Reemplazar 3,000 mototaxis en barrios donde ni Dios se acuerda del transporte público parece una idea genial para la movilidad de Jalisco. La historia cambia por completo cuando te enteras de que el vehículo elegido para salvar el día es Olinia, el carro eléctrico del gobierno federal que no tiene bolsas de aire.
Según reporta Informador.mx, la Secretaría de Transporte de Jalisco busca firmar un convenio con Olinia, a través de federación, entre finales de noviembre y principios de diciembre. Las autoridades locales afirman que la meta es llevar una alternativa cómoda, limpia y segura a las colonias más apartadas del Área Metropolitana de Guadalajara.
Puebla, Estado de México y Oaxaca se sumaron a la lista de estados dispuestos a probar este concepto de transporte comunitario.
El experimento arrancará con pruebas piloto en tres polígonos urbanos que todavía nadie se ha atrevido a definir. Jalisco no es el único valiente en esta aventura; Puebla, Estado de México y Oaxaca se sumaron a la lista de estados dispuestos a probar este concepto de transporte comunitario para la última milla.
Intentar sacar lo mototaxis de las calles tampoco es una novedad en la entidad. El gobierno ya tenía un plan para sustituirlos por vehículos de cuatro llantas, pero se quedaron sin dinero a mitad del camino y sólo tres polígonos en Zapopan lograron hacer el cambio.
Desarrollado por el IPN, UNAM, TecNM y varios centros públicos de investigación, Olinia fue presentado en junio de 2026 como una solución para trayectos cortos y velocidades no mayores a 50 kilómetros por hora. Su venta al público está pactada para el verano de 2027, aunque sus primeras batallas en el asfalto ocurrirán mucho antes.
La Fábrica de Olinia estará en Puebla, México.
Olinia, ¿una receta para el desastre?
Aquí es donde el asunto se pone aterrador. Latin NCAP y El Poder del Consumidor alzaron la voz para advertir que el prototipo actual es una receta para el desastre, pues carece de elementos básicos de seguridad como control electrónico de estabilidad y de airbags, lo que se traduce en un riesgo altísimo de mutilación o muerte ante cualquier choque.
El gran truco del proyecto está en su homologación, donde las autoridades pretenden medir a Olinia con una vara descaradamente más flexible que la de un auto normal. Con semejante permisividad técnica, los especialistas prevén que el coche sacaría cero estrellas en cualquier prueba de impacto seria.
Para rematar el cuadro, el plan requiere cirugías legislativas urgentes. El secretario de Transporte, Diego Monraz, admitió desde agosto que necesitan retocar la Ley de Movilidad, Seguridad y Transporte del Estado para armar el esquema de financiamiento y permitir que estas cajitas eléctricas rueden legalmente.
La idea de ofrecer transporte digno y sin emisiones en las periferias suena fantástica en el papel, pero la realidad técnica es implacable. La Norma Oficial Mexicana que se redacte en los próximos meses decidirá si Olinia se convierte en una verdadera alternativa urbana o en la ruleta rusa más barata del país.
Imagen | Olinia
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