Hace 400 años un jesuita descubrió un túnel secreto en Machu Picchu: siglos después se confirmó su existencia

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Ismael Garcia Delgado

Editor Jr
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Ismael Garcia Delgado

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Comunicólogo y Periodista por la UNAM. Redactor, locutor, guionista y creador de contenido. Apasionado por la música ochentera, el cine de acción/sci-fi, series dramáticas y la literatura hispana. Fiel defensor del séptimo arte mexicano.

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Al ser una de las zonas arqueológicas más importantes de América, es claro que Machu Picchu tiene mucho que ofrecer. Tal es el caso de un túnel secreto debajo de la ciudad de Cusco descubierto por un hombre jesuita hace 400 años. Pero no se confirmó hasta siglos más tarde.

Como narran en DW, se tenían conocimientos de estos túneles desde los siglos XVI y XVII. Conocido como chincana en quechua, el laberinto tiene una longitud de casi dos kilómetros y conecta el Coricancha, o Templo del Sol, con la fortaleza de Sacsayhuamán situada al norte de la ciudad.

De acuerdo con IFL Science, la red está compuesta por una rama principal y tres pequeñas vías que se extienden hacia las zonas de MuyucmarcaCallispuquio hasta la iglesia de San Cristóbal. Lo interesante es que todo esto fue documentado por un jesuita anónimo y el cronista Anello de Oliva

Resulta que los documentos previos en los que se describieron los pasadizos datan de 1594. Con base en ellos, los arqueólogos pudieron dar con la ubicación de la chincana por medio de un pasadizo que pasaba por debajo de las casas del obispo, detrás de la catedral de Cusco.

inca Ubicación del túnel y fotografías de los arqueólogos Jorge Calero y Mildred Fernández. Imagen | arqueologosdeperu en Instagram.

A través de Instagram, la Asociación de Arqueología de Perú declaró que para construir los pasadizos, los incas cavaron zanjas y luego las sostuvieron con muros de piedra y techos de vigas talladas. Al parecer se adecuaban a la población: un ancho de entre 1 y 2.60 metros y una altura de 160 centímetros

Posterior al mapeo del laberinto, el siguiente paso fue acceder físicamente a los túneles que conectan Coricancha con Sacsayhuamán. Esto con el fin de averiguar para qué los usaban los incas. Además, parece que la chincana debajo del Templo del Sol no fue la única zona descubierta.

Hasta ahora se sabe de la existencia al menos otras cuatro redes de túneles, de los cuales aún es un misterio el fin de su existencia. Según Jorge Calero Flores, uno de los líderes del proyecto, considera que pudieron servir para que los nobles se movieran con discreción por la ciudad.

De esta manera, el Congreso de la República indicó que la chincana de Coricancha representa la herencia cultural de Perú, lo que le otorga una mayor importancia al hallazgo. El proyecto también contó con el respaldo de organizaciones como la Asociación de Comunidades Indígenas del Parque Arqueológico de Sacsayhuamán.

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