Una IA diseñó una vacuna para variantes de coronavirus que aún no existen: acaba de superar su primera prueba en humanos

La investigación podría dar paso a una respuesta inmunitaria frente a futuras pandemias.

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samantha

Samantha Guerrero

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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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Cuando apareció el COVID-19, científicos de todo el mundo tuvieron que correr contrarreloj para entender un virus desconocido y desarrollar vacunas capaces de contener una pandemia que avanzaba más rápido que cualquier respuesta sanitaria moderna. Seis años después, un grupo de investigadores propone una estrategia completamente distinta: dejar de reaccionar a los virus y empezar a anticiparse a ellos.

Una vacuna desarrollada por investigadores de la Universidad de Cambridge y otras instituciones científicas mostró resultados prometedores en sus primeros ensayos en humanos y busca ofrecer protección frente a múltiples coronavirus, incluidos algunos que aún no han sido identificados.

La idea parece salida de una novela de ciencia ficción, pero responde a una preocupación muy real. Los científicos consideran que la próxima pandemia causada por un coronavirus no es un escenario imposible. Existen cientos de coronavirus circulando entre animales que podrían adquirir la capacidad de transmitirse entre humanos, tal como ocurrió con el SARS-CoV-2.

El problema de las vacunas actuales es que siempre van detrás del virus

Las vacunas convencionales se desarrollan para combatir amenazas conocidas. En el caso del COVID-19, las primeras formulaciones se diseñaron utilizando información genética del SARS-CoV-2 detectado en Wuhan. Sin embargo, conforme aparecieron variantes como Delta u Ómicron, los científicos tuvieron que evaluar continuamente si la protección seguía siendo suficiente.

Ese desafío no es exclusivo del coronavirus. Muchos virus evolucionan constantemente, obligando a actualizar tratamientos y estrategias de vacunación. Por eso desde hace años existe interés en desarrollar vacunas denominadas universales: formulaciones capaces de ofrecer protección amplia contra familias enteras de virus en lugar de apuntar únicamente a una variante específica.

La IA buscó aquello que los coronavirus no pueden cambiar

Para encontrar esas regiones compartidas, los investigadores utilizaron inteligencia artificial. El sistema analizó miles de secuencias genéticas de coronavirus conocidos y buscó algo muy específico: las partes del virus que permanecen prácticamente iguales incluso después de múltiples mutaciones.

La razón es sencilla. Aunque los virus cambian constantemente, existen ciertas estructuras que necesitan conservar para seguir infectando células y replicarse. Si esas regiones pueden identificarse, es posible utilizarlas como objetivo para entrenar al sistema inmunológico.

Vacuna Desarrollo

El resultado fue una combinación de fragmentos procedentes de distintos coronavirus pertenecientes al grupo Sarbecovirus, la familia a la que pertenecen tanto el SARS-CoV-2 como el virus responsable del brote de SARS registrado en 2003.

En lugar de entrenar al sistema inmune para reconocer una sola versión del coronavirus, la vacuna intenta enseñarle a identificar características compartidas por múltiples miembros de esta familia viral. La idea es que, incluso si aparece un nuevo coronavirus con capacidad de transmitirse entre humanos, el organismo ya tenga herramientas para reconocer parte de sus estructuras fundamentales.

No intenta predecir el próximo virus: intenta prepararse para él

Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es que no busca adivinar cómo será la siguiente amenaza sanitaria. Los investigadores no saben cuál será el próximo coronavirus capaz de propagarse entre humanos ni cuándo podría surgir.

Lo que intentan hacer es identificar características comunes que probablemente seguirán presentes en futuras variantes o en coronavirus emparentados que todavía circulan únicamente entre animales.

La estrategia recuerda a la búsqueda de una vacuna universal contra la gripe: encontrar elementos fundamentales del virus que cambian poco con el paso del tiempo para construir una protección más amplia y duradera.

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La vacuna ya fue probada en humanos

La tecnología acaba de superar una fase inicial de ensayos clínicos en personas sanas, una etapa cuyo objetivo principal es comprobar la seguridad del tratamiento. Los resultados mostraron que la vacuna fue bien tolerada por los participantes y logró generar respuestas inmunitarias frente a distintos miembros de la familia Sarbecovirus.

Entre ellos se encuentran el SARS-CoV-2, responsable de la pandemia de COVID-19; el SARS-CoV, causante del brote de SARS registrado en 2003; e incluso coronavirus presentes en murciélagos que hasta ahora no han infectado a seres humanos.

Para los investigadores, este hallazgo es especialmente relevante porque sugiere que la protección podría extenderse más allá de los virus conocidos actualmente y alcanzar amenazas potenciales que todavía no han dado el salto a nuestra especie.

Sin embargo, los datos siguen siendo preliminares. Las siguientes fases deberán demostrar si la respuesta inmunitaria observada es suficiente para ofrecer protección real frente a infecciones y futuros brotes. Por ahora, la principal conclusión es que la tecnología parece ser segura en humanos y que el enfoque funciona como los investigadores esperaban.

Mientras tanto, en México, la vacuna Patria sigue buscando un lugar

Las estrategias de desarrollo de vacunación también ocurrieron en México. Mientras investigadores de distintas partes del mundo exploran vacunas capaces de proteger frente a futuras variantes o incluso frente a coronavirus que todavía no han sido identificados, México continúa sin incorporar de forma masiva la vacuna Patria a una campaña nacional de inmunización.

El proyecto fue presentado en 2021 como una alternativa desarrollada en el país con el objetivo de fortalecer la capacidad científica nacional y reducir la dependencia de vacunas importadas. Sin embargo, pese a los recursos invertidos y a los avances reportados durante su desarrollo, la vacuna no ha tenido hasta ahora una adopción amplia dentro de las estrategias de vacunación contra COVID-19.

Patria nació como una respuesta a una emergencia sanitaria que ya estaba en marcha. La vacuna desarrollada por investigadores de Cambridge, en cambio, intenta resolver una pregunta diferente: cómo prepararse para coronavirus que todavía no han aparecido o que aún permanecen fuera de la población humana.

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El objetivo va mucho más allá del COVID-19

Aunque la investigación nació a partir de las lecciones aprendidas durante la pandemia, su meta no es combatir exclusivamente al SARS-CoV-2. Los científicos esperan que este tipo de herramientas permita responder con mayor rapidez a futuras amenazas sanitarias e incluso reducir la necesidad de desarrollar nuevas vacunas desde cero cada vez que emerge un coronavirus con potencial pandémico.

Si la tecnología demuestra su eficacia en las siguientes fases clínicas, sus aplicaciones podrían extenderse mucho más allá de los coronavirus. Los investigadores creen que el mismo método basado en inteligencia artificial podría utilizarse para diseñar vacunas universales contra otras familias virales con potencial pandémico, incluidas aquellas relacionadas con la influenza o incluso el ébola.

El objetivo final es resolver uno de los mayores desafíos de la vacunación moderna: la necesidad constante de actualizar formulaciones para seguir el ritmo de virus que evolucionan rápidamente. En lugar de reaccionar ante cada nueva variante, la idea es construir defensas capaces de mantenerse vigentes durante años.

Todavía faltan años de investigación antes de saber si esta vacuna podrá ofrecer la protección amplia que prometen sus diseñadores. Pero los primeros resultados apuntan hacia una idea que hasta hace poco parecía reservada para la ciencia ficción: entrenar al sistema inmunológico para enfrentar amenazas que todavía no conocemos.

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