del movimiento del océano también ha despertado interés en México. Investigadores del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) han estudiado el potencial de la energía undimotriz y otras formas de aprovechamiento energético del mar en las costas del Pacífico, especialmente en Baja California.
Por su parte, el Instituto de Energías Renovables de la UNAM ha analizado las posibilidades que ofrecen las olas, las mareas y las corrientes marinas como fuentes complementarias de energía limpia.
Con más de 11,000 kilómetros de litoral entre el océano Pacífico, el Golfo de México y el mar Caribe, el país cuenta con condiciones que podrían favorecer este tipo de desarrollos, aunque todavía se encuentran en etapas de investigación y evaluación.
Un proyecto escolar que terminó inspirando a científicos e ingenieros
Tras ganar el concurso científico, Hannah Herbst presentó su trabajo en distintos foros especializados y se convirtió en un ejemplo de cómo una idea desarrollada durante la adolescencia puede trascender el ámbito escolar.
Esa podría ser la mayor enseñanza de BEACON. No porque vaya a reemplazar las redes eléctricas actuales, sino porque demuestra que una idea sencilla, respaldada por curiosidad e ingeniería, puede abrir nuevas conversaciones sobre el futuro de la energía y motivar a otros jóvenes a buscar soluciones para problemas reales.
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