Un estudio de neurociencia lo afirma: los niños que aprendieron a tocar un instrumento desarrollaron una habilidad esencial para la vida

El estudio vinculó el aprendizaje de un instrumento musical con un desarrollo acelerado de la memoria de trabajo

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Ismael Garcia Delgado

Editor Jr
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Ismael Garcia Delgado

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Comunicólogo y Periodista por la UNAM. Redactor, locutor, guionista y creador de contenido. Apasionado por la música ochentera, el cine de acción/sci-fi, series dramáticas y la literatura hispana. Fiel defensor del séptimo arte mexicano.

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Aprender a tocar el piano, la guitarra, el violín o cualquier otro instrumento musical es mucho más que una simple actividad extracurricular para los niños. De acuerdo con un estudio de Frontiers in Integrative Neuroscience, existe una relación directa entre la formación musical temprana y un rendimiento significativamente superior en la memoria de trabajo.

La investigación analizó a niños y adolescentes de entre 9 y 20 años donde se comparó a aquellos que tenían formación musical con los que no. Los resultados revelaron que, especialmente entre los más jóvenes, quienes habían recibido entrenamiento musical mostraron una capacidad notablemente mayor en pruebas que requerían retener información y recuperarla de manera inmediata.

Para medir el desarrollo de esta capacidad cognitiva, los científicos aplicaron distintas pruebas a lo largo del seguimiento. Entre ellas se incluyeron el test de Digit Span (retención de dígitos), que consiste en repetir secuencias numéricas, y el Trail-Making (test del trazo), utilizado habitualmente para evaluar la flexibilidad mental y las funciones ejecutivas del cerebro.

En total, se analizaron los datos de más de cien participantes. El grupo con formación musical estuvo integrado por niños que comenzaron sus clases de instrumentos alrededor de los 7 años con un plan de estudios enfocado en la música. Por otro lado, el grupo de control estuvo conformado por menores sin ningún tipo de instrucción musical formal.

La ventaja de los niños con entrenamiento musical se hizo evidente en las tareas que dependían del mantenimiento activo de la información. Esto significa que tenían una mayor facilidad para recordar una regla o secuencia específica y aplicarla inmediatamente durante el ejercicio. Sin embargo, este beneficio no se observó en todas las funciones cognitivas evaluadas por igual.

Contrario a lo que podría pensarse por su nombre, la memoria de trabajo no es simplemente la capacidad de almacenar recuerdos a largo plazo. Funciona más bien como un espacio de trabajo mental temporal: una especie de "bloc de notas" donde el cerebro mantiene la información disponible mientras realiza una acción específica.

Esta habilidad es la que utilizamos, por ejemplo, cuando memorizamos una serie de instrucciones mientras las ejecutamos, cuando hacemos un cálculo mental sin papel ni lápiz, o al seguir los pasos lógicos para resolver un problema complejo. De ahí que sea una herramienta fundamental para el aprendizaje diario.

En el estudio, la práctica musical se asoció específicamente con una mejor retención de datos en la memoria de trabajo. No obstante, en tareas que requerían manipular y actualizar mentalmente esa información de forma constante, los investigadores no encontraron una diferencia significativa entre ambos grupos.

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Para los científicos, esto se debe a la alta complejidad del entrenamiento musical. Al aprender a tocar una canción, un niño debe gestionar múltiples procesos al mismo tiempo: memorizar secuencias de sonidos, leer una partitura, coordinar movimientos motores finos, escuchar con atención el tono y el ritmo, y corregir cualquier error sobre la marcha.

Si además la práctica se realiza en grupo, el desafío cognitivo es aún mayor. El músico debe concentrarse en su propio instrumento y, de manera simultánea, seguir el tempo colectivo. Esta intensa demanda mental estimula constantemente las redes cerebrales ligadas a la memoria de trabajo. 

Los investigadores notaron que la ventaja cognitiva de los niños músicos era mucho más pronunciada en las edades más tempranas. Sin embargo, a medida que los participantes crecían y se acercaban a la edad adulta, esa brecha tendía a cerrarse. En otras palabras, los adolescentes sin entrenamiento musical también alcanzaron un rendimiento similar en las pruebas dado el desarrollo biológico natural de sus cerebros.

Por lo tanto, la conclusión de los científicos es muy precisa: la formación musical a temprana edad está asociada con una trayectoria acelerada de desarrollo en ciertos componentes de la memoria de trabajo, especialmente visibles durante la niñez y el inicio de la adolescencia. Sin embargo vale la pena mencionar algo: se concentra únicamente en procesos de mantenimiento de la información.

Aun así, este estudio ayuda a entender por qué la neurociencia sigue analizando el aprendizaje instrumental. No se trata solo de cultivar un talento artístico, sino de entender cómo enfrentar al cerebro a desafíos que involucran atención, coordinación y disciplina puede moldear el desarrollo cognitivo de las nuevas generaciones.

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