La protección inmunológica contra el sarampión en México se ha debilitado de forma clara en la última década. Entre 2012 y 2022, la seroprevalencia nacional, es decir, la proporción de personas con anticuerpos, pasó de 99.4 a 82.4 por ciento, una caída de 17 puntos porcentuales. El dato es clave porque la Organización Mundial de la Salud establece que se requiere al menos 95 por ciento de cobertura para evitar brotes de una enfermedad altamente contagiosa.
Una investigación realizada por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE), advierte que el descenso es todavía más pronunciado en adultos jóvenes. En el grupo de 20 a 49 años, la seroprevalencia se ubicó en 71 por ciento, mientras que en niños de un año fue de apenas 67 por ciento, niveles claramente insuficientes para garantizar inmunidad colectiva.
Adultos jóvenes, el eslabón más débil de la inmunidad contra el virus
De acuerdo con el análisis de muestras de sangre de la ENSANUT 2022, los adultos mayores de 50 años mantienen niveles de anticuerpos superiores a 90 por ciento. En contraste, el grupo de 20 a 49 años concentra el mayor rezago. Esta tendencia coincide con los resultados del citado estudio, donde se documenta que los niveles más bajos de anticuerpos neutralizantes se concentran en adultos de 20 a 29 años, seguidos por los de 30 a 39.
Los autores del artículo explican que esta vulnerabilidad está asociada a esquemas incompletos de vacunación y al desgaste de la inmunidad en generaciones que ya no estuvieron expuestas al virus silvestre, eliminado del país en 1996. Sin circulación viral, no existe un “refuerzo natural” de anticuerpos, lo que vuelve crucial la aplicación oportuna de la segunda dosis.
La pandemia agravó un problema que ya venía de antes
La caída estructural de la inmunidad se sumó la disminución en la cobertura de vacunación durante la pandemia de COVID-19. Este fenómeno también es documentado en otro estudio publicado en Vaccines, donde se identifican inconsistencias persistentes entre las dosis de vacunas adquiridas y las efectivamente aplicadas entre 2006 y 2024.
Ese análisis señala que, en casi dos décadas, dejaron de aplicarse alrededor de 22.5 millones de dosis necesarias de la vacuna triple viral (sarampión, rubéola y parotiditis), lo que representa un déficit cercano a una cuarta parte de la población objetivo. Para los investigadores, estas brechas explican por qué los brotes reaparecen incluso en países que ya habían logrado la eliminación del virus.
No es un problema regional ni urbano: el riesgo es generalizado
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio, es que la baja seroprevalencia no presenta diferencias significativas entre regiones ni entre zonas urbanas y rurales. En palabras de los autores, el fenómeno “no está relacionado con la capacidad de implementación de la vacuna a escala regional”, sino con fallas acumuladas en los esquemas de inmunización a lo largo del tiempo.
Esta conclusión contrasta con estudios históricos como “Seroepidemiología del sarampión en México”, publicado en Salud Pública de México en 1992, donde ya se advertía que la edad y el antecedente vacunal eran los factores más determinantes para la protección. Tres décadas después, el patrón se repite, ahora en adultos jóvenes.
El debilitamiento de la inmunidad colectiva no es solo un dato estadístico. Según un reporte de La Jornada, el brote actual de sarampión en el país ha dejado 26 muertes: siete en personas adultas, dos con enfermedades crónicas previas y 19 en niños y adolescentes, muchos de ellos con desnutrición u otros padecimientos. Así que es claro que sin una cobertura de al menos 95 por ciento, el sarampión encuentra el terreno perfecto para volver.
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