La violenta división de una comunidad de chimpancés replantea por qué los humanos hacemos guerras

Chimpance
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Luis Ángel Márquez Flores

Editor Jr
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Luis Ángel Márquez Flores

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A lo largo de tres décadas, investigadores de varias partes del mundo observaron a los chimpancés del Parque Nacional de Kibale, en Uganda. Esta comunidad es muy especial porque se trata de la más grande que se haya estudiado jamás, pues ha llegado a tener hasta 200 individuos. 

Durante años, los primates convivieron pacíficamente, pero un día ocurrió algo extremadamente raro entre los chimpancés: la comunidad comenzó a separarse de forma permanente. Este es un fenómeno que se produce, en promedio, una vez cada 500 años. No obstante, lo que más llamó la atención de los científicos es la violencia con la que se desarrolló este cisma, ya que arroja luz sobre el comportamiento de otra especie: los humanos. 

La guerra civil de los chimpancés

Las guerras entre estos primates se encuentran documentadas desde la década de 1970. En esa época la comunidad del Parque Nacional de Gombe, Tanzania, se separó en dos grupos tras la muerte de un macho mayor de edad: uno en el norte y otro en el sur. Durante los cuatro años siguientes, las facciones se enfrentaron hasta que finalmente el grupo del norte prevaleció.

Algo similar pasó entre los primates del Parque Nacional de Kibale. De acuerdo con un artículo publicado en Science, la comunidad estaba dividida en dos grupos denominados Central y Occidental. Los miembros convivían pacíficamente e incluso había numerosos apareamientos entre grupos.

Sin embargo, en 2015 las cosas cambiaron luego de que miembros de ambos grupos se enfrentaron cerca del centro de sus territorios. En 2017, las tensiones aumentaron cuando miembros del grupo Occidental atacaron al macho alfa del grupo Central, y entre 2018 y 2024, machos del grupo occidental mataron a siete machos adultos y 17 crías del grupo central.

Lo que llamó la atención de los investigadores, es que pese a ser más numerosos, los machos del grupo Central nunca se unieron para matar a ninguno de los chimpancés occidentales. Además, notaron que los bandos que se formaron no se basaron en el parentesco, sino en las lealtades y amistades que se habían forjado a lo largo de los años. 

Chimp

¿Qué ocasionó la división y el conflicto?

Una de las razones que llevan algunos grupos de primates a separarse es la competencia por el alimento cuando este comienza a escasear en la zona donde viven. Sin embargo, de acuerdo con el primatólogo Aaron Sandel, autor principal del estudio, explicó que en Ngogo "todavía había mucha comida".

Al respecto, John Mitani, primatólogo de la Universidad de Michigan y coautor del estudio, considera que "los chimpancés de Ngogo fueron víctimas de su propio éxito". Es decir, el grupo llegó a crecer tanto que mantener la unidad entre los individuos se hizo prácticamente imposible. Esto se hizo más evidente en 2014, luego de la muerte de cinco machos adultos que servían como conectores entre los miembros, posiblemente a causa de alguna enfermedad.

Otra razón para este cisma pudo ser la competencia reproductiva. De acuerdo con Mitani, los machos del grupo Central perdieron el acceso a las hembras del grupo Occidental antes de que estallara la guerra. Esto llevó a los chimpancés del primer grupo a "intentar algo al respecto". Sin embargo, pese a ser más numerosos, fueron derrotados por los de la facción Occidental. "Fueron ellos quienes resultaron víctimas y sufrieron todas las matanzas, lo cual es otro aspecto inusual de la historia", dijo.   

Lo que este episodio dice de nosotros

Para los científicos, el estudio importa no solo por lo que nos dice acerca de los chimpancés, sino por lo que dice de nosotros. Durante mucho tiempo se pensó que las guerras civiles humanas requerían "marcadores culturales": diferencias de religión, etnia, idioma o ideología política.

No obstante, los chimpancés "no están divididos por religión, idioma, política ni etnia". Para el primatólogo Richard Wrangham, el hecho de que hayan caído en un conflicto tan destructivo solo por dinámicas relacionales y competencia por recursos sugiere que la raíz de la guerra es mucho más profunda de lo que creíamos. "Las motivaciones para la guerra tienen mucho más que ver con nuestra biología de lo que se creía hace mucho tiempo", dijo.

Por su parte, James Brooks, del Centro Alemán de Primates en Alemania, afirma que esta investigación nos recuerda el peligro que las divisiones de grupo pueden representar en las sociedades humanas. Como señala ScienceAlert, los humanos compartimos el 98.8 por ciento de nuestro ADN con los chimpancés. Sin embargo, para los expertos, esto no determina nuestro destino. Si bien es cierto que las relaciones humanas pueden generar divisiones mortales, nuestra especie está mucho más inclinada al altruismo y la cooperación, algo que debemos recordar en los tiempos que corren. 

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