Disneyland, el lugar más feliz de la Tierra. O deberíamos decir ¿el menos rentable? Era 1955 cuando la firma abrió las puertas a su primer parque temático en California, Estados Unidos. Tan solo 16 años después se expandieron al oeste del país con Disney World, en 1983 llegaron a Japón con el Tokyo Disney Resort y en 1992 aterrizaron en la ciudad del amor: Disneyland París.
Lo curioso de esta sede es que a pesar de ser el resort internacional con mejor desempeño de todos los complejos Disney, su historial financiero lo ha mantenido en números rojos. Más de 30 años después de su inauguración, Disneyland París no ha podido recuperar su inversión inicial de 4,200 millones de dólares (poco más de 73,000 millones de pesos mexicanos actuales).
Como arroja un informe de The Guardian, Disneyland París recibe cerca de 16 millones de visitantes anuales y tan solo en 2025 alcanzó ingresos récords de 4,000 millones de dólares. Con creces, superó al resto de parques temáticos de Disney fuera de Estados Unidos. Entonces ¿por qué esta sede se ha mantenido en un déficit constante? Respuesta rápida: su inmenso tamaño.
A grandes rasgos, el mayor problema se dio desde su concepción y desarrollo. Disney quería una extensión de terreno tan grande, con tal de no dejar espacio para la competencia, que el complejo parisino se extendió a lo largo de 2,230 hectáreas. Es, básicamente, una quinta parte del tamaño total de la capital. Pero materializar el parque trajo consigo una desventaja: préstamos bancarios.
Según indica el medio, los costos para erigir el parque los llevaron a una deuda sin precedentes. El gobierno francés vendió el terreno a Disney bajo la condición de que compartiera la propiedad con acciones públicas, lo que relegó a la compañía de ser el propietario mayoritario y financió el 60% del proyecto a través de préstamos bancarios.
Pero esto solo sería el inicio. Desde su apertura, Disneyland París enfrentó diversos problemas por parte de los visitantes franceses quienes protestaron por los precios altísimos de las entradas, la falta de alcohol en los restaurantes e incluso que el inglés fuera el idioma principal. Lo que la compañía no tendría en cuenta sería una serie de factores históricos.
Tan solo en su etapa de inauguración, Disneyland París enfrentó la recesión económica de los 90, la crisis turística después de los ataques del 11 de septiembre, así como el descenso de visitantes tras los atentados de París de 2015, lo que trajo consigo pérdidas estimadas en 961 millones de dólares. 2017 sería el año que les daría un respiro.
Fue hasta entonces que Disney compró el total de las acciones del parque. Para ello, tuvieron que invertir 250 millones de dólares sumados a otros 1,700 millones para poder sacar a la empresa de la bolsa. Pero el gusto de una rentabilidad sostenida les duró poco: la pandemia del Coronavirus los puso nuevamente contra las cuerdas.
Para colmo, a pesar de que el negocio parece estabilizarse, la guerra en Medio Oriente se perfila como una nueva amenaza ante el alza en los precios de la gasolina y los boletos de avión. Sin embargo, Disney no ha dejado de invertir dinero en el parque. Al final del día, se beneficia con la promoción de producciones de cine y televisión de la compañía lo que ha dado como resultado una expansión de nuevas áreas temáticas como la inspirada en Frozen.
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