Seguro has visto a alguien hacer algo completamente normal y conseguir que parezca que tiene el control absoluto de la situación. Se equivoca y no se inmuta, entra a un lugar como si todos estuvieran esperándolo y responde con una tranquilidad que hace que los demás parezcan mucho más nerviosos. Y en internet ya tenemos una forma de medirlo: +1,000 aura.
"Farmear aura" convirtió algo tan difícil de medir como el carisma, la seguridad o la presencia en una especie de videojuego social. Cada gesto puede sumar o restar puntos imaginarios; como una respuesta elegante da aura; tropezarse frente a todos puede quitarla; intentar desesperadamente demostrar que tienes aura probablemente te quite todavía más.
Lo curioso es que la broma de internet tiene detrás una idea que la psicología social lleva décadas estudiando: la manera en que las personas construimos y controlamos la impresión que causamos en los demás. México acaba de llevar esa idea un paso más allá: el "aura" que antes se medía en comentarios ahora también se está convirtiendo en una competencia frente a una audiencia real.
Todos actuamos un poco cuando hay alguien mirando
El sociólogo Erving Goffman propuso una manera bastante peculiar de entender las interacciones sociales: imaginarlas como una obra de teatro. En The Presentation of Self in Everyday Life, publicada en 1959, Goffman planteó una perspectiva dramatúrgica en la que las personas desempeñamos diferentes papeles dependiendo de la situación y de quién esté observándonos.
Su modelo distingue entre un "escenario frontal" (front stage), donde presentamos determinada imagen ante una audiencia, y un "escenario posterior" (back stage), donde podemos relajarnos y dejar de mantener esa misma actuación. No significa necesariamente que estemos fingiendo ser alguien que no somos.
Piensa en una entrevista de trabajo. Probablemente no te comportas igual que cuando estás sentado en el sillón de tu casa viendo una serie; cuidas lo que dices, tu postura, la ropa, el tono de voz e incluso la manera en que reaccionas cuando algo sale mal y no necesariamente estás mintiendo, estás intentando transmitir una determinada imagen.
Eso es lo que se relaciona con la llamada gestión de la impresión: el conjunto de comportamientos mediante los cuales intentamos influir en la manera en que los demás nos perciben y ahí empieza a tener sentido el aura farming.
Farmear aura es convertir la gestión de la impresión en un juego
Cuando alguien dice que otra persona está "farmeando aura", normalmente no está hablando de una habilidad sobrenatural. Está describiendo una conducta que parece diseñada para producir una determinada impresión en los demás.
Mantener la calma después de cometer un error puede transmitir seguridad. No reaccionar exageradamente ante una provocación puede hacer que alguien parezca tener mayor autocontrol. Incluso caminar, vestirse o hablar de determinada manera puede formar parte de la imagen que una persona quiere proyectar.
Goffman precisamente hablaba de cómo utilizamos nuestra apariencia, comportamiento, objetos y entorno para construir una determinada impresión frente a una audiencia.
La diferencia es que internet convirtió todo ese proceso en un sistema de puntuación. Antes alguien podía decir: "Esa persona tiene mucha presencia", pero ahora puede decir: "+10,000 aura". La situación social es la misma; lo que cambió fue la manera de describirla.
Una sola escena puede cambiar lo que pensamos de alguien
Existe otro fenómeno psicológico que ayuda a entender por qué una acción aparentemente pequeña puede cambiar tanto nuestra percepción: el efecto halo. El concepto fue descrito originalmente por el psicólogo Edward Thorndike y se refiere, de manera general, a la tendencia a dejar que una impresión sobre una característica influya en la valoración de otras cualidades de una persona.
Por ejemplo, alguien que nos parece agradable puede terminar pareciéndonos también más competente o inteligente, aunque no tengamos suficiente información para comprobarlo. Lo mismo puede ocurrir con la seguridad.
Imagina que dos personas cometen exactamente el mismo error frente a un grupo. Una empieza a disculparse nerviosamente y explicar todo lo que ocurrió; la otra simplemente reconoce el error, sonríe y continúa. Ninguna de esas reacciones demuestra quién es más inteligente o capaz, pero podemos interpretarlas de manera diferente.
Si la segunda persona nos transmite seguridad, esa primera impresión puede influir en cómo juzgamos otras características suyas y ahí es donde el "aura" empieza a tener sentido psicológico: no porque exista una barra de carisma, sino porque una conducta puede cambiar la impresión que los demás construyen sobre nosotros.
También puedes perder aura en un segundo
La lógica funciona en ambos sentidos. Si una conducta refuerza una impresión positiva, otra puede romperla. La persona que parecía completamente tranquila puede reaccionar de una manera que el público interprete como desesperación.
Alguien que parecía tener todo bajo control puede comenzar a buscar desesperadamente aprobación. Desde la perspectiva de Goffman, sería algo parecido a un problema en el escenario frontal: aparece una conducta que contradice el papel que la persona estaba proyectando y, cuando una interacción se rompe, las personas también pueden intentar repararla mediante disculpas, explicaciones u otras estrategias para recuperar la situación.
Internet convirtió eso en: -500 aura y lo interesante es que todos entendemos inmediatamente qué significa. No porque exista realmente una puntuación, sino porque ya compartimos las reglas del juego.
Internet convirtió el carisma en puntos
El carisma, la seguridad y la presencia son difíciles de medir. No existe una escala universal que permita decir que una persona tiene 80 puntos de carisma y otra 43; además, una misma conducta puede generar impresiones diferentes dependiendo de quién esté mirando y del contexto.
Pero decir "+1,000 aura" elimina toda esa complejidad. Es prácticamente la lógica de un videojuego: haces algo, recibes una recompensa y todos entienden por qué la recibiste.
Una situación social complicada queda reducida a una regla sencilla que puede compartirse en un comentario, un video o un meme y precisamente por eso funciona tan bien. No necesitas explicar qué es el carisma, solo necesitas que todos estén de acuerdo en que determinada conducta merece puntos.
México llevó el “aura” de los comentarios a la vida real
Hasta hace poco, farmear aura era principalmente algo que ocurría frente a una pantalla. Alguien hacía algo que parecía increíblemente seguro o carismático y los comentarios decidían cuántos puntos imaginarios había ganado.
Pero en México la tendencia comenzó a salir de internet. El 19 de agosto, una competencia realizada en Xalapa reunió a cerca de 30 participantes que tuvieron que mostrar poses, bailes, movimientos y rutinas frente al público, y el ganador recibió 2,000 pesos.
Unos días antes, Morelia también tuvo su propia batalla de aura en la Plaza de Armas, como parte de una tendencia que comenzó a trasladarse de las redes sociales a espacios públicos.
Eso es lo interesante. La competencia no mide quién corre más rápido, quién canta mejor o quién puede levantar más peso. Mide qué impresión consigue provocar cada participante, y especialmente la audiencia se convierte en el marcador.
En una batalla de aura, literalmente tienes una audiencia enfrente
Aquí Goffman habría encontrado una coincidencia bastante curiosa. En una interacción cotidiana, todos tenemos que decidir cómo comportarnos cuando sabemos que alguien nos está mirando, pero en una batalla de aura, eso deja de ser algo implícito y se convierte en el objetivo de la actividad.
Hay un escenario, hay una audiencia, hay participantes que tienen que controlar sus gestos, su actitud y la manera en que reaccionan ante lo que ocurre y hay algo todavía más interesante: todos saben que están actuando para producir una impresión.
La persona que entra al espacio de competencia no necesita demostrar una habilidad física concreta. Tiene que conseguir que quienes están mirando piensen que tiene presencia, seguridad o estilo.
En otras palabras, lo que normalmente hacemos de manera más o menos inconsciente durante una interacción social ahora se convierte en el juego. Hay que parecer que tienes aura.
El público se convierte literalmente en el marcador
Esto también explica por qué las batallas son diferentes de un videojuego convencional. En un juego puedes tener puntos, niveles y estadísticas objetivas, pero en la vida real no: la puntuación depende de una audiencia.
Una pose puede provocar aplausos. Una reacción inesperada puede generar risas. Una persona puede hacer exactamente el mismo movimiento que otra y recibir una respuesta completamente distinta.
La batalla no mide una propiedad física que exista dentro de una persona. Mide, en todo caso, la reacción que esa persona consigue provocar en los demás y eso conecta directamente con la psicología de la impresión: el “aura” no está dentro de la persona como una sustancia que pueda acumularse, ya que existe en la percepción de quienes la están mirando.
Las redes sociales hicieron todavía más fácil farmear
Hay otra razón por la que este concepto encaja tan bien con internet. En una conversación cara a cara no puedes editar cada gesto antes de mostrarlo; en redes sociales, sí. Puedes repetir una fotografía, borrar una publicación, editar un video, elegir qué momento enseñar o decidir qué parte de tu vida quieres dejar fuera.
Puedes publicar el viaje, pero no las seis horas de vuelo que te dejaron agotado; incluso puedes compartir la respuesta ingeniosa, pero no las cinco que escribiste antes y hasta puedes mostrar el momento en que pareces completamente tranquilo y dejar fuera los minutos anteriores en los que estabas muerto de nervios.
La audiencia solamente recibe el resultado final y, si ese resultado coincide con la imagen que queremos proyectar, probablemente alguien terminará escribiendo lo inevitable: +10,000 aura. La diferencia es que ahora esa audiencia puede ser muchísimo más grande que el grupo de personas que tenemos enfrente.
Farmear aura puede cambiar la percepción, no necesariamente quién eres
Una persona puede parecer segura sin serlo. Puede parecer inteligente sin tener más conocimientos que los demás, puede proyectar autocontrol en una situación concreta y comportarse de manera completamente diferente cuando nadie la está observando.
Eso no significa que la impresión sea falsa, sino que una impresión nunca contiene toda la información sobre una persona. La gestión de la impresión explica cómo intentamos influir en lo que los demás perciben de nosotros, mientras que el efecto halo muestra cómo una característica que nos gusta puede terminar influyendo en nuestra valoración general de alguien. Por eso alguien puede "ganar aura" sin haber ganado absolutamente nada en términos de personalidad. Lo que cambió fue la percepción del público.
Entonces, ¿farmear aura realmente funciona?
Sí, sí entendemos "funcionar" como conseguir que otras personas modifiquen la impresión que tienen de nosotros. La psicología no demuestra que exista una energía llamada aura ni que podamos aumentar nuestro carisma acumulando puntos imaginarios.
Lo que sí está ampliamente estudiado es que las personas gestionamos nuestra presentación social y que las impresiones que formamos de los demás pueden verse afectadas por diferentes señales y sesgos. Una persona que mantiene la calma, parece segura o maneja bien una situación inesperada puede ser percibida favorablemente y eso no significa que realmente sea más inteligente, más capaz o más segura.
Solo significa que consiguió transmitir esa impresión y quizá ahí está el verdadero chiste de "farmear aura". La psicología lleva décadas estudiando cómo construimos nuestra imagen frente a los demás: internet tomó todos esos mecanismos sociales y los convirtió en un videojuego colectivo.
Antes decíamos que alguien tenía carisma, presencia o seguridad. Ahora decimos que está farmeando aura y cuando ese juego llegó a México, ocurrió algo todavía más curioso: la barra de experiencia dejó de estar solamente en los comentarios y apareció frente a una audiencia real.
El aura nunca fue una medida objetiva de quién eres, pero internet encontró una manera bastante divertida de convertir nuestra percepción sobre los demás en una barra de experiencia que todos entendemos.
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