Manejar un coche puede ser uno de esos placeres que uno no quiere soltar. Una carretera secundaria con curvas, poco tráfico y un auto que responde bien puede convertir un trayecto cualquiera en parte del viaje. Pero hay una pregunta menos agradable que tarde o temprano aparece: ¿en qué momento una persona deja de tener las condiciones necesarias para conducir con seguridad? En México, la ley no responde con una edad exacta para dejar el volante.
La Ley General de Movilidad y Seguridad Vial no establece una edad máxima para tramitar una licencia. Tampoco fija un límite nacional basado únicamente en los años del conductor. Una persona puede continuar al volante mientras tenga una licencia vigente y acredite, mediante la valoración correspondiente, que conserva las capacidades físicas y mentales necesarias para conducir.
La edad sí modifica la vigencia de la licencia.
La edad sí modifica la vigencia de la licencia. Para quienes tienen menos de 60 años, el documento puede contar con una vigencia de 10 años. Entre los 60 y los 80 años, el periodo baja a cinco años. Para quienes superan los 80, la vigencia es de un año. El criterio de la norma, por tanto, no es decir que a cierta edad una persona deja de conducir, sino aumentar la frecuencia con la que debe acreditar que conserva las habilidades necesarias.
Ese detalle cambia bastante la discusión. Tener 80 años no convierte automáticamente a alguien en un conductor incapaz, de la misma forma que cumplir 50 no garantiza que una persona conserve buenos reflejos, visión o movilidad. Dos conductores con la misma edad pueden encontrarse en condiciones completamente distintas. Por eso una cifra, por sí sola, no sirve para decidir quién debería dejar las llaves.
El problema aparece cuando los cambios físicos empiezan a interferir con tareas que al volante parecen pequeñas, pero resultan fundamentales. La rigidez en músculos y articulaciones puede dificultar el giro del volante o el movimiento rápido de la cabeza para revisar el entorno. Los reflejos también pueden volverse más lentos. Una maniobra que antes requería una reacción inmediata puede tomar unos instantes adicionales, justo cuando el tráfico no da margen para equivocarse.
La responsabilidad de preguntarse si se tiene el control necesario para ponerse al volante
La vista merece una atención especial. Con los años puede resultar más difícil leer con rapidez una señal, distinguir un objeto en el camino o reaccionar ante cambios repentinos en el entorno. La pérdida de audición también puede complicar la conducción, porque algunos sonidos del propio vehículo o las advertencias de otros conductores dejan de percibirse con la misma facilidad. La fatiga y las condiciones como lluvia o niebla pueden representar otra dificultad.
Hay señales más concretas que pueden decir mucho más que la edad escrita en una credencial. Una persona puede empezar a sentirse insegura en trayectos que antes conocía de memoria, perderse con mayor frecuencia o necesitar más tiempo para llegar a los mismos lugares. Los pequeños golpes y choques también merecen atención, sobre todo si antes eran poco habituales. No hace falta esperar a un accidente grave para reconocer que algo cambió.
También está la percepción del tráfico. Si cada motociclista, ciclista o peatón parece aparecer de la nada, si cada maniobra de otro conductor provoca un sobresalto o si la persona al volante siente que todos los demás manejan peor que antes, conviene preguntarse si el cambio está realmente en los demás. Una mayor intolerancia o una sensación constante de peligro pueden ser señales para revisar las condiciones físicas y cognitivas antes de seguir conduciendo como si nada hubiera cambiado.
El punto tampoco es asumir que una persona mayor debe dejar de manejar por cumplir años.
La decisión de dejar el coche, entonces, no debería depender de llegar a una edad específica. Las evaluaciones médicas y la propia experiencia al volante pueden ofrecer señales mucho más útiles. El punto tampoco es asumir que una persona mayor debe dejar de manejar por cumplir años. Es reconocer que conducir exige capacidades que pueden cambiar con el tiempo y que una licencia vigente no sustituye la responsabilidad de preguntarse, con honestidad, si todavía se tiene el control necesario para ponerse al volante.
Imagen | Motorpasión México
En Xataka México | Tiene cinco años y acaba de conducir un Lamborghini Revuelto a más de 300 kilómetros por hora
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