Rodrigo Herrera, fundador de Genomma Lab: "los negocios fijos, como están, no van a vivir muchos años"; adaptarse se convirtió en la nueva ventaja competitiva

El empresario mexicano asegura que los negocios fijos difícilmente sobrevivirán en un mercado que evoluciona.

Rodrigo Herrera
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Samantha Guerrero

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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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Hubo un tiempo en que bastaba con encontrar un buen negocio, hacerlo crecer y repetir la misma fórmula durante años. Para Rodrigo Herrera, fundador de Genomma Lab, esa lógica dejó de funcionar: "Hoy los negocios fijos, como están, no van a vivir muchos años; el cambio viene muy rápido".

La frase surgió cuando le preguntaron cómo competir contra gigantes del comercio electrónico después de la pandemia. Pero su respuesta fue mucho más allá de vender por internet. En realidad, hablaba de un cambio que hoy alcanza prácticamente a cualquier industria: la capacidad de adaptarse se volvió más importante que hacer siempre lo mismo.

La pandemia no inventó este cambio, simplemente pisó el acelerador

Mucho antes de 2020, vender por internet todavía era una ventaja para muchas empresas. Después de la pandemia, esa ventaja dejó de ser algo extraordinario y se convirtió en el nuevo estándar.

Comprar desde una aplicación, recibir un paquete al día siguiente o encontrar el mismo producto en distintos canales ya no sorprende a nadie. Los consumidores simplemente esperan que ocurra.

Y ahí estuvo el verdadero cambio. Lo que antes hacía destacar a un negocio dejó de ser suficiente, obligando a las empresas a buscar nuevas formas de competir.

El verdadero negocio puede estar en otro lugar

Y aquí viene lo interesante. Rodrigo Herrera no habló de vender más ni de invertir más dinero en publicidad. Habló de cambiar la forma de pensar el negocio.

Negocios

Su propuesta era sencilla: identificar cuáles son las verdaderas fortalezas de una empresa y preguntarse en qué otros mercados podrían servir. Para explicarlo, recurrió a un ejemplo muy fácil de entender: si una empresa lleva años vendiendo libretas y artículos de papelería, quizá el futuro no esté en vender más cuadernos

Tal vez ese mismo conocimiento sobre logística, distribución o atención al cliente pueda aprovecharse para vender alimento para mascotas o entrar a una industria completamente distinta. Suena extraño, pero justamente esa era la idea. El producto puede cambiar y el conocimiento de la empresa no necesariamente.

México tampoco está fuera de esa conversación

La reflexión de Herrera también encuentra eco en México. De acuerdo con los Censos Económicos 2024 del INEGI, el país cuenta con alrededor de 5.5 millones de unidades económicas, de las cuales prácticamente todas son micro, pequeñas y medianas empresas.

Muchas enfrentan el mismo reto: Los consumidores ya no compran como hace cinco años. La Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO) señala que millones de mexicanos realizan compras digitales de forma habitual y que la omnicanalidad, combinar tiendas físicas con canales digitales, se ha convertido en una de las principales estrategias para competir.

Empresa

En otras palabras, ya no basta con tener un buen producto. También importa cómo llega al cliente, por dónde compra y qué tan sencilla resulta toda la experiencia.

Hay un ejemplo que prácticamente todos conocemos: Oxxo

Todos hemos entrado alguna vez a un Oxxo pensando únicamente en comprar un refresco, unas papas o una botella de agua. Hace algunos años, ese era prácticamente todo su negocio.

Hoy sigue vendiendo exactamente esos productos, pero alrededor de ellos construyó mucho más. En sus tiendas ya es posible pagar servicios, hacer depósitos y retiros de efectivo, realizar recargas telefónicas, enviar y recibir dinero, recoger paquetes e incluso utilizar servicios financieros mediante Spin by Oxxo.

Lo interesante es que Oxxo nunca dejó de vender refrescos; lo que hizo fue construir nuevos negocios alrededor de las capacidades que ya tenía. Y eso cambia completamente la perspectiva.

Ese es justamente el tipo de transformación al que se refería Rodrigo Herrera. No se trata necesariamente de abandonar un negocio para empezar otro desde cero, sino de descubrir qué sabe hacer realmente una empresa y aprovechar esas capacidades antes de que el mercado obligue a hacerlo.

Oxxo Ejemplo

En la actualidad, muchas personas siguen entrando a un Oxxo por un café o un refresco, pero terminan pagando un recibo, retirando dinero o recogiendo un paquete. A simple vista parece el mismo negocio, pero en realidad, cambió hace mucho tiempo.

Adaptarse también tiene una explicación científica

La idea de Rodrigo Herrera no es solo una intuición empresarial. Durante años, investigadores en administración han estudiado por qué algunas empresas logran mantenerse vigentes mientras otras desaparecen.

Uno de los conceptos más importantes es la adaptabilidad organizacional. Los especialistas la describen como la capacidad de una empresa para aprender, ajustar su estrategia y responder antes que la competencia cuando el mercado cambia. En un entorno donde la tecnología, los hábitos de consumo y los modelos de negocio evolucionan constantemente, esa capacidad puede marcar la diferencia entre crecer o quedarse atrás.

Y aquí aparece otra teoría interesante. La psicóloga Carol Dweck, profesora de la Universidad de Stanford, desarrolló el concepto de mentalidad de crecimiento (growth mindset). Sus investigaciones muestran que las personas, y también las organizaciones, que creen que pueden desarrollar nuevas capacidades suelen responder mejor a los cambios que aquellas convencidas de que su éxito depende únicamente de lo que ya saben hacer.

Negocio Fijo

Aunque Dweck centró sus estudios en el aprendizaje humano, sus ideas también han sido adoptadas en el mundo empresarial para explicar por qué algunas compañías experimentan, aprenden y evolucionan con mayor facilidad que otras.

Reinventarse dejó de ser una opción

Esa podría ser la idea más importante detrás de la frase de Rodrigo Herrera. Hace veinte años, entrar a un Oxxo significaba comprar un refresco y salir unos minutos después. Hoy, en el mismo lugar, puedes pagar servicios, retirar dinero, recoger un paquete o hacer una transferencia. La tienda sigue ahí, pero el negocio cambió hace tiempo.

Eso resume bastante bien lo que ocurre con muchas empresas. No siempre necesitan abandonar aquello que saben hacer. A veces basta con encontrar nuevas formas de aprovecharlo antes de que el mercado cambie las reglas. Porque, como advertía Herrera, el verdadero riesgo ya no es tener un mal negocio, sino creer que uno bueno puede permanecer igual para siempre.

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