En 1967 Canadá construyó casas del futuro como si fueran piezas de Lego. 50 años después aún no saben cómo repararlas

Medio siglo después, la obra mantiene su influencia como una joya arquitectónica 

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Ismael Garcia Delgado

Editor Jr
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Ismael Garcia Delgado

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Comunicólogo y Periodista por la UNAM. Redactor, locutor, guionista y creador de contenido. Apasionado por la música ochentera, el cine de acción/sci-fi, series dramáticas y la literatura hispana. Fiel defensor del séptimo arte mexicano.

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Canadá, año 1967. El arquitecto Moshe Safdie presenta por primera vez su idea de un complejo residencial tan revolucionario como extravagante. Un concepto en el que se apilaran viviendas futuristas como si se tratara de piezas de Lego. Módulos encajados unos con otros que, medio siglo después, aún no saben cómo reparar: Hábitat 67.

Como contexto, desde joven Safdie tuvo la inquietud sobre cómo podrían coexistir hogares en tres dimensiones. Para construir las maquetas, el arquitecto vació tiendas de Lego en Montreal bajo la idea de romper con los dos únicos modelos tradicionales de las ciudades occidentales: bloques de apartamentos o suburbios individuales.

Hábitat 67 fue el resultado de aquel sueño que era, al mismo tiempo, tan radical como simple. En concreto, se apilaron viviendas prefabricadas de hormigón en el que cada uno de estos módulos tuviera luz, terraza, vegetación y la sensación de ser una casa individual en medio de la enorme estructura. El resultado: una de las obras arquitectónicas más problemáticas del siglo XX.

Con la idea de mantener un equilibrio entre la privacidad, la naturaleza y la sensación de hogar Safdie tomó inspiración en la corriente metabolista japonesa. Así, el diseño utópico tomó forma con 354 departamentos, cada uno de unas 90 toneladas, apilados de forma irregular sobre una península artificial frente al río San Lorenzo. Su lema: "For everyone a garden"

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Entre jardines para cada hogar, pasillos elevados y vistas abiertas el proyecto que nació con el objetivo de reducir costos para la vivienda urbana terminó en todo lo contrario. Aunque en un inicio se concibió que la prefabricación podría hacer departamentos con rapidez y producción en cadena, el complejo necesitó una fábrica interna llena de grúas y conexiones complejas

El problema es que cada casa tenía que estar terminada, con ventanas, cableado, baño y cocina, antes de que fuera elevada hasta su posición final. Con los costos disparados, el experimento de democratizar la vivienda canadiense se transformó en una unidad habitacional tan cara que dejó de lado a aquellas comunidades clasemedieras que pretendía atraer. Peor aún, llegó un segundo problema: el moho.

Con el tiempo, Habitat 67 se vio severamente afectada por el agua. Dada la estructura escalonada protagonizada por terrazas, jardines y uniones entre módulos, se volvió una pesadilla para la impermeabilización. El clima de Montreal provocó filtraciones constantes en el hormigón que dieron como resultado agua en medio de los muros y sistemas de ventilación. Claro está, las reparaciones no fueron nada sencillas.

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Medio siglo después, las restauraciones se llevan a cabo de manera casi quirúrgica. De hecho, cuando se trató de rehabilitar el complejo por su 50 aniversario se tuvieron que desmontar capas exteriores, aislar nuevamente enormes superficies y rediseñar sistemas completos. Todo a fin de proteger la estructura ante los inviernos canadienses. A todo esto se suma una gran ironía: su evolución social.

Lo que surgió como un manifiesto de vivienda urbana accesible terminó en una las zonas más exclusivas de Montreal. Dados los costos de mantenimiento, las unidades han alcanzado precios millonarios. La idea de ser una ciudad del futuro e independiente al alcance de todos, hoy solo figura para élites culturales, empresarios y amantes de la arquitectura

A pesar de todo esto, décadas más tarde Habitat 67 funciona como fuente de inspiración para proyectos modulares, complejos con terrazas e ideas nuevas sobre la combinación de densidad urbana y calidad de vida. Lo simbólico que de estas viviendas futuristas es que quisieron ver más allá de su tiempo y terminaron como reliquias del pasado.

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