La temperatura media diaria de la superficie oceánica registró la cifra más alta desde que existen mediciones satelitales e instrumentales. Fue el pasado 22 de agosto de 2026 que subió a 21.10 °C entre los 60 grados norte y los 60 grados sur.
A simple vista, el dato podría parecer un cambio insignificante frente al récord previo del 1 de marzo de 2024, cuando los termómetros marcaron 21.09 °C. Apenas unas milésimas de grado. Sin embargo, comparar solo los números pasa por alto el detalle crucial del funcionamiento térmico del planeta.
En el calendario oceánico global, marzo representa el punto álgido del verano, mientras que agosto corresponde al invierno más frío. Haber quebrado la marca absoluta justo durante la temporada en la que el agua suele enfriarse cambia por completo la gravedad del registro. Esas milésimas adicionales confirman una anomalía fuera de cualquier parámetro previo.
¿Por qué agosto es el periodo frío de los océanos? El promedio térmico de la superficie marina mundial se rige por el hemisferio sur, ya que es ahí donde se concentra la mayor proporción de agua del planeta. En consecuencia, el ciclo anual alcanza su punto máximo hacia marzo y desciende a su nivel más bajo alrededor de agosto.
Visto en este contexto, los 21.104 °C no son una ligera variación estadística: representan un pico térmico insólito en una temporada donde el suelo de temperaturas ya venía aumentando sostenidamente año con año.
Un calor acumulado que comienza a cobrarse factura. Este nuevo récord no surge de la nada. Los océanos del mundo absorben el 91% del exceso de calor acumulado por el sistema climático, y el ritmo de ese calentamiento se duplicó en las últimas décadas. La presencia de un evento de El Niño particularmente intenso facilitó romper la marca, pero no minimiza el problema estructural de fondo.
Las secuelas de esta energía térmica ya se resienten en diferentes partes del planeta. En el mar Mediterráneo se han intensificado tormentas extraordinarias, mientras que en el océano Pacífico el ciclón tropical Lala rozó el archipiélago de Hawái, una zona que llevaba al menos 155 años sin sufrir el impacto directo de un meteoro de esa clase.
La situación podría ser aún más severa de lo estimado. Ryan Katz-Rosene, profesor de la Universidad de Ottawa enfocado en economía política ambiental, advierte sobre la escala del fenómeno: "Es probable que se registraran las temperaturas más cálidas de la superficie del mar en todo el período del Holoceno, e incluso posiblemente desde el último período interglacial, hace 125,000 años".
Los datos de la paleoclimatología respaldan esa lectura: las investigaciones indican que la temperatura no ha dejado de subir a lo largo de los últimos 12,000 años, y que durante el último periodo interglacial (hace unos 125,000 años) los valores medios fueron similares a los observados entre 1995 y 2014. El planteamiento encaja con lo que la ciencia sabe hasta ahora.
Más allá del debate histórico, la incógnita más urgente se ubica en el futuro cercano: ¿qué ocurrirá cuando llegue marzo y comience el pico estival del hemisferio sur, sobre todo si El Niño sigue empujando las temperaturas? Aunque aún no hay respuestas definitivas sobre los niveles que podrían alcanzarse, el consenso científico es claro: el clima entra en un terreno desconocido.
Imagen | Climate Reanalyzer
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