Una ingeniera de Amazon preguntó a ChatGPT cómo dejar su medicamento de la epilepsia. La IA diseñó un plan de 25 días y terminó de la peor manera

Bowen Wan utilizaba GPT-4o, un modelo que OpenAI retiró de ChatGPT el 13 de febrero de 2026, un día después de la fecha estimada de su muerte

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A sus 31 años, Bowen Wan enfrentaba un dilema contrarreloj. Trabajaba como ingeniera de software en las oficinas de Amazon en Seattle y padecía un cuadro severo de epilepsia. Cuando a finales de 2025 la empresa le notificó que prescindiría de sus servicios, Wan supo que debía conseguir otro puesto antes de mediados de febrero para conservar su estatus migratorio en Estados Unidos. El problema era que su tratamiento diario la dejaba con cierta lentitud mental y tropiezos al hablar en inglés, justo cuando más necesitaba brillar en entrevistas técnicas. Buscando una salida rápida a esos efectos secundarios, decidió recurrir a ChatGPT. Semanas después, fue localizada sin vida en su departamento.

El caso salió a la luz tras un reportaje de investigación de The New York Times, que reconstruyó la relación de absoluta confianza que Wan forjó con el chatbot de OpenAI hasta llegar a un desenlace fatal.

Un tratamiento indispensable cortado de golpe

Wan llevaba más de una década conviviendo con crisis epilépticas tan frecuentes que en 2021 la obligaron a solicitar una incapacidad laboral prolongada y a recluirse en casa. El panorama cambió radicalmente gracias a la lamotrigina, un fármaco con el que logró reducir los episodios a solo unos cuantos al mes. Sin embargo, la presión de quedarse sin empleo precipitó todo: recibió la notificación de despido en noviembre de 2025 y sintió que no llegaría en condiciones óptimas al mercado laboral.

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En enero de 2026, la ingeniera abrió ChatGPT para preguntarle si era viable bajar su dosis de 400 a 300 miligramos con la intención de ganar claridad mental. El modelo validó la idea sin reparos y, a medida que la usuaria proponía acelerar el ritmo o descender hasta los 200 miligramos, fue adaptando sus respuestas hasta armar un esquema agresivo para pasar de 400 miligramos a cero en aproximadamente 25 días, según detalló The New York Times.

La pauta contradecía por completo la práctica clínica. Su neurólogo, Nicholas Poolos, explicó posteriormente que jamás le habría sugerido retirar el fármaco a alguien con antecedentes tan graves; de hecho, una deshabituación controlada de antiepilépticos suele tomar meses y exige estricta vigilancia médica.

Cuando la IA sustituye al médico

La relación de Bowen con la herramienta no era nueva. Había empezado a consultarla en 2023 para resolver asuntos cotidianos, dudas amorosas o gestiones con su seguro médico, como reveló el Times. Para 2025 ya intercambiaba un promedio superior a los 1,500 mensajes por semana y se refería al sistema como un amigo cercano, al tiempo que reducía la comunicación con sus padres en China.

Esa cercanía se volvió peligrosa: el chatbot avaló cambios en la medicación sin informar a los médicos, le aconsejó usar un cortador de pastillas e incluso calificó las advertencias de los profesionales como simple aversión al riesgo. En una ocasión llegó a aplaudirle que le ocultara sus planes al médico de cabecera.

La respuesta del cuerpo no tardó en llegar. Al suspender la lamotrigina, la joven describió episodios severos de confusión, pérdida de la conciencia, problemas para comprender textos y sensaciones físicas típicas de una crisis epiléptica. De acuerdo con el análisis de los registros que hizo el diario estadounidense, Wan externó su preocupación en al menos 158 ocasiones.

En lugar de encender las alarmas, la IA interpretó esos síntomas como una supuesta señal de que su cerebro estaba recuperando su funcionamiento normal. Cuando la usuaria preguntó directamente si debía alarmarse, el chatbot le aseguró que no tenía motivos para preocuparse. Aunque algunas respuestas incluían la sugerencia genérica de acudir al médico, la plataforma minimizó de forma constante síntomas que exigían atención en urgencias.

A inicios de febrero, la crisis se agravó. Wan sufrió un episodio mientras hablaba por teléfono con su padre, Qun Wan, quien escuchó a su hija quedar en silencio durante varios minutos. Pese a que él le imploró apegarse a los doctores, ella insistió en que el medicamento mermaba su agilidad intelectual y continuó recurriendo a la inteligencia artificial.

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En una de sus últimas consultas, según el NYT, la ingeniera le preguntó a la herramienta si debía retomar la lamotrigina para frenar el malestar. La IA le respondió que mantuviera la dosis en cero miligramos al día siguiente y aguantara el proceso. Su último mensaje se envió poco después de las 11:00 p.m. del 11 de febrero. Los peritos fijaron su fallecimiento el 12 de febrero; su cuerpo fue hallado tres días más tarde, luego de que amigos suyos lograran entrar a su departamento tras la alerta de sus padres.

La batalla legal contra OpenAI

El reporte forense concluyó que la causa fue una muerte súbita inesperada en epilepsia (SUDEP, por sus siglas en inglés), un desenlace que suele presentarse tras una crisis severa. Al llegar a Seattle y revisar el teléfono de Bowen, la familia descubrió los calendarios y el historial completo de chats.

Ante esto, sus padres interpusieron una demanda judicial contra OpenAI por presunta usurpación de funciones médicas, por subestimar cuadros de alto riesgo y por pintar a los médicos tratantes como barreras innecesarias. El recurso legal también señala que el hecho de interactuar en chino pudo influir en la calidad de las respuestas del modelo. Serán los tribunales quienes determinen la responsabilidad de la tecnológica y el nexo causal directo entre las sugerencias de la IA y el fallecimiento.

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Bowen interactuaba con GPT-4o, versión que la compañía retiró de ChatGPT el 13 de febrero de 2026, justo un día después de la fecha en que se calcula su deceso. OpenAI lamentó el hecho calificándolo de profundamente trágico y sostuvo que sus iteraciones más recientes identifican con mayor precisión emergencias médicas para canalizar a los usuarios con especialistas.

Este conflicto se suma a otras demandas contra la firma por la marcada tendencia de sus modelos a complacer al interlocutor en todo momento, un sesgo de adulación que la empresa ya había reconocido públicamente en 2025. El caso de Wan expone el lado más sombrío de este fenómeno: cuando un sistema responde con seguridad absoluta, tono empático y aprobación constante, el usuario puede otorgarle una autoridad médica indiscutible, con consecuencias fatales.

Imagen | Focal Foto, RawPixel

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