El uso de plataformas de entrega para transportar drogas es un fenómeno grave pero no reciente. Según un reporte de La Jornada, la asociación civil Ni un Repartidor Menos advirtió que usuarios utilizan estos servicios para enviar sustancias ilícitas ocultas en paquetes aparentemente inofensivos, como cajas de cosméticos o bolsas que simulan contener alimentos.
En entrevista con ese medio, Saúl Gómez, fundador de la agrupación, aseguró que esta práctica “lleva 10 años” ocurriendo. Sin embargo, el problema no solo radica en el delito en sí, sino en quién termina en medio: los repartidores. De acuerdo con Gómez, muchos trabajadores no denuncian por miedo, ya que al llegar a los puntos de entrega suelen ser fotografiados junto con sus pertenencias.
El propio Gómez relató un caso en la alcaldía Cuauhtémoc, donde al recoger un paquete fue fotografiado junto con su bicicleta, mochila y celular. “Cuando ves estas maniobras ya no estás como para meterte en problemas con estas personas”, explicó.
Drogas, rutas y zonas detectadas
El reporte señala que la marihuana es la sustancia más comúnmente transportada, aunque también se han detectado “grapas e incluso jeringas ya preparadas en cajas”. Las zonas donde se ha identificado esta práctica incluyen alcaldías como Cuauhtémoc, Benito Juárez, Coyoacán y Miguel Hidalgo, con envíos hacia áreas como Lomas de Chapultepec y Santa Fe.
El problema no se limita a repartidores en bicicleta. También involucra conductores de motocicletas, taxis y vehículos particulares que operan bajo esquemas de entrega. Ante la sospecha de un paquete ilícito, los repartidores optan por desechar el pedido. Denunciar no resulta efectivo y bloquear una cuenta es insuficiente cuando es sencillo crear otra con una credencial distinta, según explicó Gómez a La Jornada.
Un problema documentado a nivel global
Aunque el caso en México tiene sus particularidades, el fenómeno es consistente con patrones internacionales. Un comunicado de la Interpol del 30 de abril de 2020 ya advertía que organizaciones criminales utilizaban servicios de entrega de comida para transportar drogas durante los confinamientos por COVID-19.
En ese momento, autoridades de países como España, Irlanda y Reino Unido reportaron detenciones de personas disfrazadas como repartidores que transportaban cocaína y marihuana. Incluso se documentaron casos donde los narcóticos eran ocultados en compartimentos falsos dentro de mochilas de entrega o en cajas de pizza. La Interpol también destacó que los repartidores pueden ser tanto cómplices como víctimas involuntarias, actuando como “mulas” sin conocimiento del contenido que transportan.
Logística moderna, crimen más eficiente
El problema no solo responde a la oportunidad, sino a las características mismas de los sistemas logísticos actuales. Una investigación publicada en 2025 en Journal of Economic Criminology señala que las redes logísticas, como servicios postales y de mensajería, son especialmente atractivas para el tráfico de drogas debido a su eficiencia, volumen y baja capacidad de detección .
El estudio explica que el alto volumen de paquetes, la rapidez en los envíos y la fragmentación de los sistemas de control dificultan la identificación de cargamentos ilícitos. Además, el uso de pequeñas cantidades por paquete reduce el riesgo de pérdidas significativas para los traficantes. A esto se suma la digitalización del comercio: plataformas en línea, redes sociales y aplicaciones de mensajería permiten coordinar envíos sin contacto físico, incrementando el anonimato.
Un antecedente que ya se había advertido
Este no es el primer aviso. En 2018, en Xataka México reportamos que autoridades en Nuevo León investigaban a plataformas de reparto tras detectar venta de marihuana a domicilio en Monterrey. En ese entonces, incluso se detuvo a personas que circulaban en motocicletas con logotipos de servicios de entrega.
La respuesta de una de las plataformas señaladas fue clara: los pedidos ilícitos no se realizaban dentro del sistema formal, sino aprovechando vacíos como servicios personalizados tipo “lo que quieras”, lo que abría la puerta a abusos.
El problema no es solo de plataformas o usuarios. Es un síntoma de cómo la infraestructura digital y logística, diseñada para eficiencia, también puede ser explotada con facilidad por redes criminales.
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