Un edificio de 26 pisos parece el tipo de proyecto que debería mantener una obra ocupada durante meses. En China ocurrió algo muy diferente: una torre residencial quedó montada en apenas cinco días, unas 120 horas; pero el dato más interesante no está en el cronómetro, sino en dónde se construyó realmente el edificio.
Cuando los trabajadores llegaron al terreno, buena parte de la torre ya estaba hecha, según Modular Building Institute. Sus componentes habían sido fabricados previamente en una fábrica, transportados hasta el lugar y colocados con grúas, como si se tratara de un enorme sistema de piezas. La verdadera innovación, entonces, no está únicamente en haber levantado 26 pisos en cinco días, sino que está en cambiar el lugar donde se construye un edificio.
La torre no empezó a construirse cuando llegó al terreno
La Jindu Residential Tower fue ensamblada por la empresa china BROAD Sustainable Building entre el 7 y el 11 de enero de 2024. Para hacerlo, la compañía utilizó 264 módulos que habían sido fabricados previamente y después trasladados hasta el terreno para colocarlos con grúas.
Una vez terminado el montaje, el edificio estaba prácticamente listo para ocuparse, aunque todavía faltaban algunos elementos, entre ellos determinados electrodomésticos. Y aquí es donde la historia empieza a ponerse interesante.
En una construcción tradicional, los materiales llegan por separado y los trabajadores van convirtiéndolos poco a poco en paredes, pisos, instalaciones y habitaciones. En este caso, buena parte de ese trabajo ya había ocurrido antes de que los módulos llegaran a la obra.
El proceso se parece más a esto: fábrica, módulos terminados, transporte, ensamblaje y edificio. La obra deja de ser el sitio donde se fabrica casi todo y se convierte, en buena medida, en el lugar donde se arma.
Es como construir un edificio dentro de una fábrica
La técnica tiene un nombre que seguramente ya hemos escuchado, aunque normalmente la relacionamos con casas prefabricadas: construcción modular.
La idea es bastante sencilla. En lugar de hacer todo directamente sobre el terreno, una parte importante del edificio se fabrica fuera de la obra y después se transporta hasta el sitio donde será ensamblada. De esta manera, varias tareas pueden realizarse al mismo tiempo.
Una revisión publicada en Building en 2025 analizó cientos de estudios sobre construcción modular y encontró que una de sus principales ventajas es precisamente la reducción de los tiempos de construcción. En los casos estudiados, el análisis encontró reducciones aproximadas de 50% frente a métodos tradicionales, además de posibles disminuciones en costos y desperdicio de materiales.
La razón no es precisamente un secreto. Mientras en el terreno se preparan los cimientos, en una fábrica pueden estar fabricándose y ensamblándose los módulos que después ocuparán ese mismo espacio.
En otras palabras, ya no hace falta esperar a que termine una etapa para comenzar la siguiente. Parte del edificio puede avanzar al mismo tiempo en dos lugares distintos y eso cambia una de las reglas más antiguas de la construcción: el edificio ya no tiene que fabricarse completamente en el mismo sitio donde terminará viviendo.
El acero también tiene mucho que ver con la velocidad
La torre Jindu utiliza además un sistema estructural desarrollado por BROAD llamado B-CORE. Se trata de una estructura tipo sándwich formada por placas y tubos de acero inoxidable que la compañía fabrica mediante un proceso industrializado.
Hay aquí otro detalle importante: los módulos de las habitaciones no son los que soportan por sí solos toda la carga estructural del edificio. Eso permite que BROAD reduzca la cantidad de tipos de módulos que necesita fabricar y pueda producir grandes cantidades de piezas similares.
Y ahí aparece una de las claves de todo el sistema: estandarizar. En lugar de diseñar y fabricar cada parte como si fuera única, la empresa busca convertir la construcción en un conjunto de piezas que puedan producirse repetidamente. La lógica se parece mucho más a una fábrica de automóviles que a una obra tradicional.
BROAD lleva años intentando hacer lo mismo
La torre de 26 pisos tampoco apareció de la nada. BROAD lleva más de una década experimentando con edificios prefabricados. En 2011 construyó el T30, un hotel de 30 pisos, en unos 15 días, sin contar el trabajo de cimentación. La compañía también señala entre sus proyectos anteriores un edificio de 57 pisos levantado en 19 días.
En el caso del T30, un estudio de la Universidad de Washington documentó el uso de construcción prefabricada y el tiempo de montaje. La propia empresa estimaba además que alrededor del 90% de su estructura se había construido dentro de una fábrica.
La idea detrás de estos proyectos es bastante clara: hacer que cada vez más partes del edificio estén listas antes de llegar al terreno.
La construcción modular no elimina el trabajo. Lo cambia de lugar
Aquí está el detalle que puede perderse cuando vemos un video de la torre creciendo a toda velocidad: decir que el edificio se montó en cinco días no significa que todo el proyecto haya requerido cinco días.
Antes de que un módulo pueda llegar en un camión, alguien tuvo que diseñarlo, fabricar sus componentes, ensamblarlo, revisarlo y transportarlo. Y antes de que la torre pueda levantarse, también hay que preparar el terreno y construir los cimientos.
La velocidad que vemos en las imágenes corresponde, por tanto, a la última parte de un proceso mucho más largo. La diferencia es que buena parte de ese trabajo ocurre lejos de los ojos de quien pasa frente a la obra.
Y eso tiene otra ventaja. Una fábrica ofrece condiciones mucho más controladas que una construcción expuesta al clima, a retrasos en la llegada de materiales o a la coordinación simultánea de decenas de equipos. En pocas palabras, no desaparece el trabajo. Simplemente cambia de escenario.
Construir más rápido no significa construir mejor en todos los casos
La velocidad tampoco es la única ventaja que se investiga. Al fabricar componentes en condiciones controladas, es posible utilizar los materiales de forma más precisa y reducir ciertos desperdicios que suelen aparecer durante una obra.
Una investigación publicada en Buildings encontró reducciones importantes de residuos en algunos escenarios de construcción modular, aunque los resultados dependen del tipo de edificio y del sistema utilizado. En algunos de los estudios analizados, las reducciones superaron el 80%, y eso suena bastante bien, pero hay que ponerle un asterisco. Una construcción modular no es automáticamente sostenible.
Fabricar los módulos también consume materiales y energía, y después hay que llevarlos hasta el sitio de construcción; además, este modelo enfrenta problemas de logística, inversión inicial, regulación y necesidad de estandarizar los procesos. Por eso, construir más rápido no necesariamente significa construir mejor en todos los casos.
El problema aparece cuando un edificio deja de ser estándar
Aquí está uno de los límites más interesantes de la técnica. La construcción modular funciona especialmente bien cuando es posible repetir elementos: habitaciones, baños, pisos, instalaciones o paneles; pero una ciudad está llena de edificios que no son idénticos.
Un terreno puede tener una forma complicada. Un cliente puede pedir una distribución específica. Una normativa local puede obligar a modificar el diseño. Y hasta transportar un módulo demasiado grande puede convertirse en un problema.
La misma estandarización que permite fabricar más rápido puede entrar en conflicto con la necesidad de hacer edificios diferentes. Por eso, uno de los retos de la construcción modular no es solamente conseguir que las fábricas produzcan más rápido; también hay que encontrar la manera de combinar esa velocidad con la variedad que exige una ciudad.
¿Podría hacerse algo parecido en México?
Aquí es donde la historia se vuelve más interesante para nosotros. México también necesita construir vivienda e infraestructura a gran escala, pero trasladar directamente el modelo chino no sería tan sencillo.
Una fábrica de módulos necesita estar conectada con una red logística capaz de transportar piezas grandes; también necesita proveedores, inversión, normas técnicas y suficiente demanda para que fabricar módulos estandarizados resulte rentable. No basta con comprar una grúa y apilar habitaciones.
El verdadero cambio ocurre cuando todo el sistema de construcción está diseñado alrededor de la fabricación industrial. Es decir, cuando la fábrica, el transporte, el diseño, la obra y la logística forman parte del mismo proceso desde el principio, y esa podría ser la parte más importante de todo el edificio chino.
El edificio no tardó cinco días en existir
La próxima vez que aparezca un video de un edificio creciendo piso por piso en cuestión de horas, hay una pregunta que vale más que el cronómetro: ¿cuánto de ese edificio ya estaba construido antes de que llegara la primera grúa?
La torre Jindu demuestra que acelerar la construcción no necesariamente significa poner a más trabajadores a correr dentro de una obra; también puede significar fabricar más cosas antes, estandarizar procesos y convertir el terreno en el último paso.
China no encontró una forma de hacer magia con 26 pisos, sino que encontró una manera de hacer que construir un edificio se parezca cada vez más a fabricar un producto: preparar todo lo posible antes y dejar que la obra sea el lugar donde las piezas terminan de convertirse en edificio.
Esa podría ser la verdadera lección de esos cinco días: el futuro de la construcción podría consistir menos en construir más rápido en la obra y más en conseguir que cada vez haya menos cosas que construir ahí.
Imágenes | Modular Building Institute
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