Gastaron más de cinco millones de dólares para salvar una especie en peligro: seis meses después habían perdido 29 de 30 aves

Lo que ocurrió demostró por qué la conservación es mucho más compleja de lo que parece.

Urogallos
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samantha

Samantha Guerrero

Editora Jr
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Durante años, científicos españoles intentaron salvar al urogallo cantábrico mediante uno de los programas de conservación más ambiciosos del país. Liberaron 30 aves criadas en cautiverio con la esperanza de reforzar una población que lleva décadas disminuyendo. Seis meses después, solo una seguía con vida.

La cifra parece demoledora. Según el medio Diario Uno, más de cinco millones de dólares invertidos, años de trabajo científico y una tasa de supervivencia cercana al 3%. Sin embargo, para los investigadores, el resultado no representa únicamente un fracaso. También ofrece una lección sobre uno de los mayores desafíos de la conservación moderna: criar animales amenazados es apenas el primer paso. Conseguir que sobrevivan en libertad suele ser mucho más difícil.

Una especie única que lucha por sobrevivir

El urogallo cantábrico es una de las aves más amenazadas de Europa y una subespecie exclusiva de los bosques montañosos del norte de España. Durante décadas, la fragmentación de su hábitat, la presión humana sobre los ecosistemas y la reducción progresiva de sus poblaciones han llevado a la especie a una situación crítica.

Las estimaciones más recientes apuntan a que quedan menos de 300 ejemplares en libertad. Ante este escenario, los científicos recurrieron a una estrategia utilizada en numerosos programas de conservación: criar individuos en cautiverio y liberarlos posteriormente en su entorno natural para reforzar las poblaciones silvestres. Sobre el papel parecía una solución lógica. La realidad terminó siendo mucho más compleja.

El verdadero reto comenzó después de la liberación

Los 30 urogallos fueron equipados con dispositivos de seguimiento para monitorear qué ocurría una vez que regresaran al bosque. Fue entonces cuando apareció el principal problema. Aunque las aves habían logrado sobrevivir en un entorno controlado, enfrentarse nuevamente a la naturaleza exigía habilidades muy distintas. 

Urogallo

Los resultados fueron contundentes. En apenas seis meses, 29 ejemplares habían muerto.

La experiencia puso de manifiesto una realidad conocida por muchos conservacionistas: los animales criados en cautiverio no siempre desarrollan las mismas capacidades de supervivencia que aquellos nacidos en libertad.

Los depredadores explican gran parte de las muertes

Gracias a los sistemas GPS instalados en las aves, los investigadores pudieron reconstruir las causas de mortalidad con bastante precisión. Los datos mostraron que la principal amenaza no fueron enfermedades ni problemas de adaptación alimentaria. El factor más importante fueron los depredadores naturales.

De las 29 muertes registradas, 12 fueron atribuidas a ataques de zorro. A ellas se sumaron seis causadas por aves rapaces y cuatro relacionadas con martas, pequeños mamíferos carnívoros que habitan los mismos bosques que el urogallo cantábrico. Es decir, las aves regresaron a un ecosistema donde los depredadores seguían desempeñando exactamente el mismo papel que han tenido durante miles de años.

La paradoja es evidente. Después de años de trabajo para criar ejemplares en cautiverio, muchos no lograron sobrevivir cuando tuvieron que enfrentarse nuevamente a las condiciones reales de la naturaleza.

Zorros

El problema nunca fue producir más aves

Ante cifras tan negativas, la tentación es concluir que los millones invertidos no sirvieron para nada. Sin embargo, los especialistas sostienen que los datos obtenidos son precisamente una de las razones por las que estos programas existen.

Durante décadas, numerosos proyectos de conservación se centraron principalmente en aumentar el número de ejemplares disponibles para evitar la desaparición de especies amenazadas. Con el tiempo, los investigadores descubrieron que producir más individuos es solo una parte del proceso.

El verdadero desafío consiste en lograr que esos animales puedan reintegrarse a ecosistemas complejos, competir por recursos, evitar depredadores y adaptarse a condiciones que nunca experimentaron durante su crianza. Recuperar una especie no depende únicamente de cuántos ejemplares se liberan, sino de cuántos consiguen sobrevivir después.

México ya conoce esta historia: la vaquita marina

La historia del urogallo cantábrico no es un caso aislado. México lleva años enfrentando un problema similar con la vaquita marina, uno de los mamíferos marinos más amenazados del planeta.

Durante más de una década, México ha invertido miles de millones de pesos en intentar evitar la desaparición de la vaquita marina. Tan solo entre programas de conservación y compensaciones económicas para comunidades pesqueras, los recursos destinados al problema superaron los 2,700 millones de pesos durante la década pasada.

Aun así, la población continuó disminuyendo. La razón no era la falta de inversión ni de tecnología, sino una amenaza que seguía presente en su entorno: la captura incidental en redes utilizadas para la pesca ilegal de totoaba.

Vaquita

El paralelismo con el urogallo resulta evidente. En España, los ejemplares liberados volvieron a enfrentarse a depredadores que forman parte natural de su ecosistema. En México, la vaquita marina continúa expuesta a una actividad humana que no ha desaparecido por completo.

Tanto el caso de los urogallos como el de la vaquita marina ilustran una de las lecciones más difíciles de la conservación moderna: criar más animales o invertir más dinero no siempre es suficiente. El verdadero desafío consiste en garantizar que puedan sobrevivir una vez que regresan al entorno que originalmente provocó su declive.

Una lección costosa para la conservación

Lejos de abandonar el proyecto, los investigadores consideran que el seguimiento de estas aves proporciona información valiosa para futuras reintroducciones. Saber cuáles fueron las principales causas de mortalidad, cómo se comportaron los ejemplares tras la liberación y qué factores redujeron sus posibilidades de supervivencia permitirá ajustar las estrategias en próximos intentos.

Después de invertir millones de dólares, el principal resultado no fue recuperar una población estable, sino comprender mejor por qué hacerlo resulta tan difícil.

Y quizá esa sea la lección más importante de toda la historia: cuando una especie llega al borde de la extinción, traerla de vuelta suele ser mucho más complicado, costoso e incierto que evitar que desaparezca en primer lugar.

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