El hábito de llevar el celular al baño podría estar detrás de un problema de salud cada vez más común en los jóvenes.
Para muchos una escena cotidiana es sentarse en el inodoro y, casi de forma automática, sacar el teléfono para revisar redes sociales, leer noticias o ver TikTok. Aunque parezca un gesto inofensivo, el hecho de llevar el celular al baño se ha convertido en un hábito generalizado.
Sin embargo, detrás de esa rutina hay una consecuencia incómoda y poco discutida que comienza a aparecer con mayor frecuencia, especialmente entre las generaciones más jóvenes.
Un estudio reciente realizado por investigadores del Centro Médico Beth Israel Deaconess en Estados Unidos analizó esta práctica aparentemente trivial y encontró una relación directa entre el uso del celular en el baño y el riesgo de desarrollar hemorroides.
El celular ya cambió hasta cómo vas al baño: el hábito que está afectando tu salud
El uso del celular en el baño se ha convertido en un comportamiento ampliamente generalizado. De acuerdo con el estudio, el 66% de los participantes admitió usar su celular mientras estaba en el inodoro, una cifra que confirma hasta qué punto este hábito se ha normalizado.
El mismo análisis, realizado con 125 adultos sometidos a colonoscopias, encontró que quienes utilizaban el celular en el baño eran, en promedio, más jóvenes que quienes no lo hacían. Esto refuerza la idea de que se trata de un comportamiento especialmente arraigado en generaciones digitales.
Pero el punto clave no es el uso del dispositivo en sí, sino el tiempo que implica. Según los datos, el 37.3% de los usuarios de smartphone permanecían más de cinco minutos en el baño, frente a apenas el 7.1% de quienes no usaban el teléfono. Este incremento en el tiempo, aunque parezca menor, es determinante desde el punto de vista clínico.
En términos médicos, permanecer sentado por periodos prolongados aumenta la presión en la zona anal, lo que favorece la aparición de hemorroides. El estudio encontró que el uso del celular en este contexto se asocia con un incremento del 46% en el riesgo de desarrollar esta afección, incluso después de ajustar variables como edad, dieta o actividad física.
Más allá de la correlación, el dato relevante es que el dispositivo actúa como un factor de distracción que altera el comportamiento natural del cuerpo. Es decir, no es el celular como tal, sino lo que provoca: que las personas se queden más tiempo del necesario.
Leer noticias o redes sociales en el baño: la distracción que alarga el tiempo sin que lo notes
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio tiene que ver con lo que las personas hacen mientras usan el celular en el baño. La actividad más común fue leer noticias (54.3%), seguida del uso de redes sociales (44.4%).
Ambas actividades están diseñadas para captar la atención y fomentar el consumo continuo de contenido con un scroll infinito. En otras palabras, no solo acompañan el momento, sino que lo extienden.
La propia autora del estudio, Trisha Pasricha, advierte que las aplicaciones móviles están optimizadas para que los usuarios pierdan la noción del tiempo. Este diseño, que funciona perfectamente en otros contextos, puede tener efectos inesperados cuando se traslada al inodoro.
El resultado es un cambio en la dinámica fisiológica. Lo que debería ser un proceso breve se convierte en una estancia prolongada, muchas veces innecesaria. Y es ahí donde aparece el problema: el cuerpo permanece en una posición que incrementa la presión sobre los tejidos, lo que favorece la inflamación.
Curiosamente, el estudio también señala que no se encontró una relación directa entre el esfuerzo al defecar y el riesgo de hemorroides, un factor que históricamente se consideraba clave. Esto sugiere que el tiempo sentado podría ser más determinante que otros hábitos.
No soltamos el celular ni en el baño: el uso excesivo de smartphones ya impacta la salud
El fenómeno no puede entenderse solo desde la salud digestiva. El uso del celular en el baño es parte de un patrón más amplio: la integración total de los dispositivos en cada momento de la vida diaria, incluso en los más íntimos y biológicos.
Diversos estudios han vinculado el uso excesivo de smartphones con sedentarismo, menor actividad física y alteraciones en el sueño. En ese contexto, lo que ocurre en el baño es solo una extensión de un comportamiento más profundo: la incapacidad de desconectarse incluso en pausas naturales del cuerpo.
Este patrón no se limita al baño. Una investigación de la Sociedad Española de Neurología (SEN), encontró que el uso del celular durante las comidas también altera la relación con la alimentación.
Según el estudio, comer mientras se usa el teléfono reduce la atención a las señales internas de hambre y saciedad, lo que puede llevar a ingerir hasta un 30% más de calorías. Además, modifica la percepción del sabor y acelera el ritmo de la ingesta, generando una desconexión entre el cuerpo y el acto de comer.
El punto en común entre ambos casos es la distracción constante. Ya sea en el baño o en la mesa, el celular introduce un estímulo externo que desplaza la atención de procesos fisiológicos básicos, alterando tiempos, sensaciones y comportamientos.
Aun así, los hallazgos son consistentes con una tendencia más amplia: el smartphone no solo acompaña nuestras rutinas, sino que las redefine afectando el funcionamiento natural del cuerpo.
La recomendación que se desprende de ambos estudios es simple, pero difícil de aplicar en la práctica: limitar el uso del celular en momentos clave como comer o ir al baño, simplemente por una lógica fisiológica.
En un entorno donde el teléfono se ha convertido en una extensión del cuerpo, este tipo de hallazgos plantean una pregunta más profunda: no sólo cuánto tiempo usamos el teléfono, sino en qué momentos y qué consecuencias tiene.
Cómo ir al baño de forma saludable: tiempo recomendable y qué hacer si hay estreñimiento
Más allá del uso del celular, los especialistas coinciden en que la forma en la que vamos al baño influye directamente en la salud digestiva. De acuerdo con el Centro Integral de Fisioterapia Perineal, una de las claves está en la postura: elevar las rodillas por encima de la cadera—por ejemplo, usando un banquito— ayuda a alinear el recto y facilita la evacuación sin necesidad de esfuerzo.
En cuanto al tiempo, los expertos recomiendan no permanecer más de 3 a 5 minutos en el inodoro. Superar ese tiempo puede aumentar la presión en la zona anal. Si existe estreñimiento, la recomendación es no forzar la evacuación. Pujar en exceso o contener la respiración puede generar complicaciones.
En su lugar, se aconseja adoptar una postura adecuada, relajarse y permitir que el proceso ocurra de forma natural, además de mejorar hábitos como la ingesta de fibra y agua.
Sobre la frecuencia, no existe un parámetro único. Según la doctora Trisha Pasricha, profesora adjunta de medicina en Harvard, es normal evacuar desde una vez cada tres días hasta tres veces al día, siempre que el patrón sea constante en cada persona. Cambios abruptos en la frecuencia, el color o la consistencia de las heces son señales que requieren atención médica.
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