El ramen, uno de los platillos más representativos y accesibles de Japón, atraviesa un momento complicado. Si bien su consumo suele asociarse con estudiantes o turistas por su bajo costo, el encarecimiento de importaciones y el aumento en el precio de la energía, ha comenzado a afectar a cientos de establecimientos en todo el país.
Como suele pasar, si algún producto utilizado en la preparación de alimentos aumenta su precio, el platillo se encarece en su totalidad. Un ejemplo en México puede ser en el contexto de las tortillas y los tacos. Sin embargo, en la tierra del sol naciente no están dispuestos a pagar más de lo que se debería. Un límite psicológico conocido como "la barrera de los 1,000 yenes".
Para entender esta situación debemos tomar en cuenta que para los nipones el ramen es, por tradición, considerado como un alimento económico. Su precio promedio se mantiene por debajo de los 700 yenes (76 pesos), lo que complica trasladar los aumentos de costos al cliente final.
Como explican en Livedoor News, cerca de 72 restaurantes especializados en ramen se declararon en bancarrota durante 2024. Aunque la cifra puede parecer reducida frente a los más de 21,000 locales existentes, representa un incremento del 30% y un récord en este sector.
El encarecimiento de ingredientes, mano de obra y energía son la razón por la que se han elevado los costos. Un estudio citado por The Washington Post apuntó incrementos cercanos al 10% en los últimos años, mientras que otros medios estimaron aumentos continuos del 5% en el gasto por cliente.
Incluso factores externos como la depreciación del yen frente al dólar y hasta la guerra de Ucrania han contribuido a este escenario. Es por ello que los restaurantes se encuentran en una encrucijada: si no suben los precios, perderán dinero y si lo hacen, perderán clientes.
Según El Economista, en 2023 más del 60% de los negocios operó con pérdidas para mantener precios competitivos, mientras que poco más del 33% se mantuvo en números rojos. De esta manera, algunos establecimientos han comenzado a elevar gradualmente sus precios hasta alcanzar los temibles 1,000 yenes.
Sin embargo, en ocasiones estos ajustes se han visto acompañados de mensajes en redes sociales hacia sus clientes para explicar la situación. A pesar de este escenario, existen locales que superan ese límite con precios aún más elevados de hasta 1,390 yenes por plato (150 pesos).
Con todo y esto, el ramen mantiene ese perfil de una opción económica dentro de la cultura gastronómica japonesa. Una percepción que ha limitado la capacidad de los negocios para ajustar tarifas sin afectar la demanda, al tiempo en que especialistas apuntan que los cierres continuarán, especialmente entre pequeños y medianos establecimientos.
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