Un robot bajó casi 4,000 metros al fondo del mar y encontró algo que nadie esperaba: un cassette VHS

Un VHS terminó a más de 2.6 kilómetros bajo el océano. Nadie sabe qué contenía o cómo llegó hasta allí.

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samantha

Samantha Guerrero

Editora Jr
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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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Hay lugares del planeta a los que prácticamente no llegamos. A casi 4,000 metros bajo la superficie del océano no hay luz solar, la temperatura apenas supera los 2 °C en algunas zonas y la presión hace imposible una exploración humana directa sin equipos especializados. Precisamente por eso, cuando un robot submarino descendió al fondo del Mar Argentino, lo último que uno esperaría encontrar allí sería un objeto que probablemente estuvo alguna vez en una sala de estar.

Pero ahí estaba: un cassette VHS, a 2,643 metros de profundidad. Y no estaba solo. Durante la expedición, el robot también encontró bolsas de plástico, líneas y redes de pesca, ropa, envases y otros residuos humanos. El objeto fue la imagen más extraña del viaje, pero no era el hallazgo más importante; lo realmente llamativo fue comprobar que la basura humana ya está llegando a una parte del océano que durante mucho tiempo estuvo prácticamente fuera de nuestro alcance. 

El primer relevamiento visual sistemático del fondo profundo del Mar Argentino

El cassette apareció durante una expedición realizada entre diciembre de 2025 y enero de 2026, cuando el vehículo operado remotamente SuBastian recorrió distintas zonas del fondo marino del Atlántico Sudoccidental. El robot realizó 17 inmersiones y recorrió 55.6 kilómetros, desde unos cientos de metros de profundidad hasta casi 4,000 metros bajo la superficie. 

Y el VHS no fue el único objeto fuera de lugar. En nueve de esas inmersiones aparecieron residuos humanos: bolsas de plástico, líneas y redes de pesca, ropa, envases y objetos metálicos, entre otros. En total, los investigadores contabilizaron 29 objetos de basura durante los recorridos analizados. 

La investigación, publicada en Frontiers in Marine Science en julio de 2026, tiene un objetivo mucho más amplio que explicar cómo terminó un cassette en el fondo del mar. Los científicos querían obtener un registro sistemático de los residuos presentes en estas regiones profundas y entender por qué algunos lugares acumulan más basura que otros. 

Y ahí es donde el VHS deja de ser solamente una imagen curiosa. Porque encontrar un objeto fabricado hace décadas a más de dos kilómetros de profundidad demuestra que la basura que producimos en tierra puede terminar en ambientes que parecen completamente separados de nuestra vida cotidiana. El océano profundo tampoco está fuera de nuestro alcance; al menos no para nuestros residuos. 

El VHS estaba a 2,643 metros de profundidad

El cassette fue registrado durante la inmersión S0884, en la cuenca Colorado-Rawson, a 2,643.46 metros de profundidad, en un sitio donde la temperatura rondaba los 2.05 °C. En la misma zona también aparecieron bolsas de plástico, envoltorios, líneas de pesca y ropa, así que el VHS no estaba solo.

El SuBastian llegó todavía más abajo durante la expedición, hasta unos 3,970 metros, pero el cassette no estaba cerca de ese máximo. Se encontraba aproximadamente 1,300 metros por encima, aunque eso sigue siendo una profundidad completamente inaccesible para una persona sin un vehículo especializado. Para ponerlo en perspectiva, es una distancia de más de dos veces la altura del Everest medida desde su base.

Y aquí conviene dejar algo claro: los investigadores no pudieron determinar quién era el dueño del VHS ni cuál fue exactamente su recorrido hasta llegar al fondo. El estudio identifica el lugar donde estaba, pero no reconstruye el viaje que hizo el cassette desde la superficie y esa parte sigue siendo un misterio y es mejor dejarla así que inventar una historia para completar el hueco.

¿Cómo puede llegar un objeto tan lejos de la superficie?

Una de las posibilidades que analiza el estudio está relacionada con la propia forma del fondo marino. Los cañones submarinos pueden funcionar como corredores naturales por los que se desplazan sedimentos y materiales desde zonas menos profundas hacia regiones más profundas. Una vez que llegan a áreas donde el movimiento del agua disminuye, algunos objetos pueden quedar atrapados y acumularse.

Eso encaja especialmente bien con lo observado en la cuenca Colorado-Rawson. Los investigadores recorrieron 13.14 kilómetros en esa región y encontraron 19 de los 29 objetos registrados en todo el estudio. La tasa resultante fue de aproximadamente 1.4 objetos por kilómetro, muy por encima de la observada en las otras áreas exploradas.

Eso no significa que el VHS en particular haya recorrido un cañón submarino ni que todos los objetos sigan exactamente la misma ruta. Lo que sí muestra el estudio es que la topografía del fondo puede influir en dónde termina acumulándose la basura: el océano profundo no es una superficie plana donde todo se queda exactamente donde cayó.

Arrecife

La basura no está repartida de manera uniforme

Las diferencias entre las tres regiones estudiadas son bastante llamativas. En el área Salado-Colorado, el equipo recorrió 26.65 kilómetros y encontró ocho objetos, una tasa de aproximadamente 0.3 objetos por kilómetro. En la cuenca Colorado-Rawson, en cambio, encontró 19 en 13.14 kilómetros, lo que elevó la tasa a 1.4.

La tercera región, la cuenca Malvinas, fue todavía menos cargada de residuos visibles. Allí se recorrieron 18.88 kilómetros y se encontraron solamente dos objetos, equivalentes a una tasa aproximada de 0.1 por kilómetro. 

Las diferencias sugieren que la geomorfología y las condiciones oceanográficas tienen un papel importante en la manera en que los residuos se desplazan y terminan quedando retenidos.

Dicho de una forma más sencilla, no basta con preguntar cuánta basura llega al océano; también hay que preguntar dónde termina, porque algunos lugares pueden funcionar como zonas de acumulación mientras otros permiten que los objetos sigan desplazándose. Y eso cambia bastante la manera de estudiar el problema.

El plástico fue mucho más común que el VHS

El cassette es, sin duda, el objeto que más fácilmente se convierte en titular, pero no fue el residuo dominante. Los investigadores encontraron principalmente plásticos, líneas y redes de pesca, además de textiles y objetos metálicos, una combinación que coincide con otros trabajos sobre contaminación en ambientes oceánicos profundos.

Las condiciones del fondo marino también son muy distintas de las de la superficie. Allí prácticamente no llega la luz solar, las temperaturas son bajas y las condiciones químicas y biológicas cambian considerablemente, y eso puede ralentizar determinados procesos de degradación, aunque no significa que cualquier plástico permanezca intacto durante siglos en cualquier profundidad.

La idea importante es otra: algunos residuos pueden convertirse en un problema persistente porque el ambiente profundo no ofrece necesariamente las mismas condiciones que encontrarían en la superficie. Que una bolsa deje de verse desde la costa no significa que haya dejado de existir; quizá simplemente cambió de lugar.

Las redes de pesca pueden seguir atrapando animales

Entre los objetos registrados hubo numerosas líneas y redes relacionadas con actividades pesqueras. Algunas permanecían atrapadas entre rocas o parcialmente enterradas, pero todavía conservaban la capacidad de interactuar con el entorno. Ese detalle importa porque una red no deja automáticamente de ser peligrosa cuando deja de estar conectada a un barco.

El fenómeno se conoce como pesca fantasma y ocurre cuando artes de pesca perdidas o abandonadas continúan atrapando o enredando organismos sin que exista una actividad pesquera activa que las controle. Durante la expedición, los investigadores observaron precisamente este tipo de residuos en el fondo, incluidos materiales colonizados por organismos.

El estudio no calcula cuántos animales pudieron haber muerto a causa de las piezas encontradas, así que sería incorrecto convertir esas observaciones en una cifra de mortalidad. Lo que sí demuestra es que los residuos pesqueros pueden seguir formando parte del hábitat mucho tiempo después de haber dejado de cumplir su función original.

Fondo Mar

La basura también puede convertirse en parte del entorno

Aquí aparece uno de los resultados más curiosos de la expedición. Los investigadores observaron que algunos residuos estaban colonizados por organismos bentónicos, entre ellos anémonas, esponjas, pequeños bivalvos, poliquetos, erizos, ascidias, caracoles y pequeños crustáceos. Es decir, la basura no siempre queda simplemente encima del sedimento sin que ocurra nada más.

Una bolsa, una red o una pieza de material sintético puede convertirse en una superficie artificial sobre la que otros organismos se fijan o se desplazan. Eso no significa que la basura se haya vuelto beneficiosa para el ecosistema, ni que los organismos necesiten esos objetos para sobrevivir, sino que un residuo puede entrar en contacto con la comunidad biológica y modificar físicamente el lugar donde termina.

Los efectos de esa interacción todavía requieren más investigación. Un objeto puede ofrecer una superficie nueva para determinadas especies, pero también puede provocar enredos, alterar la distribución de organismos o facilitar el transporte de materiales y especies hacia lugares donde normalmente no llegarían. Por eso encontrar basura en el fondo no es solamente una cuestión estética: también es una cuestión ecológica.

De un VHS a 2,643 metros a una envoltura de Poffets en Yucatán

El cassette es el residuo más extraño de esta expedición argentina, pero no es la primera vez que un objeto cotidiano reaparece muchos años después en un ambiente donde prácticamente nadie esperaba encontrarlo. 

En México tenemos un caso que se parece bastante en una cosa: un simple envoltorio terminó convertido accidentalmente en una cápsula del tiempo bajo el agua.

Durante labores de saneamiento en el cenote Chankom, en Yucatán, una buzo encontró una envoltura de Poffets que llevaba impreso el año 1996. Décadas después, el empaque todavía conservaba buena parte de sus colores y los personajes impresos en él, a pesar de haber permanecido durante años en el fondo del cenote.

La comparación con el VHS debe hacerse con cuidado porque los ambientes son completamente distintos y no podemos asumir que una envoltura de comida y un cassette se degraden de la misma manera, pero ambos casos cuentan algo muy sencillo: un residuo puede desaparecer de nuestra vista sin desaparecer del ambiente. En un caso quedó bajo el agua dulce de Yucatán; en el otro terminó a más de 2.6 kilómetros de profundidad en el océano.

Lo más extraño no era que hubiera basura

En realidad, los investigadores no esperaban encontrar un fondo marino completamente libre de residuos. La basura marina ya ha sido documentada en diferentes ambientes del océano, incluidas regiones profundas. Lo que faltaba en este caso era información sistemática sobre qué estaba ocurriendo específicamente en el fondo profundo del Mar Argentino.

Llegar hasta esas profundidades requiere un buque oceanográfico, un vehículo operado remotamente, sistemas de comunicación, cámaras y equipos capaces de funcionar bajo condiciones extremas de presión y temperatura. No puedes simplemente enviar a alguien con una bolsa para recoger basura y regresar a la superficie. Cada observación necesita una expedición completa detrás.

Eso explica por qué todavía existen enormes vacíos de información. Sabemos que los residuos pueden hundirse, pero hay regiones enteras del fondo marino que hemos observado muy pocas veces. Antes de esta expedición faltaban precisamente los datos necesarios para saber cómo se distribuyen los residuos en algunas de estas zonas.

Habitat Mar

El robot veía el fondo en 4K

Parte de lo interesante de esta investigación está en la tecnología utilizada para observar un lugar al que prácticamente nadie puede llegar. El SuBastian es un vehículo operado remotamente equipado con cámaras científicas capaces de transmitir y registrar imágenes en alta resolución, lo que permitió documentar de manera continua el fondo durante las inmersiones.

Durante las operaciones, las cámaras grabaron en 4K Ultra HD y generaron alrededor de 45 GB de información por hora. Eso significa que los científicos no tuvieron que depender únicamente de lo que alcanzaban a distinguir en tiempo real; pudieron revisar las imágenes posteriormente, ubicar cada objeto y relacionarlo con la profundidad y las características del terreno.

En otras palabras, el robot no bajó, vio un VHS y volvió a subir. Creó un registro visual de decenas de kilómetros de fondo marino, y eso es lo que permite convertir un hallazgo curioso en un conjunto de datos científicos que otros investigadores podrán utilizar como referencia.

Sacar la basura tampoco es tan sencillo

La reacción más lógica al descubrir residuos en el fondo sería bastante sencilla: "pues sáquenlos". El problema es que recuperar basura a casi 4,000 metros de profundidad requiere enviar nuevamente equipos especializados, localizar cada objeto y utilizar brazos robóticos para sacarlo, todo mientras se intenta no alterar innecesariamente el ecosistema que se está estudiando.

Además, recuperar unos cuantos objetos durante una expedición científica no es lo mismo que limpiar miles de kilómetros cuadrados del fondo marino. El costo, el tiempo y la complejidad de hacerlo a gran escala hacen que la prevención resulte mucho más realista que intentar recoger cada residuo después de que ya se hundió.

Una vez que una bolsa, una red o un objeto metálico llega a esas profundidades, retirarlo deja de ser una operación rutinaria y se convierte en una misión científica. Y eso también explica por qué los investigadores insisten en estudiar cómo llegan los residuos y dónde se acumulan.

El hallazgo también revela cuánto desconocemos del océano

La investigación no trata solamente de contaminación, también muestra lo poco que sabemos sobre grandes regiones del océano profundo. Los investigadores trabajaron en tres áreas del margen continental argentino, pero incluso dentro de esas zonas apenas pudieron observar una pequeña fracción del fondo que existe realmente.

En esa misma región hay cañones submarinos, montes de coral y otros hábitats complejos que desempeñan funciones importantes dentro de los ecosistemas profundos. Cada inmersión permite descubrir organismos, estructuras geológicas y procesos que durante décadas fueron difíciles de observar directamente.

Y al mismo tiempo aparece la otra cara del descubrimiento: las mismas herramientas que utilizamos para explorar esos lugares también nos están permitiendo encontrar nuestras propias huellas allí abajo. El fondo marino no es un mundo completamente aislado; también recibe materiales que vienen desde la superficie.

Un VHS de hace décadas terminó siendo una fotografía de nuestro problema

Hay algo casi surrealista en la imagen. Un robot de última generación baja miles de metros bajo el océano, equipado con cámaras 4K y brazos robóticos; recorre un paisaje oscuro y helado donde viven organismos que apenas estamos comenzando a estudiar. Y entre todo eso aparece un objeto que millones de personas reconocen de inmediato: un cassette VHS.

Es fácil verlo como una cápsula del tiempo, pero la explicación científica es bastante menos romántica. El cassette no llegó allí porque alguien quisiera dejar un mensaje para el futuro ni porque el fondo del mar se hubiera convertido en un museo de tecnología antigua. 

Llegó allí porque los residuos que producimos pueden desplazarse, hundirse y terminar acumulándose en lugares a los que prácticamente nunca llegamos. Por eso el VHS no es lo más importante de la historia, aunque sea lo que más fácilmente se vuelve viral. 

El verdadero hallazgo fueron 29 residuos visibles en 55.6 kilómetros de fondo explorado, distribuidos de manera desigual y acompañados por una fuerte presencia de plásticos y residuos pesqueros. No significa que el fondo del Mar Argentino esté cubierto de basura; significa que ya existen residuos humanos incluso en regiones profundas y poco estudiadas.

Mar Animales

El fondo del mar no está tan lejos de nuestras actividades como parece

Durante mucho tiempo fue fácil pensar en el océano profundo como un lugar completamente separado de la vida en la superficie. No vemos lo que ocurre a miles de metros bajo el agua, no podemos llegar caminando y buena parte de esas regiones siguen siendo difíciles de explorar, pero el hallazgo de este estudio cuenta una historia diferente.

Una bolsa, una red, una prenda o un cassette pueden recorrer una distancia enorme antes de quedar atrapados en el fondo. La basura no necesita que nosotros lleguemos hasta allí para llegar por su cuenta. Las corrientes, la topografía y los sedimentos pueden hacer parte del trabajo, y una vez que el residuo se deposita, comienza otra historia con el ecosistema que lo rodea.

Eso también explica por qué la expedición es importante más allá del VHS. El estudio establece un punto de referencia que permitirá comparar futuras exploraciones y saber si la cantidad de basura aumenta, disminuye o cambia de composición. 

Quizá dentro de unos años otro robot vuelva a recorrer esas mismas zonas y encuentre más residuos, menos o simplemente otros objetos que nos recuerden cuánto tarda en desaparecer algo de nuestra vista.

A 2,643 metros de profundidad, un objeto de una tecnología que prácticamente desapareció de nuestras casas volvió a aparecer frente a una cámara. No porque el océano lo haya conservado como un recuerdo, sino porque la basura que producimos puede llegar mucho más lejos de lo que solemos imaginar.

Imágenes | Pexels, ROV SuBastian - Schmidt Ocean Institute

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