Mucho antes de que existieran aplicaciones para medir la productividad, métodos como Pomodoro o libros que prometen enseñar a aprovechar cada minuto del día, el fundador de IKEA, Ingvar Kamprad, ya tenía una idea muy clara: el tiempo era el recurso más valioso de todos. Por eso escribió una frase que, casi medio siglo después, sigue compartiéndose dentro y fuera del mundo empresarial: "Divide tu vida en bloques de 10 minutos y sacrifica la menor cantidad posible en actividades sin sentido".
Lo curioso es que nunca pretendió convertirse en un gurú de la productividad. La escribió en 1976 dentro de The Testament of a Furniture Dealer ("El testamento de un comerciante de muebles"), un documento interno con el que buscaba dejar claro cómo quería que IKEA siguiera funcionando incluso cuando él ya no estuviera al frente de la empresa.
La historia detrás de los "10 minutos"
Ese texto nunca estuvo pensado para convertirse en un éxito editorial. Era una especie de carta dirigida a las futuras generaciones de empleados de IKEA. Un manifiesto donde Ingvar Kamprad dejó por escrito la cultura que quería preservar, incluso cuando la empresa creciera mucho más allá de Suecia.
Entre principios sobre liderazgo, sencillez, responsabilidad y ahorro de recursos, apareció una reflexión que hablaba mucho menos de negocios y mucho más de cómo entendía la vida. Para comprender esa frase, hay que entender primero quién era Kamprad.
Desde muy joven desarrolló una reputación poco común, incluso entre los empresarios más exitosos del mundo. Era conocido por viajar en clase económica, conducir el mismo automóvil durante años, reutilizar objetos cotidianos y evitar cualquier gasto que considerara innecesario.
Pero esa austeridad no respondía únicamente a un gusto personal. Kamprad estaba convencido de que cualquier recurso desperdiciado terminaba afectando al cliente. Si IKEA gastaba más dinero del necesario, los muebles serían más caros. Si los procesos se complicaban, los productos tardarían más en llegar.
Eliminar el desperdicio terminó convirtiéndose en una obsesión que marcó la cultura de toda la empresa. Y había un recurso que consideraba todavía más importante que el dinero: el tiempo.
En The Testament of a Furniture Dealer escribió que el tiempo era el activo más valioso del que disponía cualquier persona. Diez minutos podían parecer insignificantes cuando se observaban por separado, pero una vez que pasaban, desaparecían para siempre. Para Kamprad, desperdiciar pequeños fragmentos del día era, en realidad, desperdiciar una parte de la propia vida.
Nunca fue un consejo para trabajar más
Con el tiempo, mucha gente empezó a interpretar esa frase como una fórmula para ser más productivo. Pero esa nunca fue la intención de Kamprad. En el mismo documento explica que el tiempo no debe medirse únicamente por la cantidad de trabajo realizado. También representa oportunidades, decisiones y experiencias que no vuelven.
Por eso su recomendación nunca fue llenar la agenda de tareas. Era mucho más simple: preguntarse si aquello a lo que dedicábamos esos diez minutos realmente valía la pena. Para él, el verdadero desperdicio no era descansar, era invertir tiempo en actividades que no aportaban ningún valor.
Curiosamente, hoy la frase tiene más sentido que nunca
Lo interesante es que Kamprad escribió esa reflexión en 1976, décadas antes de que existieran aplicaciones para organizar tareas, técnicas como Pomodoro o una industria completa dedicada a vender productividad.
Hoy basta abrir TikTok, YouTube o LinkedIn para encontrar cientos de videos con rutinas matutinas, agendas perfectas y métodos para exprimir cada minuto del día. Vista desde ese contexto, la frase del fundador de IKEA resulta sorprendentemente actual. No habla de trabajar más horas, sino de preguntarse si aquello que hacemos merece realmente nuestro tiempo.
Una idea que terminó moldeando a IKEA
Aquella reflexión no quedó únicamente en una frase. Terminó influyendo en prácticamente todas las decisiones que hicieron famosa a IKEA y los muebles comenzaron a venderse desarmados para reducir costos de transporte.
Las tiendas fueron diseñadas para que los clientes siguieran un recorrido pensado para facilitar la experiencia de compra. El modelo de autoservicio simplificó procesos y permitió mantener precios más bajos.
Al final, todas esas decisiones respondían a la misma filosofía: eliminar cualquier desperdicio, ya fuera de dinero, materiales o tiempo.
Una reflexión que también habla de México
La frase adquiere otro significado cuando se observa el contexto mexicano. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México figura desde hace años entre los países donde más horas se trabajan dentro del organismo. Sin embargo, dedicar más tiempo al trabajo no siempre se traduce en una mayor productividad por hora.
Ahí es donde la reflexión de Kamprad cobra otro sentido. Él nunca defendió trabajar más; defendía trabajar mejor. Su idea cuestiona una creencia que todavía sigue presente en muchas empresas: pensar que permanecer más tiempo en la oficina significa necesariamente producir más.
Para Kamprad, el verdadero reto consistía en eliminar tareas innecesarias, simplificar procesos y dedicar el tiempo a aquello que realmente generaba valor.
Una frase que también llegó a México
Cuando IKEA abrió sus primeras tiendas en México en 2021, no solo trajo su modelo de muebles listos para ensamblar o el recorrido característico que hacen los clientes dentro de las tiendas.
También llegó con una cultura empresarial construida alrededor de los principios que Kamprad escribió en 1976. La sencillez, el ahorro de recursos y la eliminación constante de desperdicios siguen formando parte de la identidad de la compañía.
Desde esa perspectiva, la famosa regla de los diez minutos nunca fue un consejo aislado. Era la forma más sencilla de resumir una filosofía que terminó construyendo una de las empresas de mobiliario más grandes del mundo.
Un mensaje que sobrevivió a su fundador
Ingvar Kamprad falleció en 2018; sin embargo, el documento que escribió más de cuarenta años antes sigue siendo una de las mejores formas de entender cómo nació la cultura de IKEA.
No porque explique cómo vender más muebles, ni porque prometa convertir a cualquiera en una persona más productiva, sino porque recuerda algo mucho más sencillo.
El tiempo es el único recurso que nunca puede recuperarse. Quizá por eso su frase sigue compartiéndose casi medio siglo después, ya que no era una invitación a trabajar sin descanso. Era un recordatorio de que cada diez minutos representan una decisión sobre dónde queremos invertir una parte de nuestra vida.
En Xataka México | Rodrigo Herrera, fundador de Genomma Lab: "los negocios fijos, como están, no van a vivir muchos años"; adaptarse se convirtió en la nueva ventaja competitiva
Ver 0 comentarios