Los meteoritos son un enigma en sí mismos. Desde su origen, el tiempo que han pasado en nuestro planeta hasta sus componentes. En esta ocasión, platicaremos de cómo es que en el interior de una de estas rocas espaciales se halló un mineral cuyo comportamiento térmico es "imposible" para la física.
Encontrado en Alemania en 1724 y bautizado como el "meteorito de Steinbach", esta roca pasó a formar parte de exhibiciones en museos dado su origen exótico y su belleza. Sin embargo, nunca llamó del todo la atención de la comunidad científica hasta que una investigación encontró lo impensable: contiene tridimita.
De manera general, la tridimita es una especie de dióxido de silicio, la cual es extremadamente rara en la Tierra. Se trata de un polimorfismo del cuarzo generado únicamente en condiciones extremas de temperatura y presión. Características imposibles de darse dentro de la geología terrestre.
Si nos ponemos técnicos, la tridimita del meteorito de Steinbach es capaz de mantener una conductividad térmica constante entre los −193 hasta 107 grados de temperatura. En otras palabras, puede conducir el calor en medio del gélido frío en Islandia o una abrazadora ola de calor en el desierto. Lo interesante: ningún otro material conocido se comporta así.
Como contexto, hace casi 20 años un grupo de científicos desarrolló una ecuación teórica en la que se propuso la existencia de materiales con conductividad térmica invariante a la temperatura. La cuestión es que nunca nadie había encontrado un material con dicha capacidad, la cual es una rareza en sí misma.
Ahora bien, en caso de que la tridimita pudiera utilizarse, ayudaría al diseño de dispositivos electrónicos que no se sobrecalientan, así como sistemas de aislamiento aeroespacial. Una eficiencia impensable bajo las leyes de la física. Esto porque la ciencia solía pensar que un material sólido debía ser o un cristal o un vidrio.
Por sus propiedades térmicas, el calor se movía de forma distinta, según fuera el material en cuestión. Por ejemplo, al subir la temperatura en los cristales, el calor se transmite peor; en los vidrios, ocurre al revés y se transmite mejor. Durante años, estas reglas se consideraron fijas. El meteorito de Meteorito de Steinbach rompe esa idea.
Resulta que su material mezcla características de ambos. La tridimita del meteorito tiene enlaces ordenados como un cristal, pero colocados de forma desordenada como un vidrio. Gracias a eso, combina dos formas de mover el calor y ambas se equilibran. En resumen: hace que su conductividad térmica se mantenga estable.
El descubrimiento de los científicos se dio gracias a que vieron que los átomos de silicio seguían una secuencia de "orden de rango medio". No estaban perfectamente acomodadas, pero tampoco al azar. Algo que anteriormente solo existía en modelos matemáticos. El problema, claro está, radica en la escases del material dado que la muestra se encuentra en un meteorito de hace tres siglos.
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