Islandia apostó por la semana de 4 días desde 2019. Años después se confirma que la generación Z siempre tuvo la razón

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Ismael Garcia Delgado

Editor Jr
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Ismael Garcia Delgado

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Comunicólogo y Periodista por la UNAM. Redactor, locutor, guionista y creador de contenido. Apasionado por la música ochentera, el cine de acción/sci-fi, series dramáticas y la literatura hispana. Fiel defensor del séptimo arte mexicano.

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La generación Z tiene una idea clara: trabajar menos días sin sacrificar la productividad. Esta tendencia se ha hecho visible en distintos países, pero uno de los casos más representativos es el de Islandia, donde tras varios años de esta implementación cerca del 90% de los trabajadores cuenta con jornadas de tan solo 36 horas laborales a la semana.

Su origen se remonta a 2015, cuando el país inició un programa piloto con alrededor de 2,500 trabajadores que comenzaron a laborar cuatro días a la semana. Los resultados obtenidos impulsaron su expansión y, para 2019, el modelo se extendió mediante acuerdos entre sindicatos y centros de trabajo.

Aunque no se trató de una legislación generalizada, estos acuerdos permitieron a los empleados reducir su jornada o concentrar sus horas laborales. Dicha medida coincide con la percepción de al menos un 81% de jóvenes de la Gen Z. Su idea: este formato significa un aumento en la productividad.

Al igual que en Alemania, uno de los principales temores iniciales fue una posible caída en el rendimiento laboral. Sin embargo, esta adaptación se dio con cautela ante las primeras expectativas. Lo anterior dado a la gran prioridad entre los nuevos empleados: la salud mental.

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A pesar de la incertidumbre, organizaciones como Autonomy informaron que la reducción de la jornada está relacionada con menores niveles de estrés y un mayor bienestar general. Un ajuste que favoreció dinámicas sociales a tal punto en que los jóvenes lograron conciliar el trabajo con la vida personal.

Además, también dio pie a una promoción de igualdad de género. Por ejemplo, como una mayor participación de los hombres en tareas domésticas. Paralelamente, se evidenció una disminución en los niveles de agotamiento laboral, es decir: se redujo el riesgo de sufrir de de burnout

Esta transición hacia semanas laborales más cortas también fue facilitada por factores estructurales para los islandeses. Entre ellos, el mantenimiento de salarios y prestaciones, donde no tienen que compensar días de descanso con más horas laboradas. En segunda instancia: el impulso a la digitalización de servicios y empresas.

Gracias a esto, Islandia ha destacado por contar con una infraestructura tecnológica avanzada, con conexiones de internet rápidas y estables incluso en zonas rurales. Este entorno ha favorecido la expansión del trabajo remoto al tiempo en que ha permitido mantener buenos niveles de productividad bajo esquemas flexibles.

A esto se suma la familiaridad de las nuevas generaciones con herramientas digitales. La población que hoy por hoy se encuentra en edad académica tendrá una adaptación más rápida en cuanto se sumen al mercado laboral, donde los esquemas estarán más orientados a resultados que a la cantidad de horas trabajadas.

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