El multimillonario Mark Cuban quiere combatir la desigualdad: propone que las empresas den acciones a todos sus empleados

¿Qué pasaría si tu empresa no solo te pagara un sueldo, sino que también te diera una pequeña parte de ella?

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samantha

Samantha Guerrero

Editora Jr
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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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¿Qué pasaría si quien limpia una oficina, quien atiende la recepción y quien dirige la empresa tuvieran algo más en común que un sueldo? Mark Cuban cree que deberían tener también una parte de la compañía. El multimillonario conocido por Shark Tank lleva años defendiendo esta idea, pero ahora quiere llevarla más lejos: que las empresas tengan incentivos fiscales para entregar acciones, opciones o warrants a todos sus empleados y que, si deciden no hacerlo, enfrenten una carga fiscal mayor. 

La idea de fondo es bastante sencilla: Cuban no quiere solamente que los trabajadores ganen más. Quiere que también sean dueños de una parte de lo que ayudan a construir y eso cambia bastante la conversación sobre qué significa trabajar para una empresa.

La idea de Cuban es más concreta de lo que parece

Cuando hablamos de que un empleado tenga equity, básicamente estamos hablando de que tenga una participación en la propiedad de la empresa. Imagina una compañía que vale 10 millones de pesos y si un trabajador tiene una participación equivalente al 1%, en términos simplificados estaría asociado a una parte de la empresa valorada en 100,000 pesos.

Ahora supongamos que el negocio crece y llega a valer 50 millones. Esa misma participación podría representar 500,000 pesos, pero aquí aparece un detalle importante: eso no significa que el trabajador tenga 500,000 pesos en su cuenta bancaria.

El valor depende de la empresa, de las condiciones de las acciones y de si existe una forma real de venderlas. Aun así, la diferencia frente a recibir únicamente un salario es importante. El sueldo paga por el trabajo que haces y la participación accionaria te permite beneficiarte —y también asumir parte del riesgo— del valor que se genera mientras la empresa crece.

No todos recibirían la misma cantidad

Cuban tampoco plantea que todos los trabajadores tengan que recibir exactamente el mismo número de acciones. Su propuesta es más específica: que la participación esté relacionada con el salario.

Por ejemplo, si una empresa recompensa a su CEO con acciones equivalentes al 10% de su sueldo, los demás empleados recibirían acciones equivalentes al mismo porcentaje de su propia remuneración.

Si el director general gana un millón de dólares y recibe 100,000 dólares en acciones, una persona que gana 50,000 dólares recibiría aproximadamente 5,000 dólares en acciones.

La cantidad es diferente, ya que el porcentaje respecto al salario sería el mismo. Ese es precisamente el ejemplo que Cuban ha utilizado para explicar su propuesta: si un CEO recibe acciones equivalentes al 10% de su compensación en efectivo, un empleado que gana menos debería recibir la misma proporción.

México ya tiene algo parecido, pero no es lo mismo

Aquí aparece una comparación bastante interesante. Los trabajadores mexicanos ya cuentan con un mecanismo para participar de los resultados de las empresas: el reparto de utilidades o PTU, pero hay una diferencia fundamental.

La PTU permite recibir una parte de las utilidades de una empresa cuando corresponde, pero no convierte al trabajador en propietario de la compañía. Las acciones hacen otra cosa.

Si una empresa obtiene buenos resultados, un trabajador puede recibir PTU, pero si además posee acciones, también puede beneficiarse cuando aumenta el valor de la empresa.

Y claro, la otra cara también existe; si el negocio pierde valor, sus acciones pueden valer menos. Por eso equity no es simplemente “dinero extra”, también significa participar en parte del riesgo empresarial.

El salario paga el presente. Las acciones pueden construir patrimonio

Aquí está probablemente la parte más importante de toda la propuesta. Un trabajador normalmente recibe un salario y, mientras mantenga su empleo, ese ingreso puede ser relativamente predecible.

Un fundador o un ejecutivo importante puede recibir además acciones, opciones u otros instrumentos cuyo valor aumenta si la compañía crece. Eso significa que dos personas pueden participar del mismo éxito empresarial de formas muy diferentes.

Si una compañía duplica su valor, quien no tiene acciones probablemente seguirá recibiendo un sueldo parecido. Quien sí las tiene puede ver crecer el valor de una parte de su patrimonio y ahí está la apuesta de Cuban.

No se trata únicamente de mejorar el ingreso mensual de los trabajadores, sino de permitir que más personas puedan acumular activos, por lo que esto ayuda a entender una diferencia que muchas veces se pierde cuando hablamos de multimillonarios: tener una fortuna enorme no significa necesariamente tener ese dinero en efectivo.

En una entrevista citada por Moneywise y publicada por Yahoo Finance, Cuban explicó precisamente que gran parte de la riqueza de las personas muy ricas puede estar concentrada en activos poco líquidos, mientras que la cantidad disponible en efectivo puede ser mucho menor.

En otras palabras, la riqueza puede estar en acciones, participaciones empresariales y otros activos cuyo valor depende del mercado, y eso es justamente lo que Cuban quiere que más trabajadores puedan tener.

Trabajadores Acciones

SpaceX acaba de darle un ejemplo bastante claro

Aquí es donde la teoría se vuelve mucho más fácil de entender. La salida a bolsa de SpaceX en 2026 convirtió a miles de empleados actuales y antiguos en millonarios gracias al valor de las acciones que habían recibido durante sus años en la compañía.

Uno de los casos citados fue el de Juan Hernández, un antiguo soldador que comenzó en SpaceX ganando 28 dólares por hora. Tras la operación, su participación se estimó en alrededor de 880,000 dólares en acciones, según información citada por The Wall Street Journal.

Otros reportes han señalado que más de 4,400 empleados actuales y antiguos podrían alcanzar patrimonios millonarios gracias a sus participaciones. Para Cuban, ese es precisamente el tipo de resultado que quiere ampliar.

No solo que una empresa pague un salario. Que parte del crecimiento de la empresa termine también en manos de quienes ayudaron a construirla.

Pero hay un detalle que suele perderse: las acciones no son dinero

Aquí conviene bajar un poco las expectativas. Cuando leemos que un empleado “se volvió millonario” gracias a sus acciones, podemos imaginar que al día siguiente tiene millones disponibles en una cuenta bancaria.

No necesariamente. Una acción puede tener un valor enorme sobre el papel y seguir siendo difícil de vender, y esto es todavía más importante en empresas privadas, donde pueden existir restricciones, periodos de espera, rondas de inversión o simplemente no haber un comprador disponible.

Pero existe otro riesgo bastante evidente: si la empresa pierde valor, también puede hacerlo la participación del empleado. Así que recibir equity significa participar de las ganancias potenciales, pero también compartir parte del riesgo.

El empleado no solamente se beneficia si todo sale bien, también puede perder parte del valor de esa participación si el negocio fracasa. Y esto conecta con la propia explicación de Cuban sobre la riqueza. 

Una persona puede ser multimillonaria en términos patrimoniales y, al mismo tiempo, tener una cantidad mucho menor disponible como efectivo. Eso también significa que tener acciones no equivale a tener dinero listo para gastar.

¿Y qué pasa si una empresa no quiere repartir acciones?

Aquí aparece la parte más agresiva de la propuesta de Cuban. Su idea es utilizar el sistema fiscal como incentivo: las empresas que entreguen equity a todos sus empleados podrían conservar un tratamiento fiscal más favorable.

Las que no lo hagan pagarían más. En una propuesta reciente, Cuban planteó que las empresas que no ofrezcan acciones a todos sus trabajadores de manera proporcional deberían enfrentar impuestos corporativos más altos. 

Su argumento es que, si los fundadores y ejecutivos pueden enriquecerse cuando la empresa aumenta de valor, los trabajadores que contribuyeron a ese crecimiento también deberían beneficiarse. La lógica es sencilla: el gobierno no tendría que obligar directamente a cada empresa a entregar acciones.

Simplemente haría que no hacerlo resultara más caro. Cuban incluso ha planteado el ejemplo de una tasa corporativa de referencia de 21% como incentivo para que las empresas compartan una parte de su equity de forma proporcional.

Cuban ya lo hizo antes

Y aquí la propuesta no aparece solamente como una teoría. Cuban ha contado que entregó acciones a los 330 empleados de Broadcast.com antes de que Yahoo adquiriera la compañía por 5,700 millones de dólares en 1999.

Según su propio relato, alrededor de 300 empleados terminaron convertidos en millonarios después de la operación. También ha dicho que hizo algo parecido en MicroSolutions, su primera empresa de consultoría informática.

Hay que tomar esa cifra con el contexto adecuado: es una experiencia que Cuban ha contado públicamente, no un cálculo independiente de la fortuna de cada uno de esos empleados, y sirve para explicar por qué su propuesta actual no aparece de la nada. Él ya ha utilizado ese modelo en sus propias empresas.

Cuban

La idea no salió de la nada

Aunque pueda sonar como una ocurrencia de un multimillonario, existe investigación académica sobre los posibles efectos de la propiedad de los empleados. Un estudio de Harvard Business School publicado en 2021, citado por Fortune, modeló qué ocurriría si todas las empresas privadas estadounidenses fueran 30% propiedad de sus empleados.

El modelo estimó que la riqueza de los hogares podría duplicarse bajo ese escenario, mientras que la riqueza del 1% más rico disminuiría en promedio 14%, pero aquí conviene ponerle un asterisco enorme.

Eso es un escenario modelado, no una prueba de que repartir acciones vaya a resolver la desigualdad en el mundo real. Lo que sí aporta al debate es otra cosa: la propiedad de los trabajadores puede funcionar como una herramienta adicional para acumular patrimonio, especialmente para quienes normalmente dependen casi por completo de su salario.

Repartir acciones tampoco elimina la desigualdad

Y aquí aparece la pregunta incómoda. ¿Qué pasa con una persona que trabaja en una empresa pequeña que nunca sale a bolsa? ¿Y con los empleados de una compañía que quiebra? ¿Y con alguien que necesita dinero hoy para pagar la renta, la comida o una deuda y recibe a cambio acciones que quizá valgan más dentro de diez años?

Ahí aparece una de las principales limitaciones del modelo. Una participación empresarial puede ayudar a construir patrimonio, pero no sustituye necesariamente un buen salario.

De hecho, esa probablemente sea la diferencia más importante entre ambas cosas. El sueldo resuelve necesidades presentes, las acciones pueden generar riqueza futura, pero con riesgo.

La desigualdad que Cuban quiere atacar está precisamente ahí

Los datos de la Reserva Federal citados por Fortune muestran hasta qué punto la propiedad de activos financieros está concentrada en Estados Unidos. En el primer trimestre de 2026, el 0.1% más rico poseía alrededor de 25 billones de dólares en activos, mientras que el 50% inferior tenía alrededor de 4.27 billones.

No hace falta memorizar las cifras para entender la diferencia. Quienes ya poseen una gran cantidad de activos pueden beneficiarse cuando esos activos aumentan de valor; quienes viven principalmente de su salario tienen otra relación con el crecimiento de la economía.

Y es cuando se entiende mejor la obsesión de Cuban con las acciones. No está hablando solamente de repartir más dinero, está hablando de quién posee los activos que pueden aumentar de valor.

¿Y qué tendría que ver esto con México?

Aquí es donde la propuesta se vuelve interesante para nosotros. En México, la ENIGH 2024 del INEGI registró un ingreso corriente promedio mensual por hogar de 25,955 pesos.

El mismo ejercicio reportó un coeficiente de Gini de 0.391 después de transferencias, una medida utilizada para observar la desigualdad en la distribución del ingreso y, en ese sentido, la propuesta de Cuban no significa que exista una relación directa entre esos datos y un sistema mexicano de acciones para empleados.

Pero sí permite plantear una pregunta bastante relevante: ¿los trabajadores deberían limitarse a recibir un salario y, cuando corresponde, una parte de las utilidades, o también deberían tener una participación en los activos que ayudan a construir? La primera opción genera ingresos y la segunda podría abrir una vía adicional para acumular patrimonio a largo plazo.

Trabajadores Compania

No es una solución mágica

Y quizá aquí esté el mayor asterisco de toda la propuesta. Entregar acciones no garantiza que una persona vaya a hacerse rica, o una empresa puede estancarse. Puede perder valor, puede quebrar y un trabajador puede necesitar dinero hoy, no dentro de diez años.

Incluso una acción que parece muy valiosa puede tener restricciones que impidan venderla inmediatamente. Por eso, equity y salario no deberían entenderse como sustitutos perfectos.

Uno puede cubrir las necesidades presentes. El otro puede abrir una posibilidad de acumular patrimonio futuro y, si la idea de Cuban realmente quiere atacar la desigualdad, probablemente necesite combinar ambas cosas, no reemplazar una por otra.

El experimento que propone Cuban tiene una pregunta de fondo

La discusión, entonces, no es solamente si los empleados deberían recibir acciones. Es si una empresa puede seguir considerándose exitosa cuando el crecimiento de su valor beneficia principalmente a quienes ya poseen el capital, mientras que quienes ayudan a construirla reciben únicamente su salario.

Cuban cree que esa fórmula debería cambiar. Su propuesta es bastante simple: si un CEO recibe una determinada proporción de su compensación en acciones, el resto de la plantilla debería recibir una proporción equivalente. 

Pero en el caso de que una empresa no quiera hacerlo, el Estado podría darle un incentivo fiscal para que cambie de opinión o hacer que pagar impuestos adicionales sea el costo de no compartir esa propiedad.

No es una solución mágica para la desigualdad, tampoco elimina los riesgos de tener acciones y una participación empresarial; no paga la renta mientras esperas a que aumente de valor.

Pero sí plantea una pregunta bastante incómoda sobre el modelo tradicional de empleo: si los trabajadores ayudan a construir una empresa que algún día puede valer muchísimo más, ¿por qué su única forma de beneficiarse de ese crecimiento debería ser seguir cobrando el mismo sueldo?

Ahí está el verdadero argumento de Cuban. No quiere que todos reciban la misma cantidad. Quiere que más personas tengan algo que poseer.

Imágenes | Pexels, Wikicommons, Wikimedia 

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