Las calabazas son buenas, bonitas y baratas, pero tienen un gran problema al cocinarse: cómo hacer que no suelten tanta agua

Un ingrediente versátil y económico, pero su enorme cantidad de líquido suele arruinar salteados y guisados

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Ismael Garcia Delgado

Editor Jr
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Ismael Garcia Delgado

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Comunicólogo y Periodista por la UNAM. Redactor, locutor, guionista y creador de contenido. Apasionado por la música ochentera, el cine de acción/sci-fi, series dramáticas y la literatura hispana. Fiel defensor del séptimo arte mexicano.

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Pocas verduras son tan prácticas, nutritivas y accesibles como la calabaza. Sin embargo, su principal cualidad en crudo —una gran concentración de agua— se convierte en su mayor defecto cuando toca el fuego. Al calentarse, sus paredes celulares colapsan y expulsan el líquido. 

Esto, para quienes la utilizan al cocinar, puede terminar en que se aguaden de más los caldos, se diluyan las salsas o transformen un salteado crujiente en una masa blanda y sin textura. Para solucionarlo, existe una técnica básica de deshidratación previa.

El método consiste en aprovechar el principio físico de la ósmosis. Primero se corta la calabacita en la presentación que requiera el platillo, ya sea en cubos, rodajas o tiras delgadas. Después, se colocan los trozos dentro de un colador y se espolvorean generosamente con sal de grano

Tras reposar entre 20 y 30 minutos, el vegetal comenzará a liberar gran parte de su humedad interna a través de los orificios del colador. Para finalizar el proceso, es indispensable enjuagar con agua corriente para retirar el exceso de sal y secar perfectamente cada pieza con toallas de papel absorbente.

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Este paso previo no solo ayuda a conservar una textura firme durante la cocción, sino que también permite que la superficie se dore de forma pareja y concentre mucho mejor los condimentos y sazones de la receta.

El segundo factor clave es el control de la temperatura. Cuando se cocina a fuego medio o bajo, el agua expulsada por las calabacitas no alcanza a evaporarse y termina hirviéndolas en su propio jugo. Para conseguir un buen dorado exterior, es necesario cocinar a fuego alto y distribuir las piezas en una sola capa sobre el sartén.

Por último, sobrecargar el sartén reduce drásticamente la temperatura y genera vapor en exceso. Lo más recomendable es cocinar en porciones pequeñas de manera que cada corte tenga espacio suficiente para que su humedad se evapore de inmediato al contacto con la superficie caliente.

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