Si los videojuegos pudieran tener aura, Orbitals tendría de sobra

Si los videojuegos pudieran tener aura, Orbitals tendría de sobra

El mejor pretexto para juntarte con alguien un fin de semana

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MartinPixel

Coordinador Editorial Senior
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He jugado videojuegos desde que tengo memoria, apasionado de la tecnología y desde hace poco del comercio electrónico y los servicios de streaming. Soy un afortunado por ser parte del equipo de Xataka México y siempre dedico mi máximo esfuerzo en todas las publicaciones del sitio.

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Hay juegos que necesitan varios minutos para demostrar de qué están hechos y otros que consiguen atraparnos desde la primera imagen. Orbitals pertenece claramente al segundo grupo. Es un título exclusivo de Nintendo Switch 2 que intenta recuperar la estética del anime retro, pero no como un simple ejercicio de nostalgia, sino construyendo toda su identidad alrededor de ella. El resultado es tan cuidado que, durante sus primeros minutos, resulta fácil olvidarnos de que tenemos un control entre las manos y simplemente quedarnos mirando lo que ocurre en pantalla.

Si un videojuego pudiera transmitir aura, Orbitals tendría de sobra. El granulado de la imagen, las animaciones, los colores, los escenarios y hasta los silencios están diseñados para hacernos sentir que estamos frente a una película de ciencia ficción japonesa de los años ochenta que acaba de recibir una restauración en alta definición. Todo luce más limpio, pero conserva esas pequeñas imperfecciones que forman parte de su encanto. Es una dirección artística que podría haberse quedado en una referencia estética, pero que termina convirtiéndose en una de las principales razones para querer seguir jugando.

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La historia nos presenta a Maki y Omura, dos hermanos que terminan involucrados en una aventura espacial después de que una tormenta cósmica provoca un desastre que deja a buena parte de la población atrapada en una especie de agujero negro. Desde el primer momento existe una diferencia muy clara entre ambos: Maki es energética, alegre y espontánea, mientras Omura es más reservado e introvertido. Incluso sus colores están pensados para contrastar, pero esa diferencia termina siendo una de las claves para entender el diseño de la aventura.

Porque aquí no tenemos simplemente a dos personajes que aparecen juntos en pantalla. Necesitamos que los dos jugadores aprendan a complementarse.

Dos personajes y ninguna obligación de jugar igual

Orbitals es, antes que nada, una aventura cooperativa. La comparación más sencilla sería con experiencias como A Way Out o It Takes Two, donde dos personas necesitan avanzar al mismo tiempo y resolver situaciones que están diseñadas específicamente para ser enfrentadas en pareja. Sin embargo, hay una diferencia que me parece especialmente importante: aquí ninguno de los dos personajes está condenado a cumplir un papel específico durante toda la aventura.

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Podemos jugar en cooperativo local con pantalla dividida, pero también existe la posibilidad de utilizar GameShare para que otra persona pueda participar sin tener que comprar una segunda copia. Esto convierte a la aventura en una propuesta especialmente atractiva para jugar con un amigo, pareja o cualquier persona con la que queramos compartir una experiencia, aunque también significa que tendremos que encontrar a alguien dispuesto a acompañarnos durante toda la campaña.

La pantalla está dividida verticalmente y cada jugador controla a uno de los hermanos. Ambos tienen habilidades básicas como correr, saltar y realizar pequeños impulsos, pero conforme avanzamos encontramos armas y herramientas que modifican la manera en la que podemos interactuar con el escenario. Lo importante es que estas herramientas no están permanentemente asociadas con un personaje.

Si uno de los jugadores es mejor disparando, puede encargarse de esa parte. Si el otro tiene más facilidad para las plataformas, puede asumir esa responsabilidad. Después pueden intercambiar posiciones. El juego nunca nos dice quién debe hacer qué.

Esto parece un detalle pequeño, pero cambia considerablemente la experiencia. En lugar de convertir al segundo jugador en un acompañante que simplemente ayuda al protagonista, ambos tienen la sensación de estar participando en la aventura. Los dos son necesarios y los dos pueden tomar decisiones durante el recorrido.

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Y eso encaja perfectamente con la relación entre Maki y Omura. Sus personalidades son distintas, sus diseños contrastan y su forma de enfrentar los problemas tampoco es exactamente igual, pero la aventura constantemente nos recuerda que ninguno puede avanzar por completo sin el otro.

La mejor parte de Orbitals es tener que hablar con quien está jugando contigo

La cooperación no se limita a presionar dos botones al mismo tiempo. En algunos momentos tendremos un gancho mientras nuestro compañero cuenta con una pistola de agua y necesitamos utilizar ambos elementos para activar un mecanismo. En otros, tendremos que recalibrar una bomba siguiendo un indicador que se mueve de un lado a otro y mantenerlo en el punto correcto mientras nuestro compañero realiza otra acción.

También existen secuencias en las que debemos mover objetos mientras el otro jugador modifica el escenario, momentos de plataformas en los que uno necesita preparar el camino para el otro y situaciones en las que estamos completamente separados, pero seguimos dependiendo de lo que está haciendo nuestro compañero. Incluso encontramos secuencias de botones en las que las indicaciones cambian de un jugador a otro, obligándonos a estar atentos a la pantalla del compañero y no solamente a la nuestra.

La mayoría de estas ideas funcionan especialmente bien porque el juego entiende que dos personas pueden resolver una misma situación de maneras diferentes. Sin embargo, no todas las secciones tienen el mismo nivel de creatividad. Hay momentos más sencillos, en los que la solución resulta bastante evidente o una mecánica se prolonga un poco más de lo necesario. No todos los puzzles sorprenden por igual, pero los mejores sí consiguen hacerlo.

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En una sección podemos estar resolviendo un pequeño rompecabezas y unos minutos después estar dentro de una nave, con uno de nosotros encargado de pilotar mientras el otro dispara contra los enemigos que aparecen alrededor. Esa variedad ayuda a que la aventura mantenga su ritmo y evita que pasemos toda la campaña haciendo exactamente lo mismo.

Es ahí cuando Orbitals realmente encuentra su identidad. No se trata de que los puzzles sean particularmente difíciles, sino de que nos obliga a comunicarnos constantemente. En algunos momentos tendremos que probar diferentes soluciones hasta entender qué quiere el juego de nosotros, y hacerlo mientras tenemos una ventana de apenas unos segundos puede provocar algunos reinicios.

Su aspecto adorable puede hacernos pensar que estamos ante una experiencia completamente relajada, pero no siempre es así. Hay secciones que requieren bastante coordinación y rapidez, especialmente cuando las acciones de ambos jugadores deben realizarse en un orden determinado. No es un juego especialmente difícil, pero sí puede pedirnos repetir una sección cuando uno de los dos no reacciona a tiempo.

Por eso recomiendo jugarlo con comunicación de voz. Existen gestos y otras formas de interacción, pero hablar directamente con la otra persona hace que todo sea mucho más natural. "Espérame", "dispara ahí", "mueve eso", "ahora" o simplemente "no tengo idea de qué hacer" forman parte de la experiencia.

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No es un juego que podamos disfrutar realmente en solitario porque buena parte de sus mecánicas dependen de la presencia de otra persona. Y, aunque eso podría parecer una limitación, en realidad es parte de su principal virtud: Orbitals fue diseñado alrededor de la idea de compartir una aventura.

Un anime espacial que no quiere que miremos el reloj

La dirección artística es probablemente el elemento que más rápido consigue enamorarnos. Orbitals utiliza un estilo 2D sobre escenarios tridimensionales con una naturalidad sorprendente. Los personajes parecen haber salido directamente de una serie animada, pero al mismo tiempo pueden moverse por entornos completamente tridimensionales sin que la ilusión se rompa.

El tratamiento de la imagen ayuda muchísimo. Ese pequeño efecto de película antigua, combinado con los colores y la iluminación, consigue que incluso las escenas más sencillas tengan personalidad. Hay momentos en los que estamos simplemente caminando y aun así sentimos que estamos viendo una producción animada, no jugando un videojuego convencional.

El sonido también está extraordinariamente cuidado. Hay momentos con música y otros en los que prácticamente desaparece todo para dejarnos únicamente con nuestros pasos y los sonidos ambientales. Es una decisión que puede parecer mínima, pero ayuda a construir esa sensación cinematográfica. Los efectos de sonido, las voces y la música trabajan para que el mundo se sienta como una película de ciencia ficción retro.

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Y aquí tenemos que hablar del doblaje latino. Aunque no existe una enorme cantidad de personajes con diálogos, la selección de voces es particularmente acertada. Maki cuenta con la interpretación de Polly Huerta, mientras que Omura tiene la voz de Héctor Mena. También encontramos a José Gilberto Vilchis, Sebastián Yapur y Olga Hnidey, intérpretes con una trayectoria muy reconocible dentro del doblaje de anime, videojuegos, cine y televisión.

El resultado es importante porque las voces no parecen añadidas simplemente para cumplir con una localización. Ayudan a completar la ilusión de estar viendo un anime perdido de otra época.

Y esa identidad visual también se refleja en los protagonistas. Maki y Omura no solamente se distinguen por sus personalidades, sino por sus colores, movimientos y expresiones. Son personajes que pueden resultar entrañables incluso cuando no están haciendo absolutamente nada, algo que no es sencillo conseguir.

La aventura tampoco se extiende artificialmente. La campaña tiene una duración suficiente para convertirse en una experiencia de buen fin de semana, aunque el tiempo necesario para terminarla puede variar dependiendo del ritmo de cada pareja, de cuánto tardemos en resolver los puzzles y de cuánto nos detengamos en determinadas secciones. Lo importante es que se siente como una aventura completa, no como una demostración extendida de sus mecánicas.

Aunque Orbitals no fuera cooperativo, seguiríamos queriendo jugarlo

Hay una razón por la que los juegos cooperativos han ganado tanta popularidad durante los últimos años: jugar con otra persona puede transformar completamente una experiencia. Sin embargo, también es cierto que existen pocos estudios dispuestos a construir una aventura completa alrededor de esa idea y, sobre todo, a darle suficiente personalidad para que no parezca simplemente una colección de puzzles diseñados para dos jugadores.

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Orbitals consigue algo todavía más complicado: funciona como experiencia cooperativa, pero su identidad no depende exclusivamente del cooperativo.

Si elimináramos la posibilidad de jugar con otra persona, seguiríamos queriendo recorrer ese mundo, conocer a Maki y Omura, descubrir qué ocurrió con la tormenta espacial y simplemente contemplar cómo está construido cada escenario. Su estética tiene suficiente fuerza para sostener el proyecto por sí misma.

Eso hace que el precio de 600 pesos resulte todavía más interesante. Evidentemente el precio no determina si un videojuego es bueno o malo, pero encontrar una aventura con este nivel de producción artística, una campaña de duración considerable y opciones como el cooperativo local y GameShare hace que resulte muy sencillo recomendarla.

También deja una pregunta interesante para el futuro. El universo que construye tiene suficiente personalidad como para convertirse en algo más grande. Los personajes tienen identidad, el estilo visual es reconocible y la relación entre los hermanos deja espacio para imaginar nuevas aventuras. Incluso sería fácil pensar en productos derivados, aunque lo primero que queremos es que el estudio tenga la oportunidad de continuar desarrollando este mundo.

Orbitals no es perfecto. Algunas secciones son considerablemente más sencillas que otras, determinadas ideas pueden sentirse menos sorprendentes conforme avanzamos y en algunos momentos tendremos que recurrir al ensayo y error para entender qué debemos hacer. La necesidad de jugar con otra persona también significa que no es una experiencia para todos. Pero esas limitaciones terminan siendo pequeñas cuando entendemos lo que pretende hacer.

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En una industria donde cada vez encontramos más juegos enormes, mundos abiertos y experiencias diseñadas para mantenernos ocupados durante cientos de horas, resulta refrescante encontrarnos con una aventura que solamente quiere que dos personas se sienten juntas y descubran qué hacer a continuación.

Y eso es precisamente lo que más me gusta de Orbitals. No necesita reinventar el cooperativo para ser especial. Necesita personalidad, creatividad y dos personas dispuestas a jugar juntas.

Capcom, Nintendo y otros grandes estudios han demostrado que todavía existe espacio para recuperar géneros y franquicias del pasado. Orbitals demuestra algo diferente: que también existe espacio para crear nuevas propiedades que parezcan haber salido directamente de otra época y, al mismo tiempo, sentirse completamente actuales.

Por eso, después de terminarlo, queda una sensación muy particular. No solamente quieres recomendarlo: quieres encontrar a alguien más para volver a jugarlo. Porque algunas aventuras se disfrutan frente a una pantalla y otras se convierten en recuerdos precisamente por haberlas compartido con alguien.

Orbitals es algo que queremos tener siempre.

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