Más de 100 de las empresas más importantes del planeta lanzaron un mensaje conjunto a los gobiernos. La petición es clara. Quieren que la electricidad ocupe un papel central en la economía y que la dependencia de la gasolina, diésel y otros combustibles fósiles disminuya lo antes posible. Detrás de esta postura no solo está el tema ambiental. También existe una preocupación cada vez mayor por los costos que generan las constantes variaciones en los precios de la energía.
De acuerdo con información de Reuters, la declaración fue respaldada por 112 compañías de distintos sectores económicos. Entre ellas aparecen nombres como Nestlé, Ikea, Volvo Cars, Uber, Iberdrola, Grupo Mahindra, Nikon y Levi Strauss. En conjunto, estas empresas generan alrededor de 1.5 billones de dólares al año. Para ellas, la dependencia de los combustibles fósiles representa un riesgo económico que afecta la capacidad de competir y crecer.
Gasolinera en CDMX.
El documento sostiene que los cambios bruscos en los precios de la energía pueden provocar aumentos inesperados en costos de producción, transporte y distribución. Cuando eso ocurre, las cadenas de suministro también resienten el impacto. Las empresas consideran que este escenario crea incertidumbre y dificulta la planeación de inversiones a largo plazo.
La preocupación no surge por casualidad. Durante los últimos años, distintos conflictos internacionales han provocado aumentos importantes en los precios de la energía. Uno de los casos más recientes está relacionado con las tensiones alrededor de Irán. Cada episodio de inestabilidad genera efectos que terminan por afectar tanto a gobiernos como a compañías que dependen de mercados energéticos globales.
Frente a ese panorama, el grupo considera que una mayor electrificación puede ofrecer más estabilidad. La idea consiste en utilizar electricidad en actividades que hoy dependen de combustibles fósiles. El transporte, la industria y los edificios aparecen entre los sectores donde existen alternativas tecnológicas capaces de acelerar ese cambio durante los próximos años.
La industria automotriz forma parte importante de esta discusión. Fabricantes como Volvo Cars respaldaron la iniciativa porque los vehículos eléctricos representan una pieza clave dentro de esa transformación. Para muchas marcas, reducir la dependencia del petróleo ya no solo responde a metas ambientales. También forma parte de una estrategia para disminuir riesgos financieros en el futuro.
Autos eléctricos de Tesla.
Un mercado energético cada vez más impredecible
Las empresas reconocen que alcanzar ese objetivo requiere algo más que inversiones privadas. Según el comunicado, los gobiernos deben crear condiciones que permitan una transición más rápida. La mejora de las redes eléctricas, reglas claras para los mercados energéticos y procesos de autorización más ágiles aparecen entre las acciones que consideran necesarias para acelerar la electrificación.
La declaración llegó justo cuando inició la Semana de Acción Climática de Londres, un evento que reúne a líderes políticos, inversionistas y directivos de grandes compañías. Al mismo tiempo, Turquía impulsa una propuesta para que la electricidad cubra el 35% de la demanda energética mundial hacia 2035. Ambas conversaciones muestran que la discusión ya forma parte de la agenda económica internacional.
El dato que mejor refleja la magnitud del cambio apareció en una encuesta publicada la semana pasada. Nueve de cada diez líderes empresariales esperan que gran parte de sus operaciones funcionen con electricidad dentro de los próximos diez años. Esa expectativa ayuda a entender por qué algunas de las compañías más poderosas del mundo presionan para acelerar la transición. Para ellas, la electricidad ya no es solo una alternativa tecnológica. Empieza a convertirse en una herramienta para proteger sus negocios frente a un mercado energético cada vez más impredecible.
Imagen de portada | Wikipedia
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