Robert De Niro tiene un imperio de 46 hoteles y empezó todo con un restaurante japonés

Uno de los actores más famosos del mundo decidió no convertir su apellido en una marca de hoteles.

Robert De Niro
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samantha

Samantha Guerrero

Editora Jr
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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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Robert De Niro tenía algo que prácticamente cualquier empresario habría querido para lanzar un negocio: un nombre que no necesitaba demasiada presentación. Después de todo, hablamos de uno de los actores más reconocidos de Hollywood, pero cuando decidió entrar al mundo de los restaurantes, no puso "De Niro" en la puerta: puso "Nobu".

La decisión terminó siendo mucho más importante de lo que parecía. Lo que comenzó en 1994 como un restaurante japonés en Nueva York terminó convirtiéndose en una marca internacional de lujo que hoy está presente con hoteles, restaurantes y residencias en distintas partes del mundo.

Según un análisis de la revista especializada La Revue des Hôtels, Nobu Hospitality reúne actualmente 46 hoteles, 57 restaurantes y 20 residencias de marca. Y detrás de esas cifras hay una historia que empieza mucho antes de los hoteles de lujo: con Robert De Niro entrando a un restaurante en Los Ángeles y tratando de convencer a un chef japonés de mudarse a Nueva York.

Todo empezó con un chef japonés

Antes de que existiera Nobu como marca internacional, Nobu Matsuhisa ya tenía un restaurante en Los Ángeles. Robert De Niro lo visitó a finales de los años 80, quedó impresionado con su cocina y comenzó a insistirle para que llevara su propuesta a Nueva York.

Matsuhisa tardó varios años en aceptar. Finalmente, en 1994, ambos se asociaron con el empresario y productor Meir Teper para abrir Nobu en Tribeca, Manhattan. La propia compañía reconoce a De Niro, Matsuhisa y Teper como sus cofundadores.

El restaurante tampoco buscaba simplemente reproducir la cocina japonesa tradicional. Matsuhisa había desarrollado una propuesta propia a partir de sus experiencias en distintos países, incluidos los años que pasó en Perú, y esa mezcla terminó convirtiéndose en una de las características que distinguieron a Nobu frente a otros restaurantes japoneses.

De Niro había encontrado algo que quería llevar a Nueva York. Lo que todavía no sabía era que también había encontrado el comienzo de un negocio que terminaría siendo muchísimo más grande que un restaurante.

Primero fueron los restaurantes. Después llegaron los hoteles

Durante años, Nobu creció como restaurante. La marca comenzó a aparecer en distintas ciudades y se convirtió en un lugar asociado con celebridades, empresarios y viajeros que buscaban una experiencia gastronómica de alto nivel, pero entonces apareció una nueva oportunidad: llevar ese concepto fuera del restaurante.

De Niro observó que algunos hoteles que incorporaban restaurantes Nobu funcionaban particularmente bien. La gente no solamente iba a comer; el restaurante también comenzaba a formar parte de la experiencia del propio hotel, y ahí apareció una pregunta bastante lógica: ¿qué pasaría si toda esa experiencia pudiera pertenecer a la misma marca?

La respuesta llegó en 2013, cuando Nobu Hotel Caesars Palace, en Las Vegas, se convirtió en el primer hotel de la marca. La lógica era sencilla: si una persona ya asociaba Nobu con cierto tipo de comida, diseño y servicio, también podía hacerlo con una habitación de hotel.

A partir de ahí, Nobu dejó de ser solamente el nombre de un restaurante. La marca empezó a expandirse hacia la hospitalidad y encontró una nueva forma de monetizar algo que ya había construido durante años: la experiencia alrededor de su nombre.

Nobu Hotel Mexico

De Nueva York a Los Cabos, Londres y Marrakech

Hoy Nobu está muy lejos de aquel primer restaurante de Tribeca. Según la cartera de la marca, su expansión ya alcanza ciudades como Las Vegas, Londres, Barcelona, Chicago, Madrid, Roma, Toronto, Varsovia, Marbella, Marrakech, Miami Beach y San Sebastián, además de destinos turísticos como Ibiza y Los Cabos. Lo que empezó como una apuesta gastronómica en Manhattan terminó convertido en una marca de hospitalidad con presencia internacional.

México también forma parte de esa expansión. En Los Cabos, Nobu opera un hotel frente al mar que combina hospedaje, restaurantes y el concepto general de la marca. Además, la compañía contempla un proyecto residencial en Tulum, una señal de que el negocio ya no se limita a llevar el restaurante a nuevas ciudades, sino que busca convertir el nombre Nobu en una experiencia completa.

Y todavía hay proyectos en camino. Entre ellos aparece Nobu Beach Inn Barbuda, que contempla 36 habitaciones, villas privadas, restaurante, club de playa y spa. De acuerdo con la cartera de proyectos de la compañía, su finalización está prevista para finales de 2026.

Ahí está precisamente la evolución del negocio: Nobu ya no vende solamente comida. Dependiendo del destino, puede vender una cena, una habitación, una residencia o incluso una experiencia vacacional completa. El restaurante fue la puerta de entrada, pero el verdadero crecimiento llegó cuando la marca descubrió que podía llevar esa misma identidad mucho más allá de la mesa.

Pero hay algo extraño: no se llama De Niro

Aquí es donde la historia se vuelve todavía más interesante. Robert De Niro tenía un apellido capaz de llamar la atención por sí solo, así que habría sido perfectamente lógico imaginar un "De Niro Hotel" o "De Niro Restaurant" en algún lugar del mundo; sin embargo, el negocio tomó otro camino y eligió el nombre de su socio chef.

¿Fue una estrategia de branding perfectamente calculada desde el principio? No lo sabemos. No existe una declaración pública que permita afirmar que De Niro y sus socios evitaron deliberadamente su apellido para construir una marca independiente, pero el resultado tiene una ventaja bastante evidente desde la perspectiva del marketing.

La investigación sobre el uso de celebridades en las marcas ha encontrado que la asociación entre una figura conocida y un producto puede influir en la actitud del consumidor y en su intención de compra. Pero ese efecto también depende de elementos como la congruencia entre la imagen de la celebridad y la marca y la credibilidad que el público percibe en esa relación.

Dicho de otra manera, tener a Robert De Niro como socio puede llamar la atención, pero poner "De Niro" en absolutamente todo no necesariamente habría sido la mejor estrategia para construir una compañía internacional. Una marca también necesita tener una identidad propia y conseguir que el público la reconozca por lo que ofrece, no solamente por quién está detrás.

Nobu Los Cabos

Nobu puede existir sin Robert De Niro

Cuando alguien escucha "Nobu", puede pensar en cocina japonesa, hoteles de lujo, diseño, restaurantes o una determinada experiencia de viaje. No necesariamente necesita pensar primero en Taxi Driver, Goodfellas o El Padrino II para saber qué está comprando.

Ahí aparece una posible ventaja. De Niro aporta reconocimiento, pero Nobu puede construir asociaciones propias y eso permite que la marca funcione incluso para alguien que no tenga especial interés en las películas del actor o que simplemente conozca el nombre por sus restaurantes y hoteles.

No podemos asegurar que esa fuera la intención original de los fundadores, pero desde la perspectiva del branding, el resultado tiene sentido. Cuando una marca logra que el consumidor recuerde el nombre por la experiencia que ofrece, deja de depender por completo de la fama de una sola persona.

Y eso se vuelve especialmente importante cuando el negocio crece hasta tener presencia en distintos continentes. Un huésped puede reservar un Nobu en Londres, Madrid o Los Cabos sin necesidad de que Robert De Niro aparezca en la recepción para explicarle qué está comprando.

El nombre del chef terminó siendo más grande que el del actor

Hay una ironía bastante buena en toda esta historia. El nombre que terminó recorriendo el mundo no fue el del actor que ayudó a impulsar el negocio, sino el del chef al que De Niro quería llevar a Nueva York.

Nobu Matsuhisa terminó convirtiéndose en una parte esencial de la identidad de la compañía. Su cocina fue la puerta de entrada y su nombre terminó funcionando como una marca que podía crecer mucho más allá del restaurante original.

Eso permitió que el negocio tuviera una historia propia. Un huésped puede reservar una habitación en un Nobu de Londres, Madrid o Los Cabos sin tener ningún interés particular en las películas de Robert De Niro. La experiencia tiene que venderse por sí misma, y ahí es donde una marca internacional necesita ser mucho más que el apellido de una celebridad.

De una marca gastronómica a una marca de estilo de vida

El crecimiento de Nobu también muestra cómo una marca puede aprovechar algo que ya funciona para entrar en negocios completamente distintos. Primero fue el restaurante, después llegó el hotel y posteriormente aparecieron las residencias.

La compañía puede vender ahora una experiencia mucho más amplia: comer en un Nobu, hospedarse en un Nobu y, en algunos destinos, incluso vivir en una residencia relacionada con la marca. Cada una de esas piezas puede reforzar a las demás y hacer que el consumidor tenga más puntos de contacto con el mismo nombre.

La comida fue la puerta de entrada, pero la hospitalidad terminó convirtiéndose en una parte fundamental del negocio. Y ahí está uno de los movimientos más interesantes de Nobu: no necesitó abandonar aquello que la hizo conocida, sino utilizarlo como punto de partida para construir algo más grande.

De Niro Negocios

Robert De Niro puso la fama, pero no se quedó con la marca

En 1994, todo esto todavía cabía dentro de un restaurante en Nueva York. Más de tres décadas después, Nobu cuenta con una red internacional de hoteles, restaurantes y residencias, además de nuevos proyectos en distintos destinos.

Robert De Niro aportó algo difícil de comprar: fama y visibilidad. Pero la marca terminó haciendo algo todavía más complicado: construir una identidad que no necesita tener al actor en la puerta para funcionar.

Y quizá ahí está la parte más interesante de toda la historia. No sabemos si desde el principio fue una estrategia calculada, pero el resultado fue que De Niro no convirtió su apellido en el producto. El actor ayudó a poner a Nobu frente al mundo, mientras que Nobu terminó construyendo su propia reputación.

Hoy la marca puede vender una cena en Londres, una habitación en Los Cabos o una residencia en otro rincón del mundo sin necesidad de que Robert De Niro aparezca en la fotografía. El actor puso la fama sobre la mesa; el chef puso el nombre. Y el negocio convirtió ambos elementos en algo mucho más grande que aquel primer restaurante de Nueva York. 

Imágenes | Nobu Hospitality, Nobu Hotels, Wikimedia

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