Los monumentos suelen construirse para que una generación recuerde un momento de la historia. El Ángel de la Independencia evoca el primer centenario del inicio de la lucha independentista y el Hemiciclo a Juárez mantiene viva la memoria de uno de los personajes más importantes del país.
La Estela de Luz aspiraba a ocupar un lugar parecido. Fue concebida para conmemorar los 200 años del inicio de la Independencia de México y el centenario de la Revolución Mexicana. La idea era que se convirtiera en un nuevo símbolo de Ciudad de México.
Pero antes incluso de que pudiera inaugurarse, el monumento ya era conocido por una historia completamente distinta. Los retrasos, el aumento del presupuesto y las investigaciones sobre su construcción hicieron que la conversación dejara de girar alrededor del Bicentenario para centrarse en otra pregunta: ¿cómo una obra pensada para celebrar la historia terminó convirtiéndose en uno de los proyectos públicos más polémicos del país?
Querían construir el gran símbolo del Bicentenario
Cuando el gobierno federal lanzó el proyecto en 2009, la intención era levantar un monumento contemporáneo que representara el Bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución. El objetivo era claro: crear un nuevo ícono para Ciudad de México, capaz de compartir protagonismo con monumentos históricos como el Ángel de la Independencia.
El diseño ganador fue obra del arquitecto César Pérez Becerril. Consistía en una estructura de 104 metros de altura recubierta con paneles de cuarzo iluminados desde el interior, acompañada por una plaza pública y un espacio cultural subterráneo.
El material tampoco fue elegido al azar. La idea era que el monumento funcionara como una enorme columna de luz durante la noche, una forma de representar la modernidad con un lenguaje muy distinto al de los monumentos clásicos construidos en piedra o bronce.
Su ubicación también respondía a esa lógica. Se levantó sobre Paseo de la Reforma, una de las avenidas más emblemáticas del país, justo donde conviven algunos de los monumentos más importantes de la capital.
Desde el principio fue inevitable compararla con el Ángel de la Independencia. Ambos nacieron para conmemorar momentos decisivos de la historia nacional. La diferencia es que el Ángel terminó convirtiéndose en escenario de celebraciones, manifestaciones y actos cívicos; la Estela comenzó a hacerse famosa por una razón completamente distinta.
El Bicentenario llegó, pero la Estela no
El plan era inaugurarla el 15 de septiembre de 2010, durante las celebraciones del Bicentenario. Pero los problemas técnicos, los cambios al proyecto y una serie de retrasos hicieron imposible terminarla a tiempo.
Al final abrió sus puertas el 7 de enero de 2012, casi quince meses después de lo previsto. Para entonces, las celebraciones ya habían quedado atrás. Puede parecer un detalle menor, pero terminó cambiando por completo la historia del monumento. En lugar de convertirse en uno de los protagonistas del Bicentenario, llegó cuando la fiesta ya había terminado.
Entonces apareció el verdadero problema
Los retrasos fueron apenas el comienzo. Mientras la construcción avanzaba, también lo hacía el costo de la obra. El presupuesto inicial rondaba los 393 millones de pesos, pero terminó superando los 1,300 millones, de acuerdo con las auditorías realizadas posteriormente.
La Auditoría Superior de la Federación detectó diversas irregularidades administrativas relacionadas con la ejecución del proyecto y, con el paso de los años, varios exfuncionarios enfrentaron procedimientos derivados de esas observaciones.
Fue entonces cuando la conversación cambió por completo. La Estela de Luz dejó de asociarse con el Bicentenario y comenzó a convertirse en un ejemplo recurrente cuando se hablaba de sobrecostos, retrasos y transparencia en la obra pública.
Mucha gente terminó llamándola de otra forma
Hay un detalle que muestra muy bien cómo cambió la percepción del monumento. Con el paso de los años, miles de personas comenzaron a llamarla "La Suavicrema", por el parecido que algunos encontraban entre su estructura y la popular galleta.
El apodo terminó siendo mucho más conocido que su nombre oficial. Más allá del humor, refleja algo interesante: el significado de un monumento no depende únicamente de quienes lo construyen. También cambia cuando la sociedad decide apropiarse de él.
Con el tiempo encontró una segunda vida
Lo curioso es que hoy muchas personas visitan la Estela por una razón completamente distinta a la que imaginaron sus creadores. Debajo del monumento funciona el Centro de Cultura Digital, un espacio dedicado a exposiciones, talleres, conferencias y proyectos relacionados con la tecnología, el arte y la cultura digital.
Con el paso de los años se convirtió en un punto de encuentro para artistas, desarrolladores, investigadores y comunidades creativas. Eso demuestra que los monumentos tampoco permanecen congelados en el tiempo. Cambian conforme las ciudades encuentran nuevas formas de habitarlos.
Los monumentos también terminan escribiendo su propia historia
La Estela de Luz nació para representar uno de los aniversarios más importantes de México. Sin embargo, los monumentos no siempre acaban simbolizando aquello para lo que fueron construidos. A veces es la propia historia la que les asigna un significado diferente.
En este caso, una obra concebida para celebrar la Independencia terminó recordando otra cosa: cómo los retrasos, las decisiones administrativas y la discusión pública también pueden dejar una huella permanente en el paisaje de una ciudad.
Quizá esa sea la mayor ironía de la Estela de Luz. Fue diseñada para conmemorar el pasado, pero terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles de otro capítulo de la historia reciente de México: el de una obra cuya construcción eclipsó el motivo por el que había sido levantada.
En Xataka México | El Estadio Olímpico Universitario rompió una regla de la arquitectura deportiva: fue diseñado para mezclarse con el paisaje
En Xataka México | México construyó esta gigantesca sombrilla hace casi 60 años y todavía parece una obra del futuro
Ver 0 comentarios