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Tecnología y educación en México; mucho camino por recorrer

Tecnología y educación en México; mucho camino por recorrer
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Foto: Stephen Chin

El gobierno mexicano es uno de los muchos que presumen de invertir grandes recursos en la educación. Y en efecto, si observamos los datos del Banco Mundial notaremos que en promedio un buen porcentaje del PIB nacional es dirigido a la educación. Pero el debate ya no está en el monto invertido sino en la calidad en que se invierte el mismo para que la enseñanza sea cada vez mejor.

Y en este tema México sale a deber según los resultados de la prueba PISA 2012 aplicada por la OCDE, no obstante todos los mexicanos esperamos que la última reforma educativa cambie el panorama aun y cuando la adopción de la tecnología no sea uno de sus pilares.

Y ciertamente la tecnología per se no debe ser un pilar de la educación pues es tan sólo una herramienta (poderosa) que contribuye a mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje. El problema es que las autoridades educativas mexicanas parecen no apostarle ni al uso de la tecnología ni a la enseñanza de la misma.

Educación y tecnología; un contexto

Previo a abordar los esfuerzos recientes del país por incorporar la tecnología a su estructura educativa, vale poner en contexto este matrimonio entre dos actores muy diferentes. Por un lado a la educación, siempre conservadora, burocrática, compleja y renuente a adoptar nuevas metodologías y, por el otro, a la tecnología, quien siempre lleva prisa, es ágil y no tiene miedo a los errores.

Comienzo con la relación de dos vías entre tecnología y educación. La primera es el uso de la tecnología para la enseñanza y en esto juegan un rol importante las tablets, laptops, PC, software, realidad aumentada y hasta los videojuegos. La otra vía es la enseñanza de la tecnología (programación, circuitos, informática, apps) para que los estudiantes sepan conceptualizarla, crearla y aprovecharla.

Al respecto es común que a nivel preparatoria y universidad se enseñe en ciertas carreras generar/usar tecnología, principalmente las carreras vinculadas con los sistemas computacionales e ingenierías de sistemas. De estos ejemplos sobran a nivel mundial y México es uno de ellos. Pero a nivel secundaria y primaria el escenario cambia mucho, pues son contados los casos. Uno de ellos a nivel secundaria está en Cataluña a través del programa mSchools.

A nivel primaria resalta por mucho el caso de Estonia con su programa Tiger Leap (Proge Tiiger), cuyo inicio data de 1996 y está bajo la supervisión del Ministerio de Educación e Investigación. Existe buena cantidad de información en la Internet sobre este exitoso e innovador caso. Otro caso a resaltar es el de Inglaterra, donde la enseñanza de la programación será obligatoria a nivel primaria a partir de finales del presente año, tal como sucede en Estonia.

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Foto: Stephen Chin

Más iniciativas como la anterior están siendo desarrolladas desde múltiples frentes institucionales y si te interesa saber más del tema pero desde el punto de vista pedagógico recomiendo la lectura del artículo de Javier Pastor titulado ”Cinco motivos por los que los niños deben aprender a programar”.

México, tecnología y educación

Si el matrimonio México-educación ha sido complejo, mediocre e infeliz (las pruebas PISA así lo dicen), el tridente México-educación-tecnología es débilmente existente y claramente disfuncional. La historia educativa reciente de nuestro país así lo indica. Más cuando cualquier intento gubernamental por actualizar la educación ya sea en sus programas de estudio, en su infraestructura o en herramientas tecnológicas, debía ser aprobada por liderazgos magisteriales corruptos.

Y a pesar de ellos, los esfuerzos gubernamentales por mejorar la educación existieron y existen. La diferencia es el grado en que fueron realizados y el propósito de los mismos. La reforma impulsada por el ex –Presidente Ernesto Zedillo (1994-2000) se recordará más por la descentralización de la educación que por sus logros en haber ampliado la cobertura educativa. La tecnología en la educación mexicana fue prácticamente inexistente. El mundo recién comenzaba a descubrir sus beneficios, poder y alcances en el ramo.

El sexenio de Vicente Fox (2000-2006), quien bautizó a su programa como de “revolución educativa”, se quedó sólo en el intento aunque debe reconocérsele como el Presidente que al menos buscó incorporar a la tecnología como herramienta para enriquecer el proceso de enseñanza. A esto se le llamó programa Enciclomedia. El problema es que lo hizo de manera unilateral y sin incorporar a los maestros en su diseño. De aquí en parte su estrepitoso fracaso. Por cierto, la palabra “tecnología” se cita más de 100 veces en el documento de su programa educativo.

Luego vino el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) y si bien en su mandato fue el comienzo del principio para evaluar a los maestros a través del Sistema Nacional de Formación Continua y Superación Profesional de Maestros, su legado se centra en el pacto que hizo con la ex –dirigente magisterial Elba Esther Gordillo para ganar la presidencia. La tecnología, ya sea su enseñanza en la educación básica o su aplicación, prácticamente pasó de noche y le puso el último clavo al ataúd de Enciclomedia.

Estamos ahora en un gobierno federal que se ubica ya en su primer tercio y que en ese periodo pudo concretar una reforma educativa que fue gestada en el sexenio anterior. Y la relación de la misma con la tecnología se ubica básicamente, por ahora, en el programa Mi Compu.Mx. En este programa no sólo se entregan laptops, cuyo costo ronda los tres mil pesos, a estudiantes de quinto y sexto de primaria sino también contenidos que buscan mejorar y enriquecer el aprendizaje. Según información oficial, el contenido es de dos tipos; recursos multimedia y programas informáticos.

Por cierto, el contenido de estas laptops puede descargarse gratuitamente aquí. Por ahora las laptops fueron entregadas únicamente a estudiantes de Colima, Sonora y Tabasco pero la intención es que tenga cobertura nacional una vez que se tengan los primeros resultados de esta prueba piloto.

Los caminos a seguir

Como se pudo leer de manera muy somera, la relación en México de la tecnología con la educación ha tenido resultados muy limitados, basándose la misma en el uso de hardware y software para facilitar la educación. Pero no ha llegado a los programas de estudio a manera de materia oficial. Clases de programación básica o diseño básico web no existen en las aulas públicas, tal como ocurre en Estonia y ocurrirá en Inglaterra. Tampoco se ha sabido de eventos públicos organizados por el gobierno donde profesores y desarrolladores discutan, debatan y generen software y hardware para el aprendizaje. En otras palabras, una política pública nacional o estatal de vinculación de ambos temas para el nivel escolar básico parece no existe y se basa, si acaso, en la iniciativa que pueda tener cada profesor o escuela.

Hay ciertamente iniciativas de este tipo pero que son impulsadas por instituciones educativas privadas en colaboración con empresas del ramo, siendo un caso el Sistema Uno del grupo español Santillana. Algunos colegios o escuelas privadas sí incluyen clases básicas de programación, siendo uno de ellos el Colegio Ciudad de México, plantel Polanco, según conversación con una funcionaria del mismo.

México requiere no sólo de una reforma educativa que le dote de un servicio profesional docente, de autonomía al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, de escuelas de tiempo completo o de un padrón actualizado de profesores. Requiere mucho más que eso y ello pasa también por el uso e incorporación de la enseñanza de la tecnología en el programa escolar, aún y cuando implementarlo es complejo pedagógicamente hablando, pero no imposible.

Hay organizaciones y colectivos nacionales o internacionales que pueden ayudar en la consecución de este último propósito. Uno de los más famosos es CODE.ORG, impulsado por Amazon, Microsoft, Google, JPMorgan, entre otros, y que promueve el aprendizaje de la informática entre niños y jóvenes. Todas estas empresas tienen oficinas en el país. Bien harían el gobierno federal y los estatales en firmar un convenio con ellos para adaptar y aplicar dicho programa en México.

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