Los autos deportivos baratos que podías comprar en México están cada vez más cerca de convertirse en un recuerdo. Y no es una impresión de quienes crecieron con un Golf GTI o un Mitsubishi Eclipse en la calle. La oferta cambió de forma radical. Hace apenas unas décadas era posible entrar a una agencia y salir con un coche de dos puertas, motor potente y una puesta a punto pensada para disfrutar el camino, sin necesidad de tener una fortuna. Hoy, esa puerta casi se cerró. Lo que antes era una categoría con varias opciones ahora cabe en muy pocos nombres.
En los años 90, México tenía una variedad difícil de imaginar para quien llega hoy a una agencia. El Golf GTI convivía con el Spirit RT, el Shadow GTS, el Cutlass Eurosport, el Cougar XR7 y el Cavalier Z24. También estaban el Mitsubishi Eclipse y el Mustang. No todos tenían el mismo carácter ni ofrecían la misma experiencia, pero compartían algo clave: el desempeño podía formar parte de una compra relativamente razonable. El deportivo no era todavía un producto de nicho reservado para clientes con mucho dinero.
Honda Civic Type R.
La década de los 2000 todavía dejó espacio para esa idea. El Golf GTI y el Mustang siguieron presentes, mientras llegaron opciones como el Focus RS, Nissan 350Z, Lancer Evolution, Subaru Impreza, Clio Sport, Peugeot 207 RC y Mégane Sport. Había coches con tracción integral, motores turbo, cajas manuales y carrocerías pequeñas con una puesta a punto capaz de cambiar por completo la experiencia al volante. Después, durante la década de los 2010, las marcas comenzaron a recortar esa oferta. El problema no fue que los entusiastas dejaran de quererlos de golpe. El negocio dejó de favorecerlos.
La explicación tiene varias piezas y ninguna resulta demasiado misteriosa. En Francia, L'Automobile atribuye parte de esta caída a los impuestos, las normas anticontaminación y las exigencias de seguridad. También pesa el dominio de los SUV, que alcanzaron prácticamente todos los segmentos. A eso se suma la electrificación y una presión cada vez mayor de los fabricantes por obtener márgenes más altos. Un deportivo pequeño necesita desarrollar motor, suspensión, frenos y estructura para un volumen de ventas que puede ser reducido. Un SUV puede aprovechar una plataforma común y llegar a un público mucho más amplio.
Renault Clio Sport.
El cambio se nota con claridad en México. Mazda todavía tiene al MX-5, quizá el ejemplo más claro de que un deportivo accesible todavía puede tener sentido. Ford conserva el Mustang. Toyota ofrece el Yaris GR y también el Supra, aunque este último ya pertenece a otra conversación por precio, con una etiqueta superior al millón y medio de pesos. Volkswagen mantiene al Golf GTI y al Jetta GLI. Fuera de esos casos, la puerta se hizo cada vez más estrecha. Honda ya no ofrece una variante deportiva en el mercado mexicano y la nueva generación del Civic Type R ni siquiera llegó.
Chevrolet tampoco tiene una alternativa deportiva accesible. Para entrar hoy a una propuesta de alto desempeño dentro de la marca hace falta mirar hacia Corvette y aceptar un precio muy distinto al de aquellos compactos deportivos de décadas pasadas. Audi dejó atrás al TT. Chevrolet terminó con Camaro. Dodge hizo lo propio con Challenger y Charger. Suzuki, por otro lado, dejó de producir el Swift Sport. El resultado no es sólo una lista más corta de modelos. Es la desaparición de una forma de comprar un auto divertido sin convertirlo en el centro financiero de la familia.
Peugeot 207 RC.
Incluso el Mustang, que hoy tiene mucho menos competencia directa, muestra que el problema no se limita a los coches pequeños. En Estados Unidos vendió 44,003 unidades durante 2024, el peor resultado anual de sus 60 años de historia. El dato adquiere otra dimensión al compararlo con el Mustang Mach-E. El SUV eléctrico, cuestionado por parte de los puristas por llevar el nombre Mustang, superó al deportivo de combustión por más de 7,000 unidades. Para una marca, esa diferencia pesa más que cualquier discusión sobre cuál de los dos representa mejor la idea original del pony car.
El ejemplo de Mazda mantiene viva la esperanza: pero no para los autos seminuevos
Hay, sin embargo, una excepción que merece atención. El Mazda MX-5 aumentó sus ventas más de 70% en Estados Unidos. Eso demuestra que el interés por un deportivo ligero, sencillo y enfocado en quien conduce todavía existe. El problema es que la excepción no alcanza para sostener toda una categoría. El mercado también perdió interés por los deportivos usados. Algunas piezas específicas son difíciles de encontrar o tienen precios elevados. La experiencia de comprar y mantener un coche de este tipo ya no resulta tan atractiva para todos como antes.
Ford Focus RS.
Quizá por eso el verdadero cambio no ocurrió con la desaparición del último modelo de una lista. Ocurrió en el momento en que comprar un auto divertido dejó de ser una decisión normal dentro de una gama y pasó a ser una elección de nicho. México todavía tiene Mustang, MX-5, Golf GTI, Jetta GLI y Yaris GR, pero la variedad de los 90 y los 2000 parece cada vez más lejana. La pregunta ya no es cuál deportivo barato comprar. Es cuánto tiempo podremos seguir haciéndola. Y para una generación que creció con GTI, Eclipse, Z24 o Clio Sport, esa reducción dice mucho sobre el automóvil que las marcas creen que queremos comprar mañana.
Imagen | Audi, Honda Renault, Peugeot y Ford
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