La Armada de Estados Unidos sabe qué va a ocurrir en el planeta: la misión para abrir Ormuz parece una operación suicida

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Ismael Garcia Delgado

Editor Jr
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Ismael Garcia Delgado

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Comunicólogo y Periodista por la UNAM. Redactor, locutor, guionista y creador de contenido. Apasionado por la música ochentera, el cine de acción/sci-fi, series dramáticas y la literatura hispana. Fiel defensor del séptimo arte mexicano.

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Las tensiones militares provocadas por la guerra en Irán han provocado que uno de los pasos marítimos más importantes para el traslado de mercancía se encuentre bloqueado casi en su totalidad. Poco a poco, el Estrecho de Ormuz se transformó en el punto más peligroso del planeta para el comercio a nivel mundial, pero la Armada de Estados Unidos es consciente de lo que pasaría si buscan abrirlo a la fuerza: una posible misión suicida

Sobre este estrecho se desplazan diariamente cerca de 20 millones de barriles de petróleo, así como una quinta parte del gas natural licuado. Cantidad capaz de satisfacer la demanda de diversos países. La cuestión es que todo este traslado se ha paralizado por diversos ataques con drones y misiles hacia los buques. Pero el problema no queda ahí, sino en la reacción de Washington. La mayor potencia naval del planeta reconoció no estar preparada.

De acuerdo con TWZ, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, declaró que la Marina estadounidense no se encuentra lista para escoltar los buques petroleros a lo largo del Estrecho de Ormuz. Esto ya que necesitan una planificación de semanas para organizar los convoyes, cuestión que transforma una respuesta directa a una misión de alto riesgo. Como resultado, el bloque energético en el golfo pérsico podría prolongarse más tiempo de lo pensado.

¿Por qué? A grandes rasgos, el escenario plantea que los navíos de escolta necesitarían fragatas y destructores a fin de proteger los cargueros. A la par, unidades especializadas estarían dedicadas a buscar minas y drones en medio de múltiples amenazas como enjambres de lanchas explosivas, drones kamikaze e incluso posibles minas ocultas en el mar. Así, las planificaciones militares de Estados Unidos han quedado en una situación "complicada": neutralizar todo un sistema bélico.

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Entre la amplia gama de armamento desplegado a lo largo de Ormuz, Irán utiliza una bastante simple, barata y extremadamente peligrosa: las minas navales. Se trata de dispositivos sumergidos en el fondo del mar que explotan al contacto y son difíciles de detectar. De esta manera, en medio del riesgo de sufrir un ataque y que las mismas aseguradoras no quieren asumir el riesgo, la verdadera intención se encuentra en sembrar un miedo capaz de bloquear el tráfico. 

Entonces, no es necesario que se mine todo el canal para generar una crisis energética. Solo basta con generar una simple sospecha que obligue a inspeccionar cada centímetro en el agua por medio de sonares, drones submarinos y barcos especializados. Un proceso que resulta lento, peligroso y que puede no ser del todo útil si el enemigo coloca aún más minas. Y así, se ha logrado minimizar el paso de buques mientras éstos esperan instrucciones. 

Con ello, Irán se encuentra en una posición privilegiada de poder estratégico. Lo que también ha generado un daño colateral en el que los precios energéticos se disparan y gobiernos de distintos países comienzan a liberar sus reservas de petróleo. Con el país en la posición de minar a conveniencia, la inestabilidad en el golfo preocupa a los mercados, así como al mismo ejército estadounidense. El estrecho ahora es un palanca geopolítica.

Para Estados Unidos la idea de proteger los buques ya suena complicada e incluso supone que escale un problema mayor: operaciones terrestres o campañas navales. Claro, en dado caso de que realmente busquen garantizar la seguridad del paso de los barcos en el estrecho marítimo. Mientras Irán tenga en sus manos herramientas capaces de desestabilizar el sistema energético, la apertura de Ormuz suena más complicada de lo que muchos pensaron en un inicio.

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