En el mundo hay dos tipos de personas: las que tienden su cama apenas levantarse y las que salen de casa sin preocuparse por eso. A primera vista, estas últimas pueden parecer desordenadas o flojas; sin embargo, la psicología dice que este comportamiento puede significar algo totalmente diferente.
Y es que, según los expertos, este tipo de personas no dejan su cama desordenada por simple pereza, sino por practicidad. Se trata de gente que decide que hay otras actividades en su día a día que merecen más atención y no están dispuestas a perder tiempo alisando las sábanas.
Una cuestión de prioridades
De acuerdo con la psicóloga Leticia Martín Enjuto, mientras que para algunas personas esto es algo que deben hacer antes de comenzar su día, para otras "simplemente no es una prioridad y prefieren dedicar esos minutos a otras cosas". Por desgracia, a menudo solemos sacar conclusiones apresuradas sobre estas personas; sin embargo, Martín Enjuto recuerda que cada persona decide dónde poner su atención.
"Por la mañana, especialmente, vamos con el tiempo justo y tenemos que repartir nuestra energía entre muchas pequeñas tareas", dice la psicóloga. Mientas que a algunas personas hacer la cama les transmite la sensación de control y orden, hay quienes prefieren invertir ese tiempo en otras actividades, como preparar el desayuno, revisar pendientes o hasta dormir un poco más.
"No hacer la cama no significa necesariamente que esa persona no sea capaz de organizarse. Puede significar, simplemente, que en ese momento ha decidido que había otras cosas más importantes", afirma.
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Un síntoma de fatiga emocional
No obstante, para algunas personas, dejar la cama sin tender puede ser un signo de algo más. Por ejemplo, El Comercio explica que, por ejemplo, en periodos de estrés o agotamiento, ciertas personas pueden tener dificultades para cumplir con su rutina.
Este tipo de personas suelen dejar de lado actividades que no ofrecen estímulo o gratificación alguna y también desarrollar mayor tolerancia al desorden. Sin embargo, la psicóloga Beatriz Gómez Herráez advierte que, cuando este hábito es constante, puede ser un reflejo de fatiga, estrés o desánimo emocional.
Por ello, advierte lo que importa no es si hacemos la cama o no, sino cómo nos sentimos al respecto. De auerdo con Gómez Herráes, no es lo mismo hacerla con gusto o por obligación, así como no hacerla puede ser algo sin importancia o "un reflejo de una etapa en la que todo se me hace cuesta arriba".
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