Carbón, hormigón y fantasmas. La ciudad sin autos que creó Mitsubishi en medio del mar y apareció en una película de 007

Isla Hashima Mitsubishi Japon
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Adolfo Reséndiz

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Adolfo Reséndiz

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Periodista por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y técnico mecánico automotriz CEDVA. Me gusta el rap, comer asado argentino y manejar por carretera los fines de semana. Mis autos favoritos son el Alfa Romeo Carabo, Lancia Stratos Zero y Porsche 917 K70.

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Hashima llegó a ser una de las ciudades más extrañas de Japón. Mitsubishi la levantó en medio del mar para sacar carbón del subsuelo y la llenó de edificios, comercios, escuela, hospital y miles de habitantes. Había casi de todo, menos autos. El espacio era tan reducido que no existía forma real de meter calles para coches. Décadas después, ese lugar abandonado apareció hasta en una película de James Bond.

La historia arranca con Yataro Iwasaki, fundador de Mitsubishi en 1870. Primero creó una empresa naviera con barcos de vapor y, con el paso del tiempo, el grupo se expandió a más industrias. Ese origen explica por qué el carbón tenía tanto valor para la compañía. No era solo un negocio extra. Era parte de la energía que movía barcos y buena parte del desarrollo de la época.

Hashima Japon Mitsubishi Islote de Hashima.

En 1887 apareció una veta de carbón bajo la pequeña isla de Hashima, en la región de Nagasaki. Mitsubishi compró el sitio tiempo después y lo llevó a escala industrial. Para 1889 ya había dos túneles verticales que bajaban casi 200 metros hasta el lecho marino. La mina creció rápido y la producción subió hasta alcanzar 150,000 toneladas en 1916.

El problema era simple. La isla no tenía espacio para alojar a tantos trabajadores. Mitsubishi amplió el terreno con muros de hormigón en los bordes y ganó superficie al mar. Así, lo que antes era un islote pasó a parecer una fortaleza flotante. Encima de ese bloque de concreto aparecieron viviendas para mineros y familias.

Las casas para obreros eran pequeñas y duras. Muchas tenían una sola habitación y los baños o la cocina se compartían. El personal de mayor rango tenía mejores condiciones. En 1917 la isla sumó un edificio de nueve pisos en forma de E, que en ese momento era el más alto de Japón. Desde entonces Hashima ganó fama como la isla sin verde porque casi todo quedó cubierto por hormigón.

Con el paso de los años, el sitio tomó forma de ciudad completa. Había escuela, comercios, cine, cafés, hospital y hasta piscina pública. En total llegó a tener cerca de 50 edificios. A principios de los años 60 vivían ahí más de 5,000 personas. La densidad era tan alta que Hashima llegó a ser vista como una de las zonas más pobladas del planeta en relación con su tamaño.

Ilsa Mitsubishi Japon La isla no tenía espacio para alojar a tantos trabajadores.

Un pasado ligado a la esclavitud

Ese desarrollo tuvo un costo brutal. Durante la guerra, Japón llevó a la isla mano de obra esclava desde China y Corea para cubrir vacantes en la mina. En 1941 la producción anual ya estaba en 410,000 toneladas. Para 1945 habían muerto más de 1,300 trabajadores por accidentes, enfermedades pulmonares, desnutrición o suicidio. También murieron mineros japoneses que no formaban parte de ese sistema de esclavitud.

El auge terminó en los años 60, cuando el petróleo empezó a desplazar al carbón. Mitsubishi movió a parte del personal a otras zonas y la mina cerró de forma oficial en 1974. Hashima quedó vacía y pasó a ser una ciudad fantasma. En 2002 la empresa entregó la isla a Nagasaki. Después abrió algunas áreas al turismo y en 2015 quedó dentro del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Hoy Hashima atrae visitantes por la imagen de ruina total, por las historias de fantasmas y por el peso de su pasado. También ganó fama global cuando Sam Mendes la usó como referencia para Skyfall, la película de 007 donde aparece el villano Raoul Silva. Pero detrás del atractivo visual queda algo más fuerte. Hashima no solo recuerda una era industrial extrema. También obliga a mirar de frente el dolor que esa riqueza dejó bajo tierra.

Imagen | Wikipedia


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